martes, 30 de agosto de 2011

La Plaza Machado, un rincón seductor en Mazatlán

Édgar Rogelio Reyes
La noche ha caído ya por completo y con ella se comienza a gestar un movimiento inusual. En una de las esquinas de la plaza, sobre un pequeño templete capaz de dar cabida a no más de tres personas, una mujer alta de tez blanca, cabello por debajo de los hombros y un inconfundible acento extranjero, conecta una guitarra al amplificador para luego dejar escapar algunas notas a manera de prueba.
Detrás de ella, entre la herrería que cubre una de esas ventanas de las de antes, anchas y alargadas, se distingue con claridad la imagen de los estudiantes de la escuela de música que sostienen sus flautas, violines y chelos, dejando de vez en vez escapar algunos trozos de melodía inconclusa en esos últimos fragmentos del ensayo.
La Machado, como es que los lugareños la conocen, no es una gran plaza, de hecho, podría decirse más bien que sus dimensiones son modestas; una característica que más allá de restarle méritos le confiere un aire acogedor y casi romántico.
Para este momento, la luz del alumbrado público ya cubre por completo todo el lugar y se mezcla con los destellos de los focos que alumbran un puñado de puestos ambulantes; diminutos comercios que ofrecen artesanía, ropa típica, anillos, pendientes y alguno que otro libro interesante de segunda mano.
Esa luz amarillenta que se desprende de las bombillas, impregna el lugar completo con un aire de nostalgia y hace el tiempo retroceder. Los curiosos caminan alrededor de aquel pequeño cuadrado perfectamente delineado, mientras los antiguos edificios del siglo XIX actúan como siempre lo han hecho, como inamovibles cómplices de los paseantes.
 Y es que de no ser por la inagotable actividad que se observa, por las ropas que portan todos alrededor y los sonidos de la música, casi podrías jurar que este lugar luce de la misma forma que lo hacía en los primeros años de sus construcción (1837), cuando todos sus bellos edificios era las residencias de los acaudalados comerciantes, alemanes, franceses y españoles que habitaban el puerto.
Al centro, el antiguo kiosco de centenarios enrejados, sigue siendo ese interminable refugio donde decenas de absortos paseantes dejan correr el tiempo y se dedican a observar a otros, que como ellos, comienzan a poblar la plazuela Machado en una típica noche de sábado en el puerto de Mazatlán.
La temperatura es perfecta, el inclemente calor que se experimenta durante las tardes en estas tierras sinaloenses ha cedido para dar paso a una tranquila y casi fresca noche. Desde hace algunos años, la circulación de automóviles ha sido restringida para convertir al lugar en un área exclusivamente peatonal.
Hoy en día, la Machado es quizá el sitio más emblemático del puerto de Mazatlán y un orgullo de todos, un pequeño rincón que atrae a turistas nacionales y extranjeros y que invita a pasar largas horas disfrutando de su atmósfera, cenando en alguno de sus muchos restaurantes, admirando su arquitectura o simplemente sentándose en una banca a observar su seductora rutina.
Este es también un pequeño microcosmos cultural, un lugar en donde convergen habitantes cuyas familias han vivido aquí por generaciones y nuevos residentes de nacionalidades muy diversas que han hecho del puerto un segundo hogar.
Es un rincón de convergencia generacional y refugio de las más diversas expresiones artísticas, porque si algo distingue a Mazatlán es precisamente eso, la presencia inagotable de expresiones culturales.
Aquí lo mismo se ve a jubilados que a adolescentes, niños y parejas, es un lugar de todos, a bandas de música sinaloense que a una orquesta o un conjunto de música tropical; es esa la herencia que han todos los inmigrantes que han pasado por aquí, porque Mazatlán es una ciudad que nació de la migración.
Hoy en día, este lugar que se conocía antiguamente como el “Paseo de los Naranjos” ha renacido luego de años de abandono y ahora es un punto de reunión familiar, para pasar con los amigos o en pareja.
Poco a poco las mesas de los restaurantes comienzan a ocuparse y en ellas se escucha lo mismo el inglés que el español, un poco de francés y ese acento inconfundible del español de la península.
La mujer de la guitarra ha tomado ya su lugar y se apesta a comenzar a darle más vida a una noche de sábado, de su guitara salen las inconfundibles notas del blues que tanto disfrutan los comensales. Esto es la Machado
Recuadro
Dónde comer
Cuando estés en la Machado, te recomiendo no perderte de visitar el restaurante Pedro y Lola, uno de los lugares más famoso del puerto, en donde puedes disfrutar de una cena al aire libre y una muy buena comida. Una recomendación es el pay de plátano.
Dónde ir
Igualmente un lugar que no puedes perderte es el famoso teatro Ángela Peralta, ubicado a un costado de la Plaza Machado. Una edificación que destaca por su belleza e historia(1881) el cual ha sido rescatado y restaurado para devolverle el esplendor de sus mejores tiempos y ahora es un sitio emblemático del puerto.


0 comentarios:

Publicar un comentario

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More