sábado, 18 de junio de 2011

Guelaguetza, corazón y orgullo hecho danza

Édgar Rogelio Reyes.

La noche ha caído por completo y lo único capaz de romper con la penumbra que ha rodeado ya al Cerro del Fortín, es el mar de fuegos artificiales que se desata una vez la banda ha tocado su último acorde.

La primera explosión se escucha en el cielo, y con ella un grito de euforia largamente contenido por la multitud. Todo ha valido la pena por llegar hasta este momento, las largas horas de espera para obtener un buen lugar, el calor inclemente que amenazaba con insolar y hasta la lluvia que por varios minutos inundó el auditorio, fueron un precio justo a cambio de la oportunidad de observar este espectáculo.

Uno a uno, el estruendo de los fuegos artificiales arrancaba expresiones de asombro, al tiempo que teñían de vivos colores el oscuro cielo oaxaqueño. Aquel cierre no podía ser más espectacular, echar la mirada atrás era constatar que el recinto creado con el único propósito de albergar esta fiesta étnica seguía repleto.

Nadie se había movido de sus lugares a pesar de las vicisitudes, ni el calor ni la lluvia fueron capaces de hacer que alguien perdiera esta oportunidad única, ni siquiera los extranjeros parecían tener la más mínima intención de abandonar el lugar; quizá porque los dulces acordes del son mixteco parecían capaces de hacer olvidar cualquier circunstancia.

Orgullo oaxaqueño convertido en tradición

Para ese entonces habían pasado más de cinco horas desde nuestra llegada y más que un sentimiento de hartazgo o cansancio, la sensación que se percibía era la de una profunda euforia y algarabía capaz de contagiar a todos los presentes.

Y es que para aquellos que nunca habíamos estado en la Guelaguetza, aquella sensación resultaba algo totalmente opuesto a nuestros pronósticos. Sin embargo, desde que comienza la celebración, las melodías, los bailes, el colorido de las vestimentas te van introduciendo en una dinámica en la que invariablemente los sentidos se cautivan.

Sobre el templete, la banda de la delegación en turno toma su lugar mientras los bailarines se agrupan a un costado del escenario y con las primeras notas de la música, comienza  un pausado desfile en el que es posible apreciar con detenimiento muchos detalles.

Todos son gente normal, común y corriente, muchos venidos del campo y ninguno es bailarín profesional, no reciben nada a cambio de esta presentación, salvo la satisfacción de representar a su comunidad en un evento tan especial y esperado.

Sus rostros hablan, dicen muchas cosas, en muchos de ellos se refleja nerviosismo e incluso un dejo de angustia y preocupación por que todo salga perfecto, han practicado durante mucho tiempo y nada puede salir mal; algunos van descalzos otros ataviados los más elegantes trajes regionales.

Pero también sus rostros hablan de sus raíces, de sus orígenes, del lugar al que representan ya sea la Costa, la Sierra o la Mixteca cada una de las siete regiones en la que se encuentra dividido el estado tiene un tipo de representante, su vestimenta igualmente habla de su costumbres y tipo de vida, en un escenario en el que justamente el orgullo por las propias raíces es uno de los motivos principales que los reúne.

Muchos de ellos hacen su presentación en sus dos idiomas el Zapoteco y el Español algunos con acento tímido y algo melancólico, otros, con un aire del altivez y seguridad muy propio del pueblo oaxaqueño muestran al mundo algo de sus tradiciones.

Una vez terminada la presentación, todos toman sus lugares y la banda comienza de nuevo a tocar, los rostros de quienes están sobre el escenario de nueva cuenta se iluminan y entre coquetas sonrisas y pasos acompasados la Guelaguetza transcurre permitiendo que Cuilapan de Guerrero, Tuxtepec, Juchitán y Juquila entre muchos otros, muestren al mundo un poco de sus tradiciones, ofreciendo su corazón transformado en baile.

El Jarabe del Valle, El Son Mixteco pero sobre todo Flor de Piña, mantienen a la audiencia cautivada por horas, no sólo por el colorido y emotividad de los bailes sino por la pasión y entrega con la que son ejecutados cada uno.

Y al final de cada baile, quizá lo más emotivo de esta fiesta. Con la misma alegría y sonrisas con las que se bailó, cada una de las delegaciones regala al público su “Guelaguetza” arrojando los productos típicos de la región de la que provienen, como chiles, chocolates, pan y fruta, provocando la euforia y el regocijo de todos lo asistentes, quines pelean por poder quedarse con sólo un pequeño pedazo de esa magnífica celebración.

Después de todo eso es realmente la Guelaguetza, una celebración para agradecer y compartir, en la que el pueblo Oaxaqueño ha transformado su corazón en baile y su orgullo en tradición.

La historia

 La Guelaguetza tiene sus orígenes en el culto a la diosa Centeotl (deidad del maíz) y se celebra en el estado de Oaxaca desde hace más de 500 años, siendo un testimonio viviente de la cultura y tradiciones de muchos de los pueblos indígenas que todavía pueblan la región de aquel estado del sur del país.

La palabra Guelaguetza  nace de la lengua zapoteca y lleva implícito el concepto participar y compartir como un agradecimiento de los favores recibidos por los dioses.

En la fiesta de los Lunes del Cerro como también se le conoce, participan representantes de todas las siete regiones tradicionales de Oaxaca, los Valles Centrales, la Sierra, la Cañada, la Mixteca, la Costa y el Istmo de Tehuantepec, a través de un espectáculo de música danza y baile.

Esta celebración se lleva acabo todos los años los dos lunes posteriores al 16 de julio, debido a que existe una relación con el culto católico a la Virgen del Carmen, por lo que a pesar de lo que se pueda decir, este es una festividad producto del mestizaje cultural  entre España y los pueblos precolombinos de México.

Actualmente existen varios eventos que presiden a la Guelaguetza como son la Calenda, una procesión nocturna en la que participan todas las delegaciones acompañadas de los coheteros, las bandas que recorren la calles de la ciudad de Oaxaca, invitando a todos a unirse a la fiesta.   


Cómo llegar

Para llegar a la ciudad de Oaxaca, sede de la Guelaguetza, es posible hacerlo de dos maneras. Por tierra desde la ciudad de México es un trayecto de aproximadamente 5 horas en autobús por la autopista México –Oaxaca.

Por avión, el vuelo tiene un duración de aproximadamente 1 hora 20 minutos desde la capital del país, sin embargo, la falta de vuelos hacia esta ciudad hacen este opción bastante más cara.

Dónde dormir

Aunque la oferta de alojamiento en la ciudad de Oaxaca es basta, te recomiendo el hotel Camino Real Oaxaca, uno de los hoteles más bellos de la ciudad pues se encuentra en el edificio que ocupara el antiguo Convento de Santa Catalina, una edificación de siglo XV que es una verdadera joya arquitectónica y toda una experiencia.

Otra buena recomendación  es Casa Oaxaca, un hotel boutique de no más de 8 habitaciones muy acogedor y de arquitectura típica reconocido por su excelente gastronomía.

Si te gustan los hoteles pequeños, también debes de tomar en cuenta El Hostal de la Noria un pequeño alojamiento muy acogedor ubicado en pleno Centro Histórico, aunque si te gustan los hoteles de cadena podrás encontrar también opciones como el Fiesta Inn Oaxaca.

Dónde Comer

Si visitas Oaxaca, algo que tienes que saber es que has llegado a uno de los estado con la mejor gastronomía de toda la república, de modo que una de las cosas por las que te tienes que preocupar es por comer.

Las opciones son muy variada y para todos los estilos, pero si te consideras un buen viajero, creo que no te puedes perder la experiencia de desayunar o comer en los mercados, como el 20 de Noviembre, comer en el mercado de Oaxaca es algo que no puede dejar de hacer.

Te recomiendo que busques el lugar conocido como “El pasillo del humo” un sitio donde puedes comprar directamente la cantidad de tasajo (carne) que quieras consumir, ahí mismo puedes pedir que lo preparen, pide unas tortillas recién hechas y compra nopales, cebollas y algunas otras guarniciones que están a tu disposición en el mismo espacio y prepárate para disfrutar de una fenomenal comida.

Asimismo no te pierdas la oportunidad de comer una tlayuda, una enorme tortilla tostada prepara con asiento de cerdo, tomate, aguacate y queso, ¡una verdadera delicia|.
  
Recomendaciones de sitios que no te puedes perder

Además de la celebración de la Guelaguetza, el estado de Oaxaca ofrece muchos otros atractivos para visitar durante estos días:

San Bartolo Coyotepec: Ubicado a escasos 15 kilómetros de la ciudad de Oaxaca, es el lugar donde se fabrica una de las más famosas artesanías del estado y de todo el país, el barro negro, aquí la recomendación es visitar la alfarería de Doña Rosa.

Santo Tomás Jalietza: Es el lugar donde se puede encontrar algunos de los más famosos textiles del estado, hechos por las manos de mujeres artesanas del estado, desde bolsas de mano hasta ropa para niños. Hacen falta sólo 20 minutos para llegar desde la ciudad de Oaxaca por carretera.

Teotitlán del Valle: Una localidad famosa por la calidad de sus tapetes de lana, los cuales llegan a ser verdaderas obras de arte, trabajados en forma natural t tenidos con colorantes naturales se encuentra a sólo 28 kilómetros de la capital.

Dentro de la ciudad de Oaxaca dos visitas que no se puede perder es la catedral, edificación terminada de construir en 1733, uno de los monumentos más bellos de la ciudad.



 

 




    

   

  








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