miércoles, 1 de junio de 2011

San Francisco contra reloj.

Édgar Rogelio Reyes

Además de lo ecléctico de su arquitectura, la amabilidad de su gente y su colorido, San Francisco es una ciudad en la que se respira nostalgia y casi en cada rincon es posible encontrar recuerdos del pasado, ya sea en un restaurante, en un parque o en el asiento de un tranvía.

7:05 de la mañana, abro los ojos y aún puedo escuchar el persistente sonido de la lluvia golpeando contra la ventana; me acerco, levanto lentamente la cortina con la esperanza de que mis sentidos me hubiesen engañado, pero no, la calle todavía esta oscura y las luces de los autos son capaces de deslumbrar mi ya de por si nublada visión.

Hace frío y todo parece indicar que el día permanecerá de esta forma, regreso a la cama, pongo mis manos sobre la cabeza y recuerdo que tengo menos de 24 horas para conocer esta ciudad, pero nada parece estar a mi favor. De hecho, si restará las horas del desayuno, el tiempo de la comida y las 4 horas que pretendo dormir esta noche, en realidad son menos de 17.

En ocasiones, esto de escribir de viajes resulta más complicado de lo que parece; mi vuelo sale mañana a las 7 de la mañana y me encuentro en la disyuntiva de tratar de encontrar lo mejor de San Francisco en un tiempo record, con una lluvia que no para y un clima que invita a pasar todo el día refugiado en la cama.

Por lo general, pasas 3 o 4 días en un destino, tiempo suficiente para caminar, explorar, perderse y quizá encontrar aquello que hace singular y característico a un lugar, sin embargo, en esta ocasión es distinto.

Sin tiempo para caminar, explorar o perderse con la intención de encontrar esos lugares diferentes, esos que parecen estar escondidos a los ojos de la mayoría de los turistas y que sólo se pueden hallar cuando tienes el suficiente tiempo, decidí optar por un razonamiento lógico, convertirme en un turista común, ser uno más e ir a los mismos sitios que todos van, para así tratar de conocer San Francisco contra reloj.

Esencia descubierta

Con la decisión ya tomada, me aliste para unirme a mi grupo y salir con la firme intención de demostrar que, incluso 10 horas pueden ser buenas si realmente se quieres vivir la experiencia de hacer tuyo un destino.

Con aquella lluvia que arreciaba y un día demasiado nublado, por un momento creí que ni siquiera podría salir del hotel, sin embargo, un poco de suerte bastó para encontrar un transporte; una replica de esos ya tan clásicos tranvías conocidos como Cables Cars, (aunque ésta ya motorizada) nos llevó hasta nuestra primera parada, Fisherman´s Warf o el embarcadero.

Un pequeño trayecto que no duró más de quince minutos, pero en el que pude comenzar a darme cuenta de lo que es San Francisco y lo que la hace tan diferente. Contrario a lo que ocurre en muchas otras ciudades norteamericanas en las que todo parece ser igual, esta urbe con nombre latino, parece ser una mezcla de colores, formas, culturas y tradiciones que la convierten en un sitio sumamente atrayente.

A través del cristal del la ventana de nuestro transporte, el cual sigue totalmente salpicado de gotas de agua, se pueden apreciar los muros de los edificios adornados con pinturas de cantantes negros, en medio de llamativos colores, que le da una personalidad muy singlar a estas calles.


A un costado de nosotros, otro tranvía llama nuestra atención; no es ni por mucho parecido al que nosotros ocupamos, sino que se trata de un modelo de los años cincuentas o sesentas en un muy peculiar color amarillo que hace imposible no mirarlo.

Esta es otra de las grandes características de San Francisco, su añoranza y gusto por el pasado, el cual se  percibe en muchos rincones y de muchas formas, en su arquitectura, en su transporte público, en sus restaurantes e incluso en su gente.

Si bien esta es una ciudad muy moderna en muchos lo sentidos, existen muchas cosas aquí que remiten a tiempos anteriores. Llegamos al muelle, pero en este momento no existe tiempo para explorarlo, es necesario tomar un autobús que nos dará un recorrido por algunos otros de los más famoso barrios de la ciudad del puente.

Los Barrios

Así, llegamos hasta Mission  District, uno de los barrios históricos más famosos de la ciudad, entre otras cosas porque ahí se encuentra la Misión de Dolores, construida en el año 1776 por fray Junípero Serra, lo cual la convierte en el edificio más antiguo de toda la ciudad.

Un lugar  aunque de reducido tamaño, importante en historia y cultura, aquí se puede encontrar uno de los pocos cementerios que existen todavía dentro de la ciudad. Pero el valor y atractivo del Mission Distric no se limita a este edificio.

Sus calles de nombres españoles y de atmósfera marcadamente latina, específicamente mexicana, tiene un encanto muy propio que nace del su colorido; si se pone atención, no es difícil encontrar decenas de paredes o muros de casa adornadas con pinturas que recuerdan a México, o simplemente adornadas cono vivos colores.

Sólo cinco minutos para pasear por tres o cuatro calles y despertar la curiosidad, puesto que no hay tiempo para más. Volvemos al autobús para dirigirnos a Twin Piks, quizá uno de los nombres más famosos de la ciudad, por las espectaculares vistas que se tiene de toda la bahía.

Si se visita San Francisco, bien vale la pena tomarse algunos minutos para ir a observar este lugar, pues es aquí donde se puede tener una idea de la exacta posición del la ciudad y sus dimensiones, que aunque pudieran parecer muy grande, en realidad no lo son tanto sólo 47 mil millas cuadradas.


En un día despejado es posible tener espectaculares fotografías, sin embargo, cuando la neblina que también es uno de los iconos de este lugar, es prácticamente imposible ver nada, de hecho, es usual que los guías refieran que este bahía permaneció mucho tiempo escondida de los ojos de conquistadores y piratas, precisamente por esta circunstancia.

De nuevo, sólo uno minuto para unas fotografías y de regreso al transporte para dirigirnos al sitio más emblemático de todos, el Golden Gate. Luego de tomar un tramo de carretera, la imagen de aquel gigante rojo hecho de acero comienza a aparecer, al igual que unos tímidos rayos de sol que intenta presagiar un cambio de clima.

Paramos justo en el mirador en el que ya otras decenas de autobuses han parado y nos mezclamos con los cientos de personas que se agolpan sobre el pequeño muro del mirador, con la intención de tener una foto del uno de los lugares más emblemáticos y famosos del mundo.

En este momento es cuando piensas, “es cierto, existen lugares que tienes que conocer, pero, que tanto éstos  deben su fama a la exagerada exposición con la que han sido promovidos.

Después de todo, este portento de ingeniería además de sus atributos arquitectónicos es también tristemente célebre, debido a los múltiples suicidios que han ocurrido en el, no obstante, nada parece importar.

El sonido del motor del autobús alerta a todos y corremos en tropel hacia el mismo sitio, recordando para nuestros adentros, la consigna que nos hicieron justo al bajar “son sólo unos minutos”.

Desde luego, para alguien que sepa viajar esta no es travesía de ensueño, pero ante las circunstancias no hay mucho que hacer.  Luego de varias horas de recorrido, el autobús emprende el camino de regreso al punto de partida, no sin antes hacer una pequeña parada en el barrio conocido como Haight-Ashbury; el lugar donde se encuentra una gran cantidad de casas estilo victoriano de gran valor histórico y artístico, las cuales son un espectáculo por si solas.

Si se tiene el tiempo no sería mala idea recorres las inclinadas calles de este lugar para observar su arquitectura, otro de los elemento que han dado a San Francisco su atmósfera característica. De vivos colores que contrastan unos con otros y su imagen de set cinematográfico, Haight-Ashbury  es uno de esos lugares que no pueden faltar.

Cansado pero complacidos, regresamos hasta  Fisherman´s Warf, es tiempo de caminar, de perderse entre la gente y tomar un par de horas para comer. El puerto es quizá el lugar más dinámico y colorido de toda la ciudad; cientos de personas llegan aquí con la misma intención, caminar y tomar un rato relajado sin otra cosa que hacer que observar a las personas que pasan.

Lleno de color y movimiento, con de cientos de restaurantes tan viejos como el propio muelle en donde se puede disfrutar de extraordinario comida del mar, este puerto es dueño de una dinámica muy especial.

Las gaviotas que se atraviesan en tu camino como si se tratase de un transeúnte más, los pequeños barcos anclados en la marina, y la brisa que se tropieza con tu rostro hacen recordar que esta no es una ciudad común.

Dirijo mis pasos sobre el muelle y diviso la famosa isla de alcatraz que se erige como un tranquilo testigo de una época pasada a la que este pequeño pedazo de tierra siempre sobrevivirá. Escuche decir una vez a un hombre que ésta fue la primera prisión de los Estados Unidos que contó con agua caliente, por la simple razón de que se pretendía impedir que los reos se aclimataran a las heladas aguas de la bahía y así evitar una fuga.

Aunque parece muy cerca, una vista a su interior tendrá que esperar debido a la falta de tiempo, des pues de todo, todavía me faltan algunos lugares y la escasa luz parece que no me permitirá llegar.

Junto con mis compañeros, dirijo mis pasos hacia el lugar donde nos dijeron que partían los tranvías que te pueden dejar cerca del barrio chino. Sin embargo, durante ese trayecto,  una escena llamó mi atención.

Un  hombre armado con una cámara profesional, se encontraba fotografiando a una de las cientos de gaviotas que es posible encontrar en el lugar, el animal, parado sobre una pequeña reja, observaba con particular atención al hombre que se encontraba a no más de 40 centímetros de ella, como si supiera lo que esta haciendo y sin hace el menor intento por escapar.

Una vez este personaje obtuvo sus fotos, volteó y con ademán desenfadado, dio las gracias al animal que permaneció en el mismo lugar sin inmutarse mientras yo contemplaba la escena asombrado. En es momento me di cuenta de que cada lugar tiene escondidas tantas buenas experiencias como tu puedas encontrar.

Desafortunadamente el sol estaba a punto de meterse y no había llegado al barrio chino, tampoco ni había tomado el tranvía, por lo que parece que no logré mi objetivo. Pero como dice la gente que viaja, esta es sólo la primera vez.

Detalles      

A pesar de que San Francisco tiene muchos lugares para visitar, esta es una ciudad de sólo 800 mil habitantes.

Una muy buena opción para visitar todas las atracciones que esta ciudad ofrece es comprar el talón conocido como City Pass, el cual tiene un precio mayor a los 100 dólares, pero si se compra por Internet es de sólo 59.

Si se tiene el tipo suficiente, además de visitar la ciudad, existen varias compañías que ofrecen tours para visitar los valles de Sonoma y Napa, famosos por sus vinos.




 
     



  

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