domingo, 13 de marzo de 2011

En Isla Negra, todo es Pablo Neruda


María Consuelo Contreras/Santiago de Chile

Afamada por sus roqueríos y su pequeña playa, Isla Negra, el lugar favorito de Pablo Neruda, se encuentra en las afueras de Santiago. Ahí el poeta vivió gran parte de su vida y las puestas del sol y el azul intenso del mar, que llegaba a convertirse en negro, fueron la fuente de inspiración para los mejores versos del Premio Nobel de Literatura 1971.

¿Es posible visitar Chile y no conocer Isla Negra? Dicen los biógrafos del poeta que sería tanto como separar la arena del mar. Estar en la casa que más amó Neruda y donde pasó sus mejores momentos, al lado de múltiples amigos y de la mujer que inspiró muchos de sus poemas es obligatorio. Y si ya estamos en la Tierra de Fuego, hay que completar la aventura y darse una vuelta por La Chascona y la Sebastiana, las otras casas de Neruda.

Me tocó estar en Santiago el 10 de mayo y allá se celebra el Día de las Madres el día 11, así que todo aquello era una romería. Igual que en México, en esa festividad los vagones del metro están invadidos por vendedores de flores que ofrecían, además de los consabidos arreglos, otros presentes como muñecos de peluche o estuches con chocolates; así que el largo recorrido que tuve que hacer para llegar hasta la estación “Universidad de Santiago”, fue un consecutivo de distintas imágenes. Es bonito ver a los caballeros, flor en mano (algunas ya muy marchitas) prepararse para agasajar a las madres en su día.

Una vez ahí, hay que tomar un autobús foráneo que te lleve a Isla Negra, a la casa de Pablo Neruda. A cualquier santiagueño que le preguntes te orienta, ellos están muy orgullosos de su poeta y quieren que todo el mundo conozca sus casas; casas que actualmente son museos y albergan una buena cantidad de recuerdos que el también cónsul, en varios países, recolectó a lo largo de su  vida.

Te das cuenta que ya llegaste porque a lo largo de la carretera principal, la que une todo el litoral, la imagen de Neruda aparece por todas partes: camisetas, posters, murales, mini esculturas, gorras y hasta espectaculares que anuncian el estacionamiento principal. ¡En Isla Negra todo es Pablo Neruda!

Cuentan que a Neruda le gustaban los disfraces, las fiestas, las reuniones que duraran hasta el otro día y… Siempre tenía un motivo para celebrar ¡Y si no lo había! Se lo inventaba. Pero las reuniones más importantes eran las que se celebraban con motivo de su cumpleaños, así que Isla Negra fue testigo de fiestas donde el poeta siempre tenía una sorpresa para sus invitados: una colección de poesía, una revista o libro que ya había terminado y se los auto regalaba o espectaculares y excéntricos disfraces con los que se vestía para atender personalmente a sus convidados.
  
Por eso, cuando llegas a Isla Negra, una gran mano te da la bienvenida: la de Pablo Neruda. Hay que pasar a la recepción para comprar el boleto de entrada y esperar a que el grupo se complete para iniciar el recorrido. Mientras, puedes ver el exterior lleno de detalles que Neruda colocó durante los treinta años que duró la construcción de su casa: arcos, una torre en el acceso, chimenea, una cabina en forma de tren desde donde redactaba sus cartas, y cipreses y encinos que dan armonía a la construcción.

Una de las grandes pasiones de Pablo fue el mar, y esa pasión la plasmó en cada una de las casas que construyó; a las tres les dio forma de barco y respetó las proporciones que estos tienen; escaleras y pasillos angostos, varios niveles, pisos de madera crujientes, techos bajos y los colores azul y verde en las paredes para recordar al mar. Decía que la casa es como un barco, “yo soy el capitán y los mascarones mis amigos”.

Desde la entrada empiezan las sorpresas, hay miles de detalles que no puedes creer, como los tres mascarones de madera negra que cuelgan del techo de la sala --el living, como dicen los chilenos--; La Guillermina, La Medusa y María Celeste, adquiridos en varios países para que le dieran suerte y lo protegieran de los peligros.

 Se puede decir que la casa por sí misma es una obra de arte que se engrandece con las otras que contiene en su interior. Los muebles del comedor por ejemplo, están diseñados con motivos y medidas de un barco y en los pisos, colocados de manera armónica, caracolas incrustadas en la madera.

Neftalí Ricardo Eliecer Reyes Basoalto, conocido mundialmente como Pablo Neruda (adquiere este seudónimo a los 14 años para que su padre no descubriera que escribía poemas) era un hombre que siempre soñó con dirigir un barco, se definía como “marinero de tierra” por el miedo que le tenía a las aguas del mar. Por eso en Isla Negra, en las afueras de su casa, siempre tenía un  barco listo para zarpar, donde él y sus invitados subían a saborear sus bebidas; “vamos a navegar”, les decía. Y cuando se bajaban, les recalcaba que “no era necesario estar en el mar para bajarse mareado”.  

Neruda fue un apasionado coleccionista de todo aquello que tuviera relación con el mar y, como en su matrimonio con Matilde Urrutia no hubo hijos, las habitaciones de la casa de Isla Negra fueron destinadas para sus colecciones: botellas de caprichosos diseños, barcos en botellas, una impresionante selección de conchas, guitarras pequeñas, pipas, escarabajos, mascarones y, como buen capitán, un catalejo que le permitiera detectar todo lo que el mar arrastraba, como la tabla con la que formó su escritorio favorito. Y en un lugar que la distingue, una caja de música con el vals “Sobre las Olas”, de Juventino Rosas.

Hay tantas cosas que ver, que de pronto parece que los ojos son insuficientes y el cerebro no explica el porqué de ciertas excentricidades, como aquella de destinar una sala para un gran caballo de juguete que en alguna ocasión le regalaron. Cuando el animal llegó no tenía nada, de manera que el poeta, que siempre se consideró  un niño grande, organizó una gran fiesta y le pidió a sus amigos regalos para el caballo: le trajeron juguetes, una capa y tres colas; le pegó las tres colas, lo rodeo de juguetes y le llamó “El caballo feliz”.

El sitio más atrayente es la habitación de Neruda: un amplio espacio con una hermosa cama labrada en bronce, cuyo diseño resalta con el tejido de su colcha y sus almohadones. Una habitación perfectamente orientada para que el poeta recibiera el sol por sus pies y en el ocaso saliera por su cabeza. No hacía falta que se levantara para ver el mar o el cielo estrellado, la habitación carecía de cortinas, así que sólo había que mirar hacia los grandes ventanales para admirar la inmensidad del mar y del cielo, dos elementos que Neruda evocó con frecuencia en su poesía.

La sala de las caracolas, donde hay un aproximado de 600 conchas con una variedad impresionante, tiene un diente de marfil de Narval, un cetáceo sumamente extraño que llega a medir hasta seis metros y su colmillo hasta tres. Una colección de conchas tal vez más variada y completa de la que se observa en Isla Negra, fue donada por Neruda a la Universidad de Chile en 1954.

Pero no sólo extravagancias albergó Isla Negra, también hay grandes colecciones de libros, obra pictórica, mapas y, si bien fue una casa de fiestas, disfraces y champagne, también fue testigo de los últimos días de Neruda; días solitarios y difíciles dónde el poeta tuvo que soportar su dolorosa enfermedad (cáncer de próstata) sin medicamentos, pues no había médico o enfermera que pudiera atenderlo y llevarle un analgésico, eran tiempos de mucha turbulencia política para Chile, Allende acababa de caer y Pinochet iniciaba su dictadura.

CURIOSIDADES
*Isla Negra está situada en el Quisco, provincia de San Antonio, región de Valparaíso. Ahí, muy cercana a la playa, se localiza la tumba de Pablo Neruda y Matilde Urrutia, la tercera de sus esposas. Muy cerca de la tumba se encuentra una gran ancla como para recordar el gran amor que Neruda tuvo por el mar, y muy cerca también, una serie de campanas que los invitados tenían que tocar para indicar que el barco anclado en la tierra zarpaba hacía el Pacífico.
*Actualmente, la casona es un museo en honor al Premio Nobel chileno, donde se puede admirar un mundo lleno de fantasía y magia, que junto con los elementos de la naturaleza como el agua, las estrellas, las conchas o los peces, inspiraron la prolífica obra del poeta.

*Horario: De martes a domingo, de 10:00 a 14:00 horas y de 15:00 a 18:00, excepto los días 21 y 25 de diciembre.

PARA NO OLVIDAR
*Poco antes de morir, Neruda escribiría a uno de sus mejores amigos: “Tengo fiebre, esto no tiene importancia, sino que mañana es mi cumpleaños, lo que tampoco tiene importancia”, palabras que denotan la gran depresión que el poeta sufría, ya que le habían detectado cáncer de próstata y sentía que su salud poco a poco se minaba, único motivo por el cual él podía suspender el festejo de su cumpleaños.

*Sus amigos sabían que cada 12 de julio se realizaba una gran fiesta donde fuera: Isla Negra, en Santiago, en México, en París o donde estuviera Neruda. En esas ocasiones se disfrazaba, se pintaba bigotes y bailaba los escasos bailes que sabía. 

*El pequeño Neftalí Ricardo, poeta desde los diez años, nació un 12 de julio en Parral, Chile, y murió en Santiago el 23 de septiembre de 1973, dos años después de recibir el Nobel. Su corazón no resistió la noticia de la muerte de Salvador Allende, el fin de la revolución chilena y la traición de Pinochet. Ese año no habría celebración de sus setenta años y los libros que cada década se auto regalaba, se publicarían como póstumos.

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