martes, 8 de febrero de 2011

Un recorrido en Bobsleigh, noventa segundos de adrenalina pura.

Ciento veinticinco kilómetros por hora, dieciséis vertiginosas vueltas, la presión de cinco fuerzas G sobre la espalda y la emoción al tope, son algunas de las sensaciones que se experimentan durante un inolvidable recorrido en bobsleigh


Édgar Rogelio Reyes * Park City

De pie sobre el trineo, con el casco colocado y los nervios a punto de hacer flaquear la determinación, sólo esperas escuchar la sirena por el altavoz para saber que todo está a punto de comenzar. En esos momentos, en lo  único que se puede pensar es en la imagen que se encuentra al frente; un canal cubierto de hielo que se extiende por más de un kilómetro y en el cual los trineos son capaces de deslizarse hasta alcanzar los 125 kilómetros por hora.

Por fin, el altavoz se prende y anuncia ceremoniosamente el número del siguiente trineo destinado a tomar la pista, un extraño sentimiento mezcla de nerviosismo y emoción te invade por completo y llega a su límite. La incertidumbre de lo desconocido y las advertencias de lo intenso del descenso provocan que las manos suden sin parar, que la respiración se altere, el ritmo cardíaco sea perceptible sin necesidad de poner la mano sobre el pecho y, por un momento… las fuerzas parecen abandonar el cuerpo.

Mientras, surge una pugna entre la conciencia que nace del instinto de conservación y el afán humano por experimentar situaciones riesgosas que continúa hasta el último segundo; es decir, hasta el momento en que se indica que se deben tomar los puestos dentro del trineo.

Quizá lo único que otorga un cierto margen de seguridad ante lo desconocido del viaje, es el hecho de que quien conducirá es un experimentado atleta que ha tomado parte en gran número de competencias internacionales, incluyendo Juegos Olímpicos y que dice conocer esta pista con los ojos cerrados.

En esta ocasión, a diferencia de los atletas profesionales, por ser personas comunes, no será necesario que nosotros mismos demos impulso al trineo, dos personas más son las encargadas de realizar tal labor, encaminando a la tripulación a un recorrido de 1.3 kilómetros de distancia los cuales esperamos completar en noventa segundos.

Ciento veinticinco kilómetros, dieciséis vertiginosas vueltas, la presión de cinco fuerzas G sobre la espalda y la adrenalina al tope, son algunas de las sensaciones que se pueden experimentar durante el recorrido. Una vez impulsado el trineo, la velocidad se incrementa paulatinamente hasta hacer casi imposible recordar con precisión aquello que ocurre.

La soleada tarde que cae sobre el complejo del Parque Olímpico de Park City, en Utah, no es suficiente para hacer olvidar por un solo momento el nerviosismo que se experimenta al estar a punto de iniciar uno de los más emocionantes y fugases recorridos que existan en cualquier tipo de competencia deportiva, el bobsled. La inclinación de aquel enorme tobogán congelado, muy similar a los que existen en los parques acuáticos, paulatinamente se hace más pronunciada para permitir el veloz deslizamiento de los trineos.

Una vez todos colocados en sus puestos, las indicaciones de los instructores se repiten en la mente una y otra vez, sin perder detalle, casi como una grabación escuchada mil veces: “los hombros pegados al casco, la espalda recta, las manos firmes en las agarraderas”, todo se sucede como en esa escenas de cámara lenta donde las voces de los otros se escuchan sin que se les preste atención.

Desde el punto de inicio, sólo es posible apreciar los primeros 50 metros del trayecto. Tomamos nuestros lugares y nos disponemos a comenzar, un pequeño empujón y comenzamos a movernos, las cuchillas del trineo avanzan lentamente al tiempo que raspan la superficie congelada y emiten un sonido difícil de olvidar.

El movimiento es sumamente lento, casi al punto de hacer pensar que en cualquier momento la marcha se detendrá, aunque eso no sucede; el deslizamiento continúa, como continúan creciendo nuestros nervios al acercarse la primera curva.

Una vez que se llega a la primera vuelta y el deslizador ha cobrado ímpetu, el único capaz de observar lo que queda del recorrido es quien lleva el mando, los demás, agachamos la cabeza e intentamos sobreponernos a la terrible fuerza que empuja hacia abajo y que te impide mantener la cabeza erguida.

Durante esos primeros metros, velocidad con la que el vehículo recorre la pista no permite dimensionar ni por un momento la intensidad de lo que ocurre a sólo unos centímetros de distancia, las fuerzas G te empujan hacia abajo, aumenta la velocidad y lo único que escuchas es el propio sonido del trineo partiendo el hielo cada vez a mayor velocidad.  

Ya con la velocidad máxima, durante esos escasos segundos, lo único que la mente es capaz de registrar son  imágenes entrecortadas de una pista que se observa como en una fotografía barrida, el constante sonido de la fricción que ejerce el trineo sobre el hielo, el cual recuerda el ruido de los rieles de un tren en movimiento y, por momentos, la sensación de estar deslizándose sobre una pared. La adrenalina que corre a 125 kilómetros por hora para, luego de minuto y medio para acabar diluyéndose en un muy largo suspiro, lento y profundo.
 
Un descenso en bobsled es sin duda una de las experiencias más emocionantes que se pueden experimentar al estar en el complejo del Parque Olímpico de Park City, lugar que dio abrigo a los Juegos Olímpicos de invierno en el año 2002, y que ahora es posible visitar como parte de los atractivos turísticos de la ciudad, famosa por sus centros de esquí, ubicada a escasos 35 minutos de la capital del estado Salt Lake City, en Estados Unidos. Y una de las dós únicas pistas en el mundo en donde no profesionales peuden disfrutar de esta aventura.

En este complejo, además de experimentar las emocionantes sensaciones del bobsled, es posible visitar, en un tour guiado, algunas de las más importantes y espectaculares instalaciones que fueron utilizadas en las Olimpiadas invernales, y que hoy en día son centro de entrenamiento para los atletas.

Conocer las pistas del salto nórdico, las que se utiliza para las competencias de bobsled, Luge y Skeleton, además de otras importantes instalaciones del complejo, como el Museo del Esquí y el  Salón de la Fama de los deportes invernales, es posible tomando un recorrido que se ofrece diariamente a todos los visitantes.

El paseo tiene un costo aproximado de 200 dólares americanos por persona y puede lcontattarse de diciembre a Marzo en las instalaciones del Parque Olñímpico previa reservación.




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