miércoles, 12 de enero de 2011

Costa Rica, un destino naturalmente atrayente

A pesar de su pequeña extensión geográfica, Costa Rica tiene un sinnúmero de atractivos naturales capaces de atraer a todo tipo de personas, desde aquellas que buscan el ocio y la relajación en un entono natural, hasta aquellos que no conciben un viaje sin la aventura y las emociones del rapel el rafting o el ya famoso canopy
Édgar Rogelio Reyes
Con los ojos casi cerrados por el intenso golpeteo de las gotas de lluvia y una niebla que baja rápidamente hasta el punto de hacer perder aún mayor nitidez a la vista, intento hacer que mi despreocupada cabalgadura galope hasta mi destino, para evitar terminar convertido en una sopa, sin embargo es tarde, estamos aún muy lejos y a aquella bestia no parece importarle en los más mínimo la tormenta que ha comenzado.
El cielo se turbó de un momento a otro y una tarde que parecía serena se tornó en un diluvio que tiene por únicos damnificados al pequeño grupo de jinetes del cual formo parte. Intentar escapar a este destino ahora ya no tiene ningún sentido y decido abandonar mis infructuosos intentos para que el animal responda a los acicates de los estribos.
Empapado hasta los zapatos, espero al resto del grupo que se ha quedado más atrás y que como yo, han perdido toda esperanza de llegar secos a nuestro destino, de modo que me abandono a la contemplación del paisaje sin preocuparme de mi húmeda suerte.
El inmenso terreno montañoso por el cual transitamos, forma parte de la reserva forestal del Parque Nacional El Arenal, un llano de ondulantes depresiones y caprichosas formas, en donde percibir un color distinto al verde es tarea difícil pues las decenas de kilómetros de campo abierto que se extienden ante ti, son sólo eso, montañas interminables de tupida vegetación cuya belleza y majestuosidad te hacen sentir pequeño. 
Era casi imposible que pudiera caer una sola gota más de lluvia sobre nosotros y por alguna extraña razón,  aquella circunstancia se convirtió en la más grata de las experiencias; el aroma a la tierra mojada, la temperatura que bajaba y se combinaba con una tenue neblina que le daba un aspecto brumoso a la atmósfera, el sonido de los cascos de los caballos al golpear contra el suelo  y un interminable valle que te daba una enorme sensación de libertad.
Dicen los que saben, que esto es algo de lo mejor que te da Costa Rica, un sin número de paisajes naturales, de atmósferas diversas, de postales que te llevas en el recuerdo y de sitios que te regalan lo auténtico de lo natural.
Aún sin poder apresurar el paso, intento hacer un recuento rápido del ajetreado viaje que nos ha traído hasta aquí desde el mismo San José y de aquellas cosas que han cautivado mi atención durante la travesía.
Los pequeños trapiches y los
Al salir de la capital, a tan sólo unos cuantos kilómetros de haber iniciado el recorrido, ya en el cantón (distrito) de Peréz Zeledón, decidimos parar a desayunar en uno de esos lugares típicos de carretera en los que los viajeros hacen escalas y descansan unas horas, comen y recobran energía para continuar. Esos lugares se llaman aquí trapiches, restaurantes rústicos en donde se puede encontrar la más variada comida típica, comenzando por el famoso “gallo pinto”.
Algunos de estos lugares aún conservan esa atmósfera de comunidad rural que se niega a modernizarse y a encajar con las formas y la dinámica de una ciudad; lugares pequeños y agradables  en donde se trata de manera cálida a los visitantes  y si se corre con suerte, en alguno de éstos se puede observar cómo trabaja el molino que da nombre a estos lugares, llamado precisamente “trapiche”.
El trapiche no es más que un molino rústico que en muchos casos funciona con la fuerza de animales,( mulas o bueyes) y el  cual se utiliza para extrae el jugo de caña con el que posteriormente se fabrican varios productos como azúcar.
Luego de unas cuantas horas, emprendemos de nuevo el camino con destino a San Gerardo de Dota, un pequeño pueblo ubicado a 85 kilómetros de la capital San José, en las faldas del Cerro de la Muerte. Un lugar que se caracteriza por la belleza de sus ríos y campos con una gran riqueza de flora y fauna, pero sobre todo, por ser uno de los pocos lugares en el mundo donde es posible el avistamiento de quetzales.
Como en muchos sitios de Costa Rica, además de la belleza natural, en esta zona es posible realizar actividades como el senderismo, los  circuitos de tirolesas o bien la observación de aves.
Un par de días aquí y de regreso a San José para luego dirigirnos a La Fortuna, un pequeño pueblo ubicado en la provincia de Arajuela, que desde hace ya varios años sirve como punto de entrada al famosos Volcán Arenal, sin duda el mayor de sus atractivos y el motivo por el cual personas de todas partes del mundo llegan hasta aquí.
Actualmente el volcán Arenal se encuentra activo, por lo que resulta un espectáculo digno de observar, sobre todo en las noches y los días claros, que es cuando más fácilmente se pueden apreciar el material incandescente que recorre sus laderas.
Aunque si se cuenta con buena estrella, dice la gente que ha tenido la oportunidad de verlo, que una de las cosas más lindas en este lugar, es poder levantarse en una mañana despejada y tener la fortuna de desayunar en compañía de volcán, un majestuoso aunque un poco callado comensal que usualmente no acostumbra pasar más que algunos minutos contigo, después de todo,  este tímido habitante de la zona se encuentra a sólo 10 kilómetros del propio pueblo.
 De modo que tener el privilegio de tal compañía resulta además de una suerte, todo un honor que se tiene que disfrutar, antes de que las nubes que usualmente lo ocultan, aparezcan en el cielo para robarte de nueva cuenta su impactante presencia.  Por alguna extraña razón nosotros tuvimos ese extraordinario privilegio y en verdad que es tipo de momentos son de los que se quedan siempre grabados en la memoria
 Un desayuna rápido y continuar con el itinerario, en esta ocasión nos dirigimos no muy lejos de ahí, hasta la cascada de La Fortuna, una caída de agua de 70 metros que bien vale la pena el trayecto que se hace para admirarla, pero más vale la pena bajar hasta donde se encuentra la última caída para disfrutar del la vista y de la brisa fresca que pega en el rostro, con un leve rocío que refresca y reanima para emprender la subida de regreso.
Regresamos luego de un rato de disfrutar del paisaje y nos dirigimos ya por la tarde  hacia uno de los sitios más bellos con los que cuenta esta zona, Tabacón Hot Springs, un centro de aguas termales que se originaron por la misma actividad del volcán y que resulta una de los mejores lugares si lo que se busca es relajarse en medio de un entorno natural.
Pasar una tarde descansando, metido en las calientes aguas de este balneario natural,  es uno de los placeres que es recomendable no perderse si se ha llegado hasta aquí. Recargar la cabeza contra la pared cerrar los ojos y déjate llevar por el sonido del agua que cae y que moja tu espalda hasta relajarla por completo,  resulta ser una actividad sumamente gratificante luego de un día atareado.
Entre recuerdos y recuerdos, voy regresando poco a poco el tiempo atrás unos cuantos días, tratando de regresar muchas de las cosas buenas que ha tenido este viaje en estos últimos días, todas esas anécdotas, esos paisajes, esos momentos que perduran , incluso los de esta húmeda cabalgata que amenaza con convertirse en pulmonía.

Cómo llegar
Para llegar a La Fortuna es necesario hacer un trayecto en carretera de aproximadamente  dos horas desde San José.
Dónde Hospedarse   
Existe un gran número de hoteles en La Fortuna para todos los gustos y todos los bolsillos, sin embargo, la recomendación de Toranvuelta  si decides ir a conocer este lugar es precisamente Tabacon Resort & Spa que es el lugar que cuenta con las mejores aguas termales de la zona.
Dónde Comer
En cuestión de gastronomía no cuenta con mucha variedad y una buena opción es el restaurante La Choza del Laurel.






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