viernes, 1 de abril de 2011

¡Vaya que ha cambiado la manera de volar!

Edgar Rogelio Reyes
Los seres humanos de hoy en día contamos con una extraordinaria capacidad para adaptarnos a  las nuevas tecnologías y de olvidar por completo el pasado. Con esa lentitud que casi podría calificarse de pereza, toco una y otra vez aquella pantalla táctil en busca de una nueva opción de entretenimiento que me ayude a matar las horas.
Navego entre un intrincado menú de opciones que van desde las películas de estreno, series de televisión, documentales y video juegos, hasta encontrar aquello que se adapta más a mis gustos, desechando decenas de opciones más.
Lentamente acomodo el asiento hasta lograr un ángulo de poco menos de noventa grados, estiro las piernas, tomo la almohada que se encuentra a un costado y me dispongo a observar la película; no sin antes elegir el idioma más conveniente para mi estado de ánimo.
Luego de un par de minutos, el cansancio se hace presa de mis sentidos y creo que es hora de abandonarme al sueño. Apago la pantalla y hurgo en la pequeña bolsa que los sobrecargos nos proporcionaron minutos después de emprender el vuelo.
Un antifaz, loción refrescante, unas pequeñas pantuflas, tapones para los oídos y hasta un cepillo de dientes son parte del contenido de la pequeña maleta. En ese momento, una de las azafatas, menú en mano, distrajo mi atención para preguntarme lo que deseaba de cenar.
Fue sólo hasta ese momento en que recordé lo fácil que es olvidar que los viajes en avión no siempre fueron así. Y es que, con todas estas comodidades es difícil recordar aquellos tiempos en que los aviones, aún aquellos en los que se realizaban los vuelos trasatlánticos eran tan pequeños y estrechos que difícil resultaba moverse, aun más de lo que es ahora claro.
Pero no sólo eso, el simple hecho de cambiar de continente era ya una aventura en los primeros años de la aviación comercial, pues los equipos no eran ni de lejos lo que son ahora en cuestión de autonomía, y por tanto, un viaje entre Europa y América podía llegar a ser realmente agotador pues  para llegar de Madrid a Ciudad de México, había que hacer escala en la Islas Azores, Bermudas y La Habana.
Por otro lado,  el tan sólo imaginar el suplicio de tener que aguantar durante más de doce horas el humo de un fumador empedernido que no podía dejar se emanar humo ni siquiera cuando se subía a una aeronave es para no creerse, pues aunque a muchos ya se les haya olvidado o nunca lo hayan vivido, antiguamente en los aviones era permitido fumar.
Si a eso se le suma el hecho de que no existían los maravillosos sistemas de entretenimiento que existen en la actualidad, no es difícil pensar que un vuelo de esas características sería suficiente para convertir a cualquiera en un potencial asesino en serie.
Y que decir de la comodidad que otorga hoy en día la tecnología a la hora de abordar el avión, que con un simple toque en el iphone es posible pasar los filtros de seguridad sin quiera tener que imprimir el boleto pues basta con mostrárselo en la pantalla al encargado y olvidar esa largas esperas de antaño cuando todo era en papel y los tiempos de embarque hacían aún más largas las esperas. 
Desde luego otro gran punto a destacar es la comida, pues aunque mucha gente es siga quejando de este punto, es un hecho incontrovertible que sin el avance de la tecnología y de los métodos de preservación con los que se cuentan en la actualidad un viajes de más de cuatro horas en el que se puede disfrutar de una comida caliente es mucho más que llevadero.
Además, ahora ya no existe el viejo pretexto de que eres vegetariano, o no puedes comer algún tipo de menú porque profesas alguna religión en particular, pies con una simple llamada 24 horas antes del vuelo es problema queda solucionado y la mayoría de las aerolíneas se comprometen a darte un menú acorde a tus necesidades.
Es cierto, el problema de las maletas extraviadas aún persiste y muchos son los viajeros que han tenido en su historia alguna infortunada anécdota en ese sentido, aunque si se toma en cuenta el número de vuelos de vuelos que se realizan cada día en todo el mundo y el número de maletas que se transportan, el porcentaje de pérdida resulta ínfimo, si se compara con les estadísticas de los años setenta cuando había un mucho menor número de vuelo a nivel internacional.
Por todo lo anterior, cuando recargo la cabeza en el respaldo de mi asiento y me dispongo a relajarme, me doy cuenta de que ¡vaya que a cambiado la manera de volar!.
 

  

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