miércoles, 13 de abril de 2011

Museo del Ambar en San Cristóbal de las Casas

Edgar Rogelio Reyes * Enviado San Cristóbal

Las decenas de dijes que cuelgan al interior de un aparador en uno de los talleres del viejo San Cristóbal, son algo más que un simple elemento ornamental. En ellos se haya contenida una sutil mezcla de  arte, ciencia y misticismo, que inevitablemente actúa como imán para las curiosas miradas, que se detienen atraídas por los peculiares colores amarrillos, rojos y marrones, de esas delicadamente pulidas gotas de resina fosilizada.

Hoy en día, el ambar sigue ejerciendo una fuerte atracción hacia los seres humanos como lo ha hecho desde hace siglos, pues alrededor de esta “piedra”, se conjugan varias características que la tornan atrayente por naturaleza.

La primera de ellas es la estética: de la resina en bruto, tosca, obscura y amorfa, nacen sutiles figuras de suaves contornos y estilizadas formas que rivalizan en detalle con cualquier escultura.

Y es que la habilidad de los artesanos de estas tierras del sureste mexicano ya roza los límites de la perfección; una compleja mezcla de paciencia y talento logra convertir esta milenaria savia en los artículos más insospechados, desde unos aretes hasta un tablero de ajedrez.

Las manos expertas, pulen delicadamente el quebradizo material durante horas; ayudados solamente por una delgada hoja de lija que separa los sedimentos y exceso de material rocoso, hasta darle la forma de delicadas lágrimas, de anillos, pulseras y pendientes; que empotrados en ligeros marcos de plata, terminan por cautivar hasta el gusto más exigente.

Pero quizá sea un elemento que está más relacionado con la ciencia que con la estética, el que captura definitivamente la fascinación de todas aquellas personas, que observan por primera vez el ambar; pues este polímero natural, tiene la peculiar característica de contener encapsulados, como si se tratase de una eterna y transparente prisión del tiempo, pequeños insectos y plantas pertenecientes a una era muy anterior a la nuestra.    

Arañas, moscas, escarabajos e incluso algunas diminutas ranas, que vivieron hace 25 millones de años lucen exactamente igual que el día que quedaron atrapados en medio de aquella pegajosa resina, sin poder escapar a un destino que los perpetuaría por decenas de siglos. Una auténtica máquina del tiempo de carácter natural, que se ha convertido en una inagotable e invaluable fuente de datos para los científicos.

Aunque pueda parecer increíble, muchos de estos antiguos insectos además de su perfecto estado de conservación física, mantienen igualmente intacto su material genético, lo cual ha hecho posible que los expertos, hayan podido extraer dicho material para su análisis, y a su vez, se haya dado pie al múltiples tipos de teorías, a cerca de la posibilidad de utilizar este material genético para recrear algunos tipos de antigua vida.

Pero no sólo seres vivos quedaron atrapados en la resina; burbujas de aire de aquella época, quedaron igualmente contenidas, guardando valiosa información a cerca de la antigua composición de la atmósfera de la tierra, que hoy en día los científicos utilizan para recrear en el laboratorio los posibles escenarios de una atmósfera primitiva.

Es ésta tan poco común conjunción entre arte y ciencia, la que en gran medida provoca una casi automática atracción hacia el extraño material. Sin embargo, existe un tercer elemento que hace aún más atractivo al ambar:su misticismo. Desde tiempos prehispánicos, ésta ahora clasificada como “piedra semipreciosa” ha sido considerada como un amuleto capaz de proteger a su poseedor de maleficios, enfermedades y malas energías.

Es por esta razón que en la antigüedad, la gente de la realeza de muchos antiguos pueblos mexicanos como los aztecas y los mayas, se hacía rodear de numerosos objetos elaborados con ambar, pues se tiene la creencia, sobre todo en el estado de Chiapas, que el destino de una persona estará siempre protegido si lleva un pedazo de este material.

De tal suerte que no resulta extraño el hecho de que actualmente esta resina fosilizada sea tan popular y que se haya convertido con el paso del tiempo, en un símbolo de la entidad chiapaneca, dada su estrecha vinculación con la cultura popular que hasta el día de hoy, se conserva en este estado del sur del país.

Es aquí en San Cristóbal de las Casas (Chiapas), y más específicamente en el Museo del Ambar, ubicado en el antiguo Convento de la Merced de Ciudad Real, donde es posible conocer la historia completa del de este material desde su proceso de extracción hasta la elaboración de joyería.   

Es aquí donde las miradas de los curiosos se pierden, donde sus pensamientos son atraídos por las peculiares formas contenidas en esos aretes, en esos anillos, en las efigies de antiguos gobernantes mayas, y donde la imaginación de más de algún científico y uno que otro escritor, comenzaron a volar detrás de las inagotables ideas que provocan esos pedazos de sabia ancestral.

¿Qué es el Ambar?

Son estas algunas de las características que hacen tan especial al Ambar, pero ¿de dónde surge este tan especial material? El Ambar es una resina fosilizada, proviene de un tipo de árbol ahora extinto, conocido como Hymenea Courbaril, que poblaba las zonas tropicales de América hace aproximadamente 25 a 30 millones de años.

México es uno de los dos lugares más importantes de América en donde se encuentra ambar junto con la República Dominicana; no obstante, existen reportes que señalan haber encontrado algo de este material en otros lugares del continente, aunque no en cantidades significativas.

Sin embargo, estos dos países no son los únicos lugares en el mundo donde se puede encontrar este extraño material. En Europa, la región del Baltico es famosa por su importante producción, aunque el tipo de ambar que se haya en aquella región es muy diferente al que se encuentra en América.

La diferencia más importante radica en  la edad de uno y otro; pues mientras que el de los Balcanes, se calcula tiene entre 40 a 50 millones de años de antigüedad, el que se encuentra en México, tiene sólo 25 millones de años. Por esta razón, el ambar de América es más claro y transparente en comparación con el que se extrae principalmente de Rusia, país que por si solo produce aproximadamente 600 toneladas al año.

 Aunque el ambar Blático es en estado natural casi idéntico en su estructura molecular al que se encuentra en América, el de aquella región es sometido a diferentes procesos químicos para intensificar su coloración, o bien para darle un aspecto de crequelado (quebraduras internas) que los hacen más atractivo. Lo cual se logra hirviéndolo en aceite y metiéndolo a un horno a altas temperaturas y luego enfriándolo de golpe.

A diferencia de su contraparte europeo el ambar con el que se trabaja tanto en México como en República Dominicada no es sometido a ningún proceso y se caracteriza por sus intensos colores amarillos y marrones, mientras que el ambar báltico es más opaco e incluso llega a ser casi blanco. 

Particularmente, en México se puede encontrar una variedad que es conocida como ambar rojo, muy difícil de conseguir en otros lugares del mundo, pues  esta extraña variedad, debe su peculiar color a que la tierra  Simojovel  contiene una gran cantidad de Fierro, elemento que a través de millones de años logró penetrar sólo  algunos milímetros en las capas superiores de la piedra dándole una esta coloración.

Ya sea amarillo, rojo o marrón, el ambar nunca dejará de ejercer esa fascinación tan especial hacia el hombre, tanto por su belleza como por sus misticismo y su valor científico.

DETALLES

El municipio de Simojovel, en el estado de Chiapas, es el único lugar de México  donde se puede encontrar en grandes cantidades. Sin embargo, muy a pesar de su popularidad y gran demanda, la cantidad que se puede extraer es muy reducida (sólo dos toneladas al año) pues su proceso de extracción es extremadamente rudimentario y encontrarlo por lo general toma varios días.

Si a esto se le suma el hecho de que sólo es posible trabajar las minas durante seis meses al año, ya que en la época de lluvias el riesgo de deslaves en los túneles a consecuencia de las filtraciones de agua es muy alto, se puede entender la dificultad que implica elevar el promedio de toneladas de extracción.
Cómo llegar

El Museo del Ambar se encuentra en la famosa  población de San Cristóbal de las Casas, en el estado mexicano de Chiapas (Península de Yucatán). San Cristóbal se encuentra a 83 kilómetros de la capital del estado, Tuxtla Gutiérrez y para llegar ahí es necesario un trayecto de poco más de una hora en carretera.

El vuelo desde la Ciudad de México a Chiapas es de aproximadamente 1 hora treinta minutos.

Nota importante para el lector: si no estás familiarizado con las distancias en México, te recomiendo siempre tomar como primara opción el vuelo, pues aunque las carreteras en el país son en su mayoría bastante aceptables, en el caso de Chiapas la distancia desde Ciudad del México es de casi 700 kilómetros, lo que se traduce en un trayecto en autobús de más de 7 horas.








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