miércoles, 22 de diciembre de 2010

Nueva Orleans, los primeros años después de Katrina


 
Édgar Rogelio Reyes * Nueva Orleans

Las imágenes de la devastación, de las inundaciones, de los saqueos y la gente sin hogar, han quedado atrás. La vida en el Barrio Francés a casi cinco años de que Katrina lo devastara todo, parece ir quedando en el olvido, al menos en apariencia. 
Apostados sobre las pequeñas escaleras de la catedral de St. Louis, entre el barullo de decenas de personas que vienen y van; intentamos mitigar el letargo provocado por una larga caminata a todo lo largo del Barrio Francés, abandonándonos a esa inconsciente y cada vez menos recurrente práctica entre turistas: sentarse a observar.
En pleno corazón de la Plaza Jackson, a través del ruido de las voces que se disipan, y los pasos que se pierden, el sonido de un trombón y una tuba se abren paso nítidamente, inundando la atmósfera con las notas de una canción sumamente contagiosa y por demás emblemática en este lugar “Los Santos Van”.



Sólo tres músicos callejeros son los causantes del alboroto, dos afroamericanos y un anglo, que con su desparpajo han logrado volcar sobre ellos toda la atención de un nutrido grupo de personas que aunque dispersas, no pierden un solo detalle de la actuación.


Con esa imagen tan particularmente propia de la gente de color, vistiendo de gorra, playera holgada y unos jeans tan extremadamente amplios que pareciera que podrías meter las dos extremidades en una sola de las piernas,  aquellos músicos muy lejos están de parecer artistas del conservatorio, sin embargo, son capaces de crear esa atmosfera tan particular por la que tanto se habla de esta ciudad. 


Algunos los miramos con atención sin poder distraernos ante lo contagioso de su música, mientras que otros los observan sólo de cuando en cuando, como si aquella escena fuera algo muy habitual.


Algunos sentados en la bancas de herrería que se hayan casi justo frente a catedral, otros, como nosotros, sentados al pie del edificio, aprobamos conjuntamente el espectáculo con ese leve movimiento de manos y pies que surge sólo cuando una melodía te ha atrapado.


Son las cinco de la tarde y a pesar de que esa luz de sol que comienza a pardear como anunciando la inminente despedida del día, ya ha aparecido, a nadie parece realmente importarle, ahora mismo la prioridad es escuchar y dejar que la tarde se vaya tranquilamente. Después de todo, estamos en la ciudad de la música, estamos en Nueva Orleans.


Pocas veces se respira en una ciudad, sobre todo de Estados Unidos, un ambiente tan relajado, tan festivo y tan tendiente a la despreocupación como aquí. En Nueva Orleans, la gente, las formas, los tiempos, los colores, las risas, prácticamente todo es distinto que en el resto de la Unión Americana.


Luego de algunas canciones, el grupo que inició el improvisado concierto cede su lugar a un solista; un vaquero con todas las de la ley, ataviado con jeans ajustados, camisa a cuadros, sombrero texano y lentes negros, que  auxiliado de una armónica y una guitarra, interpreta canciones country, luego, encontraremos en otra calle a una violinista de pelo rosa vestida al estilo Dark, con vestido, botas y medias negras, interpretando a Mozart. Extraña combinación para cualquier otro lugar, aunque no para Nueva Orleans.

Una ciudad diversa y extraña que cautiva
Esa tan extraña mezcla de estilos, formas, costumbres y culturas, es lo que le da su enorme encanto a Nueva Orleans, un encanto que se basa en la sorpresa que da lo totalmente inesperado, que se basa en la conjunción de decenas de elementos diversos que se ven expresados no sólo en su arquitectura o música, sino también en su gastronomía, e incluso en su gente.


Pero para conocer realmente el espíritu de esta urbe, es necesario caminar al menos un día en al Barrio Francés, en este lugar el tiempo pasa diferente y la acelerada dinámica de muchas otras ciudades norteamericanas ha sido totalmente desterrada para darle paso a una vida más tranquila y relajada, al menos así parece.


Los músicos se encuentran casi en cada esquina y caminar acompañado de un blues o un buen jazz no resulta nada extraño. Sus relativamente angostas calles son un mosaico interminable en donde se mezclan estilos arquitectónicos.


Aquí, el color es una constante y los balcones enrejados que en muchas ocasiones albergan a algún despreocupado ocupante, casi un símbolo. Así, entre comercios, bares, restaurantes y cafés, la vida de este barrio transcurre despreocupada navegando entre notas de musicales.


Es quizá por eso que con frecuencia muchos estadounidenses dicen que visitar Nueva Orleans es como hacer un viaje al extranjero para visitar otro país totalmente distinto a Estados Unidos, y en cierta medida tienen razón


Nueva Orleans pareciera ser un territorio ajeno de Estados Unidos, que se ha desarrollado en parte alejado de su cultura y que dista mucho del clásico “American Way of Life”, tan clásico en otros destinos en esta nación.


Una extraña mezcla de culturas entre la francesa, la española y lo africano, en donde al música y la gastronomía tienen un lugar muy especial y diferente al de otras sociedades americanas; ente leyendas de vudú, tradiciones católicas y legados franceses que se funden con la actual cultura americana, esta ciudad sureña es un intrincado pero singular híbrido, gestado luego de muchos siglos de profundos cambios.


Inicialmente colonizada por franceses en 1718, el territorio de Luisiana fue posteriormente cedido a la corona española y luego de unas décadas comprado por Estados Unidos, esto aunado a la gran cantidad de esclavos africanos que llegaron como trabajadores del campo y sirvientes, explica el carácter multicultural de toda la región y no sólo de su ciudad capital.
  
Hoy en día, Nueva Orleans se ha convertido en una de las ciudades más visitadas y reconocidas de todo Estados Unidos, por ser uno de los sitios más ricos y culturalmente complejos de todo el país.

Las noches y el barrio
Si bien es cierto que la urbe tiene muchos atractivos que se pueden disfrutar de día, las noches de Nueva Orleans tienen un sabor diferente. Olvidando por completo la serenidad de sus tardes, por las noches el Barrio Francés se convierte en un lugar tumultuoso, lleno de música, centenares de personas caminando en las calles y toda clase de diversión nocturna que se busque.


Basta pasear unas horas por la afamada Bourbon Street, para darse cuenta de que la fama de ciudad que nunca duerme es más que bien ganada; en esta avenida, los turistas y locales se mezclan en busca de aquellos lugares para pasar el rato. Dependiendo de cuáles sean tus gustos, es posible encontrar desde las más clásicas bandas de jazz  y blues, hasta rock o electrónico. 
Aquí no es difícil no dormir en toda la noche y pasar de bar en bar cambiando de un ambiente a otro o sólo invertir tu tiempo en observar la singular dinámica de una zona que se ha convertido en un sitio muy socorrido de visita para aquellos que les gusta la fiesta hasta altas horas de la madrugada.


Bourbon Street aglutina al mismo tiempo lo mejor y lo peor de Nueva Orleans, un sitio por momentos glamoroso e interesante, y por momentos sórdido, decadente y asfixiante, tal y como esta urbe es, diversa, incluyente e impredecible.   

Una  ciudad que se sigue levantando
Pero no todo es fiesta, y una excelente forma de saber más de la verdadera Nueva Orleans es tomarse el tiempo de recorrer algunos de sus barrios, que quizá como pocas ciudades estadounidenses, dejan ver con mucha facilidad sus caras opuestas, con un sinnúmero de contrastes y matices.


Aquí no todo es opulencia y las casas modestas se encuentran más cerca de lo que te imaginas, la vida cotidiana no está muy alejada de los centros turísticos y la vieja Nueva Orleans de los locales también es un sitio atrayente e interesante, en tanto no corresponde mucho con la imagen encasillada que se tiene de toda ciudad americana.


También es cierto que muy poco tiempo ha pasado desde la tragedia y que la labor de recuperación se sabía sería una tarea titánica, hasta el punto de hacer pensar a miles en la posibilidad del abandono total; es por ello que la imagen de aquellos músicos resulta aún más  emblemática.
Lejos han quedado las escenas de las personas sobre los techos de las casas tratando de escapar de la inundación, de los soldados registrando cada vivienda y de los saqueos a los comercios, por fortuna, hoy
Nueva Orleans se ha levantado y vuelve a recibir a miles de visitantes de nueva cuenta.


Es cierto, aún quedan algunos lugares que guardan restos de la tragedia, lugares que pareciera nunca van a desaparecer, recuerdos que no se borrarán y rincones que siempre albergarán una triste historia, sin embargo, Nueva Orleans sigue en pie y sólo desaparecerá el día que no quede otro músico que quiera dar vida a toda una ciudad, tocando sus notas en medio de la Plaza Jackson.  
   

Dónde Hospedarse
Aunque existe una gran variedad de opciones para hospedarse en esta ciudad, para todos los presupuestos, en esta ocasión nuestra recomendación es el hotel Monteleone, una propiedad que se destaca por su ubicación y arquitectura, en el corazón del Barrio Francés.

Dónde Comer
La recomendación culinaria es el restaurante Herbsaint, ubicado en el 701 de St. Charles Avenue. Un local con una excelente comida internacional, de ambiente relajado pero elegante. Muy buena opción para una cena de pareja.

1 comentarios:

baduljp dijo...

Cada que visito Nueva Orleans encuentro cosas nuevas, lugares que no pensé que tuvieran y donde se puede pasar unas vacaciones increíbles, entre los lugares turísticos que mas disfruto están los paseos en rio y la french quarter.

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