lunes, 9 de mayo de 2011

La Habana, la ciudad de la gran espera

Si eres capaz de ver más allá de las circunstancias, en la Habana encontraras una de las ciudades más bellas e interesantes del mundo. Una ciudad que más que derrotada por el tiempo, ha sido eclipsada y castigada por las circunstancias

Édgar Rogelio Reyes

Pocas cosas han cambiado desde que mis ojos vieron por primera vez la Habana, hace casi doce años. Los mismos viejos edificios; los antiguos autos americanos de la década de los cincuenta que aún circulan por las calles en estoica actitud; las largas filas de personas que esperan para abordar el autobús, u obtener uno de los famosos helados de Copelia; los jóvenes en bicicleta que han adoptado este juguete como su medio más eficaz de trasporte, casi todo sigue ahí.

Bajo ese sol caribeño que por momentos se hace insoportable hasta el punto que querer escapar.  La vida transcurre en esta ciudad de la misma manera que lo ha hecho durante décadas: tranquila, apacible, con su precario movimiento y en un escenario que parece no se transformará nunca.

En los parques y en las plazas aún existen esos grupos de hombres mayores que se enfrascan en interminables discusiones en torno al beisbol o a la política; frente al capitolio todavía están los taxistas que conducen esos singulares coches modelo Lada de fabricación soviética, en cuyos cofres se recargan en esperan de que la tarde caiga y un pasajero aparezca.

Me adentro en la zona de la Habana Vieja armado sólo con una cámara fotográfica en espera de captar algunas de esas imágenes que sólo es posible encontrar aquí. Conforme mis pasos avanzan me doy cuenta de que a diferencia de lo que pensaba al principio, sí han cambiado muchas cosas.

Los ojos que cambian

Son los mismos edificios, los mismos balcones, los mismos pequeños callejones que recorrí cuando tenía veinte años, sin embargo, a través de la lente de la cámara me he percatado que existen muchas cosas que hace años no percibí.

 Muchas personas tienen la idea de que la Habana es una ciudad vieja, derruida, olvidada y derrotada por el tiempo, y sí, en un sentido es así. Tratar de negarlo sería una insensatez; no obstante, cuando uno se adentra en esas calles y se deja absorber por su dinámica, se da cuenta de que esta ciudad y en general Cuba, es un destino que hay que disfrutarlo con los ojos y la mente bien abiertos.

Y es que más allá de la apariencia exterior de estas viejas casas, la mayoría derrotadas por la humedad y la corrosión. Detrás de esos edificios que en algunos casos se caen a pedazos, se encuentra una de las más bellas ciudades de todo el mundo.

Plagada de edificaciones antiguas que van desde el siglo XVII hasta el XX, la zona de la Habana Vieja puede resultar un sueño para aquel que lo sepa observar, no en vano ésta área de la capital cubana es considerada como Patrimonio de la Humanidad desde el año  1982.

Entre su arquitectura colonial, la Barroca, la Neoclásica y sus ejemplos de Art- Nouveau y Art de Deco, esta urbe caribeña se convierte en un laberinto de estilos artísticos que embelesa. 

Con tal conjunción no resulta extraño que este lugar aún conserve ese aire señorial y elegante que durante tantos años lo caracterizó e hizo que fuera considerada una de las ciudades más hermosas de toda América Latina.

Con todos esos trazos por demás armónicos y estéticos de su arquitectura, la zona más antigua de esta ciudad es capaz de hacer olvidar todo su infortunio y decadencia en tan sólo unos minutos.

Pero más allá de sus edificaciones, la lente me dio cuenta de muchos otros pequeños detalles que en mi primera visita había pasado por alto. Si llegas a este lugar dejándote llevar por las circunstancias, no serás capaz de observar las sonrisas de los niños que juegan con una oxidada bicicleta y que al percatarse de la presencia de la cámara te piden, con su encanto de infantes, que le tomes una foto, teniendo como única recompensa la posibilidad de ver sus rostros en la pantalla aunque sea por unos cuantos segundos.
  
Tampoco observarás el rostro de ese hombre mayor que sentado en las escaleras de una casa te sonríe cuando se percata de que lo miras con la intención de hacerle una foto y sin decirlo, te da su anuencia, como se la ha dado a cientos de turistas antes que a ti.

De la misma forma no escucharás las carcajadas de esa regordeta mulata que ataviada con un colorido pañuelo sobre su cabeza, bromea con unas amigas mientras barre la calle y detiene su tarea sólo en el momento en que advierte que un pequeño contingente de turistas la han tomado como objetivo de sus lentes.

Sonríe, posa, bromea, toma su instrumento de trabajo como si se tratase de un micrófono con el que canta. La actitud de la mujer parece ejemplificar la de muchos otros habitantes de la isla. No se pueden abstraer de la realidad  y tampoco la niegan, la sufren.

Sin embargo, han aprendido a llevarla con filosofía, al menos ante el público extranjero, a tal grado que te hace pesar que, los más preocupados por esta apabullante situación, somos los que nos encontramos afuera.

Es aquí cuando entiendes que la Habana no es una ciudad derrotada por el tiempo sino eclipsada y castigada por las circunstancias.


Todos parecen esperar

Desde el punto de vista de un extranjero que se encuentra totalmente ajeno a esta realidad, al menos en apariencia, algunas cosas parecen estar mejor. Ya no se percibe esa atmósfera tensa y de incertidumbre que privaba durante el llamado “Periodo Especial”. Las cosas parecen haberse distendido, aunque eso sólo ellos lo saben.  

Está cayendo la tarde y continúo con mi recorrido, levanto la vista y mi atención la atrapa un hombre recargado en el balcón de un edificio. Parece estar tranquilo, sólo esperando a que pase el tiempo, sin embargo, no deja de parecerme una imagen un tanto melancólica, como muchas que he podido ver.

La del hombre del taxi; la de la mujer de la parada de autobús; las de jóvenes que se sientan en el malecón a contemplar la infinidad del mar con la mirada perdida en el horizonte y las manos entrelazadas sosteniendo sus rodillas, como esperando a que algo suceda, a que algo cambie, aunque sin saber bien a bien qué será.

Quizá muchos se encuentran a la espera de que esta ciudad vuelva a vivir tiempos de gloria, tiempos en los que puedan reclamar todo lo que arbitrariamente les ha sido arrebatado y que vuelva a haber en ella esperanza.  

Decido tomar un taxi de regreso a mi hotel. Durante el trayecto, al tiempo que observo pasar la imagen del malecón frente a mis ojos, me convenzo más de que éste es un lugar que tienes que conocer al menos una vez en la vida.

No sé qué pensamientos habrá en las mentes de todas aquellas personas. No sé que tanto cambiaran las cosas, o que tanto mejorarán. Lo que es un hecho es que nada es para siempre y que el día que las cosas cambien en la isla, nada volverá a ser igual. En mi caso, al menos podré decir que soy testigo de lo que fue.     

Recomendaciones

La cantidad de lugares que existen para visitar en la Habana es realmente amplia, sin embargo, algunos de los que no puede perderte son:

El Morro: Una fortaleza militar construida en 1845 para defender a la ciudad de ataque de piratas. Hoy es símbolo de la ciudad y uno de los atractivos turísticos más visitado por su belleza, además de ser el lugar donde se pueden apreciar los atardeceres más impresionantes.

El Capitolio: Construido en 1929 para ser la sede del poder legislativo. Es una de las construcciones más hermosas y lujosas de toda la isla. Actualmente es la sede del Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente.

El Museo de la Revolución: Es el antiguo Palacio Nacional, un edificio que se comenzó a construir en 1909 y que desde 1918 funcionó como Palacio Nacional. Al triunfo de la revolución operó como centro de las actividades del nuevo gobierno, y en diciembre de 1959 se fundó como museo.

Plaza de la Revolución: Una de las más míticas de toda América Latina, sede de las concentraciones masivas más importantes en toda la isla.

La Catedral: Construida en 1788 es un edificio de estilo barroco, de interior Neo Clásico. Se encuentra en una acogedora plaza que alberga a un par de restaurantes donde es posible disfrutar de una tranquila tarde.

Y por supuesto no podía faltar en el itinerario el famoso bar El Floridita, aquel donde se cuenta que Ernest Hemingway pasaba tardes interminables degustando daiquiris, quizá gestando alguno de sus famosos escritos.

Dónde Comer

Auque la mayoría de los hoteles en Cuba operan bajo el concepto de todo incluido, no se puede llegar a esta ciudad sin comer al menos una vez en algún de sus “paladares”, restaurantes autorizados por el gobierno cubano. La mayoría son antiguas casas que han sido adaptadas como comedores, donde se puede disfrutar de la comida local.

Uno de los más famosos sitios es sin duda La Bodeguita del Medio, ubicada casi a un costado de catedral. Otro es “La Guarida”, ubicada también el centro de la Habana, en Concordia No 318, entre muchos otros.

Cómo Llegar

Actualmente son dos las aerolíneas que tiene vuelos directo a la Ciudad de la Habana: Aeroméxico y Cubana de Aviación. Con vuelos diarios.


   


 










0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More