domingo, 12 de diciembre de 2010

El AL Airlines una muy mala experiencia de viaje

Édgar Rogelio Reyes
Tuve la oportunidad muy recientemente de hacer un viaje a Israel, uno de los lugares más extraordinarios e interesantes en los que me ha tocado estar durante toda mi carrera como escritor de viajes y también un destino que sin duda recomendaría visitar al menos una vez en la vida. En general, un compendio de muy buenas experiencias, pero como todo viaje, no estuvo exento de una que otra mala experiencia.
 Esa mala experiencia tiene que ver muy concretamente con la aerolínea en la que me tocó viajar, EL AL Airlines, la línea aérea israelí. Cierto es que hubo una serie de desafortunadas circunstancias en las que quizás intervinieron muchos factores culturales pero esos no atenúa el mal sabor de boca. 
Primero que nada, me gustaría dar un poco más de contexto sobre lo que estoy hablando. Mi vuelo partió de la ciudad de Nueva York hacia Tel Aviv aproximadamente a las 23:30 horas; luego de haber tenido que tomar dos vuelos previos para llegar hasta la Gran Manzana, de modo que se pueden imaginar lo cansado que puede estar un viajero después de hacer este trayecto.
Los problemas comenzaron en el mismo momento de llegar al mostrador de la aerolínea, cuando la encargada del registro, de una manera muy poco educada, inició un incesante interrogatorio que me hizo sentir como verdadero terrorista a pesar de que le mostraba todos mis documentos en regla, mis pases de abordar y de que contestaba a todas sus preguntas de la manera más clara que me era posible.
Entiendo perfectamente que existan procedimientos de seguridad que se tienen que llevar a cabo por bien de todos, pero lo que no entiendo es por qué para ello es necesario dejar de lado la educación.
Una vez salvado ese momento, el siguiente problema fue la larga fila y lo tardado del proceso de revisión del equipaje, que aunque se limita a pasar tus pertenencias por una maquina especial,  es un procedimiento verdaderamente lento.
Una vez iniciado el vuelo, la idea de un trayecto tranquilo quedó muy pronto sólo en una esperanza, pues para mi pesar el avión estaba repleto. Aquí es donde me da la impresión de que el aspecto cultural jugó un papel importante; resulta ser que la mayoría de los ocupantes del avión era judíos ortodoxos que se dirigían a Tierra Santa debido a la celebración del Janucá.
Precisión que quizá pasaría por alto, de no ser por los enormes problemas de logística que ello implica, me explico. El primer gran inconveniente surge a la hora de comenzar a repartir los alimentos para la cena; a diferencia de muchas otras aerolíneas del mundo( y me da la impresión de que es por una razón religiosa), en El AL no se sirve toda la comida al mismo tiempo sino que, conforme a una lista que tienen en su poder los sobrecargos, las cenas van siendo repartidas de manera aleatoria primero a unos pasajeros y luego a otros.
Más allá de que eso me pareció una falta de respeto, sobre todo si te hayas hambriento, aquello se convierte en un auténtico desorden en donde muchos pasajeros nos convertimos en simples espectadores que se hallan a la espera de recibir una charola con alimento.
Si a esto le sumas que las tripulaciones de esta línea aérea no se caracterizan por su cordialidad, la cosa se pone peor. Pero eso no es todo, el epílogo vino cuando luego de casi seis horas de vuelo, la mayoría de los presentes comenzaron a levantarse, a abrir los compartimentos superiores para tomar sombreros sacos y demás aditamentos necesarios para llevar a cabo sus oraciones y comenzar rezar.
Situación que me dejó realmente sorprendido y algo molesto, pues lo que quieres en un vuelo de esa naturaleza es tratar de conciliar un poco el sueño para llegar lo mejor posible al destino; eso sin mencionar claro, que entre todo ese movimiento, los empujones el ruido y la poca consideración de estas personas hacia quienes no profesamos la misma religión todo aquello parecía un mal sueño que daba la impresión de no terminar.
Entiendo perfectamente que, como ya dije, esto sea una percepción producto de que pertenezco a una cultura totalmente distinta y que no profeso la religión judía, entiendo también que para muchos, lo que en estas líneas expreso no sea motivo de un artículo y mucho menos de una queja, sin embargo, este escrito pretende solamente dejar constancia de una experiencia de viaje que a muchos servirá y quizá a otros no.
No obstante, si me preguntan si recomendaría a EL AL Airlines para hacer una viaje a Tierra Santa, la respuesta sería un rotundo y categórico No.


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