lunes, 15 de agosto de 2011

Mexiquillo, un lugar de película en Durango

Texto: Édgar Rogelio Reyes/ Fotos Arturo Nuñez
  
Dicen que Durango es un estado de película y es cierto, esta poca mencionada entidad    tiene los más espectaculares escenarios naturales. Los escondidos rincones del México del norte

La tarde que hasta hace algunos minutos gozaba de los últimos tímidos rayos de sol, ahora se prepara para recibir los grises nubarrones que presagian tormenta; la claridad de un día despejado, poco a poco va siendo desplazada por la oscuridad que traen consigo las aguas y aquel lugar que al amparo de la luz del sol lucía desconcertante, ahora se torna desolado y melancólico, pero sobre todo, enigmático.

El opaco tono que el cielo ha adquirido, le da a aquel sitio un aspecto aún más singular, sin simil alguno en este planeta. La atmósfera se torna cada vez más gris y fría con el paso de cada minuto, al tiempo que  las pequeñas gotas que se impactan en el rostro, anuncian lo inminente de nuestra retirada.

El cambio ha sido abrupto y tajante, pero los pocos minutos que nos quedan, son aprovechados para contemplar con detenimiento cada uno de los detalles del petrificado escenario que se extiende ante nuestros ojos.

Las enormes rocas que dan forma a este muy poco conocido rincón del mundo, yacen inertes, inamovibles; como gigantes petrificados cuya perpetua encomienda es la de cuidar las espaldas de sus compañeros, sin jamás moverse ni un centímetro del lugar en el cual fueron colocadas a capricho de la naturaleza.

De lizas y redondeadas formas, como si se tratase de enormes piedras de río de color grisáceo, algunas del tamaño de un pequeño edificio, estos rígidos colosos han permanecido así desde hace miles de años, con el único propósito aparente de despertar la fascinación del espíritu humano.     

El aspecto tan poco común de este paisaje, da pie a un mar de lucubraciones casi tan extrañas como el mismo objeto que les dio lugar, teorías que van desde lo más descabellado y risible, hasta las que pretenden tener un sustento científico medianamente creíble, argumentaciones van y vienen, alimentándose todas de la imaginación y creencias de cada uno de los que nos encontramos presentes.

Nuestro guía dice que el nombre de este lugar es Mexiquillo y que nos encontramos justo en el corazón de la sierra de Durango; por extraño que pueda parecer, la afirmación resulta más que cierta, pues la planicie rocosa en la cual nos encontramos parados se encuentra rodeada por un espeso bosque de coníferas, lo cual aviva aún más nuestra curiosidad por saber de qué manera surgió este espectáculo natural tan poco común.
Sin embargo no hay tiempo para más, la lluvia comienza a arreciar y nos vemos obligados a trasladarnos tan pronto como nos es posible hacia la camioneta, para refugiarnos de la tormenta.

Una vez ahí, el letargo se apodera de todos y los pensamientos huyen hacia otros lugares; los míos no son la excepción y aunque concentrado en la imagen de esas rocas monumentales que se distorsionan entre las gotas de agua que caen sobre el parabrisas, sólo podía recordar la imagen de la cascada que se encuentra a menos de un kilómetro de distancia, aquí mismo en Mexiquillo.

En medio de un paraje boscoso, donde la neblina por momentos envuelve todo, una impresionante caída de agua de más de 20 metros de altura y por lo menos 15 de ancho, se convierte en uno de los lugares más visitados, es que es uno de los atractivos de esta reserva natural.

El vapor de agua que se levanta se cuela entre los senderos pedregosos creando una imagen que deleita los sentidos; los colores verdes de los pinos se mezclan con los ocres y marrones de la tierra, los cuales a su vez contrastan fuertemente con los azules de cielo y el gris de las piedras que inundan los caminos. Así, forman una imagen difícil de olvidar.

Mientras,  el sonido del agua que corre, te atrapa de inmediato sin dejar posibilidad alguna de escapatoria; el olor a pino se mezcla con la humedad del ambiente creando un aroma sutil y seductor, capaz de hacer que el espíritu se relaje hasta el punto de evocar recuerdos que creías por completo perdidos. 

La gente de por aquí dice que no sólo la cascada o el “jardín de piedras” es lo único que se puede visitar, cuentan que existen unos túneles que fueron construidos en otro tiempo para darle paso al ferrocarril y por azares del destino jamás fueron utilizados. Ahora, son parte de uno de los atractivos más socorrido entre los turistas.

Mientras las gotas de lluvia continúan deslizándose lentamente sobre mi rostro, mis pensamientos vuelven por un momento a la realidad y me pregunto ¿cuántos lugares más como éste existirán escondidos en este México del norte?.

Detalles

Mexiquillo se encuentra aproximadamente a 145 kilómetros de la capital del estado por la carretera Mazatlán Durango.

El parque cuenta con 20 cabañas donde los turistas pueden pasar la noche si así lo desean.
















1 comentarios:

Anónimo dijo...

no nomas los mas bellos paisajes tambien lamejor mota y amapola y arriva la ciudad , pronto voi andar en mis terrenos

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