jueves, 14 de abril de 2011

El Gran Hotel de la Ciudad de México, un alojamiento con mucha historia


Este edificio que a inicios del siglo XX fue el centro comercial más grande de toda América, es ahora un hotel con gran historia que busca recobrar su época de gloria como uno de los sitios preferidos de los turistas en la Ciudad de México.   

Para quienes hasta hace poco no acostumbrábamos pasear mucho por las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México, la gran puerta de herrería que se encuentra justamente en el número 82 de la calle 16 de Septiembre pasaría desapercibida.

No obstante, cuando caminas por la banqueta opuesta y diriges tu mirada hacia aquel mismo lugar, la perspectiva cambia y ese portón se convierte en la entrada de un antiguo y bello edificio de finales del siglo XIX, en cuya marquesina se lee el nombre de Gran Hotel de la Ciudad de México.

Al entrar, un monumental candil compuesto por docenas de pequeñas bombillas, sirve como introducción a las muchas otras sorpresas que esperan en el Lobby. Con tan sólo subir las escaleras, es posible percatarse de que aquella no es una recepción común y corriente, pues aún se puede percibir en la atmósfera, ese aire de elegancia y refinamiento que caracterizaron a muchas zonas de esta ciudad durante el siglo antepasado.

Un amplio espacio rectangular de quizá sesenta metros de largo y 30 de ancho, da la impresión, a primera vista, de haber sido en otros tiempos un gran salón, sin embargo, al observar con detenimiento la estructura completa del edificio, esta primera idea no resulta lógica, sobre todo por las dos estructuras de hierro forjado que se encuentra a cada extremo del rectángulo y que no son más que otras dos de las joyas que guarda este lugar.

Esas estructuras que se levantan hasta tocar el techo de la construcción, son dos elevadores que fueron traídos especialmente a México para formar parte de este edificio en el año de 1898 y que actualmente siguen en funcionamiento con todos sus mecanismos originales, siendo por tanto, uno de los mayores atractivos del hotel.

Dos verdaderas obras de arte si se toma en cuenta su antigüedad y el refinado trabajo de herrería en el que están realizados. Cada una de sus piezas fue traída desde Francia y colocada en el lugar que ocupan actualmente.

Si se sigue el detalle de la herrería, es posible darse cuenta que cada uno de los tres pisos que conforman el edificio, se encuentra rodeado por barandales de mismo material que resaltan por sus suaves y onduladas formas de estilo Art Nouveau.
Pero sin duda alguna la pieza más bella e importante de todo el edificio, es el vitral que corona el techo. Una pieza de Tiffany firmada por Jaques Grubert y traída a nuestro país en el año de 1908 que cautiva la atención de todo aquel que llega aquí por primera vez.

Dicho vitral ostenta la declaración de patrimonio Cultural de la Nación, al ser considerado obra de arte por el Instituto Nacional de Bellas Artes y uno de los cuatro más grandes que existen en todo el mundo, los demás se encuentran en Paris y San Petersburgo.

La historia
  
Aunque hoy en día este edificio funciona como hotel, no siempre lo fue y la historia que hay detrás resulta sumamente interesante. En sus inicios esta construcción que hoy es considerada en el catálogo de edificios patrimoniales de la Ciudad de México, fue concebida para ser la sede del Centro Mercantil de México, un almacén o lo que hoy conocemos como una tienda departamental.

En su momento, el Centro Mercantil de México fue el “centro comercial” más grande de toda América, incluso por encima de las tiendas existentes en Estados Unidos y Canadá.

En aquellos tiempos operaban aquí 53 almacenes (lo que hoy conocemos como marcas) y alrededor de 30 despachos, que con el paso de los años cedieron su lugar a lo que hoy son las habitaciones.

No es sino hasta 1958 cuando el Centro Mercantil deja de operar completamente como espacio comercial, que se piensa en hacerlo hotel, no sin antes pasar por un breve periodo en el que permaneció cerrado y en el que se pensó incluso demolerlo; luego de lo cual fue rescatado por un grupo de inversionistas para darle su función actual. 

Luego de un largo periodo de remodelación es inaugurado en 1968 ya como alojamiento, volviéndose inmediatamente centro de reunión de políticos, intelectuales y artistas de la época.

Nombres como María Felix, Cantinflas y Pedro Vargas eran clientes asiduos de este sitio, sin embargo, luego de este periodo de gloria y a consecuencia de una mala administración, la propiedad cae en un periodo de olvido durante los años noventa que obligan a sus dueños a volver a tomar las riendas del negocio para rescatarlo. 

Durante  los primeros años de esta década y apoyados con una inversión de 40 millones de dólares, los actuales propietarios inician un nuevo período de remodelación que permite corregir errores y convertir al hotel en una propiedad de categoría cinco estrellas.


En la actualidad

Luego de la remodelación del año 2004, se suprimieron 60 de las 120 antiguas habitaciones con el fin de poder ofrecer un servicio de mayor calidad, se abren salones, se remodelan las áreas comunes y se instalan servicios y amenidades adicionales para darle al hotel la fisonomía con la que cuenta hoy en día.

Con habitaciones caracterizadas por su decoración al más puro estilo de los últimos años del siglo XIX, pero adicionadas con las comodidades propias de época moderna, como Internet de alta velocidad y televisión por cable, el Gran Hotel deja atrás su época desafortunada para iniciar un nuevo período.  


A las habitaciones se suma el también remodelado restaurante “Plaza Mayor” que  con una capacidad para 170 comensales, ofrece comida mexicana e internacional y desde el cual se tiene una de las mejores vistas del la Plaza de la Constitución.

Por ello este lugar se ha convertido en sitio predilecto de turistas europeos pero también mexicanos, que buscan la comodidad de estar instalados justo en pleno zócalo de la Ciudad.

Así, el Gran Hotel de la Ciudad de México busca retomar sus tiempos de gloria y volver a ocupar un lugar especial en la ciudad capital del país.


Detalles

El Candil que se encuentran en la entrada principal del hotel fue donado por el presidente, Porfirio Díaz, en el año de la inauguración del Centro Mercantil.

Las letras CM que se aprecian en la herrería del los pasillos del hotel, no se refieren a Ciudad de México sino al antiguo Centro Mercantil.

Aunque los elevadores del Gran Hotel sirven perfectamente, sólo son utilizados por los huéspedes del hotel el día de su llegada, como una medida para mantenerlos en buen estado.

Un dato curioso es que una vez el edificio deja de ser la sede del Centro Mercantil, tanto la herrería como los elevadores fueron vendidos como fierro viejo y posteriormente rescatados.

Otro detalle con respecto a la herrería, es que el barandal que corre desde el primer hasta el tercer piso del hotel, es de una sola pieza.

Para mayor información: www.granhotelciudaddemexico.com

Nota para el lector: El Gran Hotel de la Ciudad de México es una propiedad que puede ser catalogada como de 4 estrellas, cuyo principal atractivo es su historia y su ubicación en corazón del Centro Histórico de la Ciudad de México. No se caracteriza por un gran servicio ni una gastronimía estupenda y sus instalaciones no puede ser comparadas con las de los nuevos hoteles, sin embargo, creo que es un sitio que definitivamente vale la pena conocer.



 







Édgar Rogelio Reyes

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