lunes, 24 de enero de 2011

Caminata en nieve, una experiencia de suaves sensaciones

Este mundo esta hecho de sensaciones, imágenes y momentos, de modo que las texturas, los paisajes y las emociones, constituyen en si mismas una experiencia, sobre todo cuando se trata de un viaje. Una caminata en nieve es eso, una explosión de suaves sensaciones que en conjunto, generar un sentimiento de bienestar muy diferente a lo que generalmente se está acostumbrado.

Es cierto, caminar en la nieve no es una tarea fácil especialmente si no se está acostumbrado al ejercicio. Sin embargo, si se pasa por alto este detalle y se mantienen los ojos bien abiertos, una caminata por el bosque nevado es una vivencia que sin duda se tiene que experimentar al menos una vez en la vida.

Todo comienza como cualquier tour, con una breve explicación del recorrido y las precauciones mínimas a seguir para no sufrir ningún accidente, luego, el equipo. Aquellas “raquetas” que los personajes de caricaturas utilizan para sus persecuciones por parajes nevados han sido sustituidas por un estilizado calzado especialmente diseñado para este propósito, unos cuantos minutos para ajustarnos  las botas y listo.

En un principio todo parece normal, fácil, casi como caminar en cualquier otra superficie pero mucho más divertido. Sin embargo, todo está aún por comenzar. Los primero paso son agiles, rápidos y firmes, no obstante, conforme comienzas adentrar e en el sendero, allí donde el bosque comienza y los pinos se convierten en mudos observadores, todo cambia.

La respiración se acelera, el ritmo es más lento, comienzas a sudar y paree que las fuerzas no son suficientes para continuar moviendo las piernas a medida que la nieve es más profunda.

Miras a tu alrededor y todo es bosque, quizá el lejano sonido de un auto pasando por la carretera y más nada, sólo las risas y las voces de unos cuanto acompañantes, tu y la naturaleza.  

Experimentar la sensación de tus pies hundiéndose en la profunda suavidad de la nieve sin que exista posibilidad de detenerte hasta que tu pierna ha quedado completamente cubierta de ese polvo blanco y helado,  desata un compendio de sentimiento que van desde la riza hasta la desesperación en ciertos casos.

La textura de esa agua congelada, hace que inevitablemente caigas en la tentación de quitarte el guante para sentir con las manos desnudas el material helado, el cual  por momentos, da la impresión a  lo lejos de ser  montones de harina apilada.

Luego de un par de kilómetros, encuentras una pendiente lo suficientemente pronunciada que te recuerda esas escenas de película en donde los niños corren despreocupados cuesta abajo hasta que un tropezón inesperado los hace caer estrepitosamente al suelo y dices ¿por qué no?.

Vacilas un poco, pues el instinto se niega a hacer algo que te ponga en peligro, sin embargo, un pensamiento mezcla entre razón e insensatez, hace razonar en lo que podría pasar si caes estrepitosamente en aquel terso montón de algodón

Una vez impuesta la insensatez, comienzas a bajar temeroso, hasta el punto en que te das cuenta que la profundidad de la nieve es tal, que sería más fácil morir enterado, que caer con la suficiente fuerza como para hacerte daño.

De pronto caes, y tus manos sienten la frescura helada de la nieve que se cuela entre los guantes, tu cara ha quedado a merced del viento frío que la congela, tus pulmones respiran el aire frío de las montañas y que eres capaz de experimentar sensaciones que jamás habías vivido.

La sensación es tan agradable que, de no ser por el frío, podrías estar ahí por muchos minutos, abandonado sólo al sentimiento; te limitas sólo a ver las pequeñas bolas de nieve que ruedan delante de ti hasta desaparecer, al tiempo que tratas de levantarte con cierta dificultad.

Vuelves a caer, y te ríes sin parar de tu increíble incapacidad para volverte a poner en pie, tienes la cabeza, las manos y las rodillas metidas completamente en la nieve, entre más quieres salir, más te hundes y más ríes, pero que importa, pues en ocasiones como esta, lo que realmente importa de la vida es sentir, sólo sentir.

Cada vez más y más los destinos de nieve principalmente en Estados Unidos y Canadá, ofrecen esta clase de tour de caminatas en nieve de modo que si te encuentras en lugares como Nevada, Ontario, Quebec, Park City, Aspen y muchos otros puedes encontrar guías especializados que te ofrecen esa experiencia sin igual.
  

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