lunes, 15 de noviembre de 2010

Misiones Franciscanas, el tesoro de la Sierra Gorda

Édgar Rogelio Reyes

A través de la ventana, lo único que se observa es un interminable mar de montañas que se suceden una tras otra como si se tratase del ondulante movimiento de un mar hecho de arena y rocas, el cual ha cambiado el azul intenso, por los ocres tonos de una tierra semidesertica.

Una tras otra, las cúspides se aparecen en una infinita consecución de elevaciones cuyo fin nunca parece estar cerca. No importa hacia donde mires o por cuanto tiempo lo hagas, todo lo que puedes ver son montañas. Es la Sierra Gorda

Me recargo sobre la ventana y me abandono a la agradable sensación que provoca en mi cuerpo los intensos rayos de un sol que cae a plomo; el mismo que del oto lado del cristal inunda todo aquel accidentado paisaje, y provoca que aquellos viejos colosos de tierra que miran indiferentes a sus visitantes, se conviertan en un bello espectáculo que cautiva por su estética y sencillez.


Circunstancia extraña si se toma en cuenta que aquí no existe prácticamente nada, salvo esos pequeños arbustos espinosos tan propios del desierto, que parecen aferrarse a crecer a pesar de las circunstancias tan adversas, no hay otro tipo de vegetación, ni animales, ni ríos, mucho menos poblaciones; y si por alguna extraña razón tus ojos logran captar la imagen de un animal o una persona, estas se presentan de improviso como figuras fantasmales que de inmediato desaparecen.

Sin embargo, aún este desolado paisaje que parece tener como única compañera a la soledad, es capaz de brindar postales inolvidables, que te robar el pensamiento por muchos minutos y hacen olvidar incluso, las molestias provocadas por el sinuoso camino que promete llevarnos hasta el corazón mismo de la Sierra Gorda.

Durante muchas horas es el mismo escenario, curva tras curva, minuto tras minuto, los colores ocres de esta zona semidesértica no parecen tener final. Observando todo este panorama, me parece casi imposible que alguien haya podido llegar hasta aquí hace más de trescientos años y menos aún un puñado de monjes católicos a los cuales sólo movían sus pies y una fe inquebrantable.

Inicié este sinuoso viaje con la esperanza de llegar hasta las Misiones Franciscanas de las que tanto había escuchado. Lo que hoy es conocido como la Ruta de las Misiones, es un conjunto de cinco templos franciscanos distribuidos en tres municipios de la región de la Sierra Gorda todos edificados bajo la supervisión de Fray Junípero Serra y que hoy son consideradas por la UNESCO como Patrimonio Mundial de la Humanidad desde 2003.

Construidos entre 1751 y 1768, todas estas iglesias, tanto Santiago de Jalpan, San Miguel Concá, el templo de Nuestra Señora de la luz de Tancoyol, Santa María de las Aguas de Landa y San Francisco del Valle de Tilaco son inmejorables ejemplos del estilo Barroco novohispano.

Sin embargo, el camino parece interminable y mi paciencia muy corta. De pronto, todo cambia súbitamente y como por arte de magia en unos cuantos minutos, la luz desaparece, la temperatura baja, el suelo desértico se convierte en una tierra húmeda y arcillosa de un rojo intenso que da vida a un denso bosque de pinos y oyameles.

Los sentidos no son capaces de adaptarse aún al abrupto cambio y la razón aún no entiende cómo puede ser aquello posible, cuando una densa niebla comienza a bajar rodeándolo todo e impidiendo a la vista distinguir figuras más allá de seis metros de distancia. Esta es la primera señal de que nos aproximamos a nuestro destino final Jalpan de Serra.
 
Luego de más de 7 horas de camino desde la Ciudad de México llegamos a Jalpan, una pequeña población enclavada en el centro de la Sierra Gorda, cuyo nombre es poco conocido a pesar de ser este el lugar preciso en donde comenzó una de las más importantes historias de evangelización del México colonial.

Un pequeño y acogedor pueblo

Bajo del camión más con desesperación que con entusiasmo sin saber bien a bien que esperar; este ha sido un viaje largamente pospuesto y todas las referencias coincidían en que la Sierra Gorda es un lugar que vale la pena, sin embargo, a lo largo de los años aprendes a ser cauteloso con tus expectativas.

Jalpan es uno de esos pueblos de película, es decir, una muy pequeña comunidad prácticamente escondida por un cerco de montañas que se levantan a su alrededor, de calles empedradas y dimensiones no mayores a no más de los que pudieran ocupar cinco cuadras en cualquier ciudad.


De mañanas nubladas y brumosas a consecuencia de la niebla que baja de sus montañas, este pequeño pueblo aún conserva algo de ese sabor del México rural de antes, compra el pan, un hotel su pequeño museo y por supuesto sus iglesia, en torno a la cual pareciera girar toda la vida de esta comunidad.

Recorrerlo es una tarea que no lleva más de treinta minutos y por tanto, las cosas que existen para hacer se limitan a tomar pequeños paseos por la mañana, tomar un café y esperar a que caiga la noche para salir a recorrer su pequeño jardín en compañía de los lugareños.

Ya llegada la tarde, decido cruzar la calle que separa al hotel de la iglesia, para observar con tranquilidad y detenimiento eso que me trajo hasta aquí, las Misiones Franciscanas. Jalpan  aloja uno de los santuarios que forma parte la Ruta de las Misiones, la iglesia de Santiago de Jalpan, la primera edificación que Juan Junípero Serra construyó en esta región y con la cual comenzó su labor de evangelización a mediados del siglo XVIII.

El inicio de la historia

Tomo algunos de los folletos que se encuentra en la recepción del hotel y junto a un guía me aboco a tratar de desentrañar muchos de los secretos que guardan estos templos, cuyas fachadas son sin duda una obra de arte nos sólo por su estética sino por su historia.

La misión de Jalpan es la primera construcción de un extenso sistema de misiones que se expande desde el estado de Querétaro hasta el sur de California en los Estados Unidos.

Construcciones que destacan por sus coloridas fachadas, donde resaltan los tonos pastel, principalmente en colores como el rojo, el naranja y el amarillo, así como por lo estilizado y abundante de su decoración, en la cual es posible observar claramente elementos decorativos indígenas que ponen de manifiesto la importancia de estos templo como materialización de sincretismo religiosos que se dio en el territorio de la antigua Nueva España.

Es cierto, quizá estas pequeñas iglesias no compitan en monumental con otro muchos templos del país, sin embargo, basta echar un vistazo al intrincado trabajo

La época del Abandono

A diferencia de los que ocurrió en el resto del país, en donde el proceso de evangelización comenzó desde el primer día de la caída del antiguo imperio, la misiones que se fundaron en la Sierra Gorga fueron construidas hasta bien entrado el siglo XVIII dada la imposibilidad de llegar hasta la región y que el proceso para someter a los indígenas de la zona se extendió por muchos años.

No obstante su belleza y el lugar de tan difícil acceso donde se encuentran, estas misiones no fueron exentas de saqueos destrucción y abandono durante muchos años; primero, los constantes ataques por parte de grupos revolucionarios sometieron a estas iglesias a constantes ataques y destrucción de muchas de sus obras tanto de sus fachadas como de su interior.

Posteriormente, un largo proceso de abandono por parte tanto de las autoridades eclesiásticas condenó a estos templos casi a su desaparición, hasta el año de 1965 cuando el instituto Nacional de Antropología e Historia se hace cargo de su remodelación y cuidado.


Hoy en día cada una de las misiones ha recobrado su esplendor de antaño y se han convertido en el más grande atractivo turístico de la región y una vez aquí no hace falta más de dos días para visitarlas todas, de modo que mis pasos las recorren una tras otra con detenimiento hasta hacer que los nombres de Jalpan, Concá y Tancoyol dejen de ser sólo nombres olvidados de una sierra y se conviertan en uno de los más gratos recuerdos de un viaje por un rincón de México

    
      
   








1 comentarios:

Anónimo dijo...

Increíble relato... Una pregunta, ¿cuál es la mejor forma de llegar a Sierra Gorda?
Gracias y felicitaciones por el blog!!!

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