miércoles, 3 de agosto de 2011

Montreal en bicicleta, una nueva forma de disfrutar la ciudad

Édgar Rogelio Reyes
peon_e3@yahoo.com.mx
Fotos cortesía: Ministerio de Turismo de Montreal
Me declaro un convencido de que una ciudad sólo puede conocerse caminándola. A pie, es la única forma de encontrar los secretos de una urbe, sus callejones, sus plazas y parques, sus secretos, virtudes y hasta lo malo que puede en ella existir.
Sin embargo,  he de reconocer que hace muy poco descubrí las bondades que una bicicleta puede aportar a un turista; sobretodo si la ciudad que se pretende conocer está pensada para dar cabida a este antiguo medio de transporte, como es el caso de Montreal.
Comenzaré diciendo que jamás en mi vida había visto una ciudad más eufórica y amante de las bicicletas, (ni siquiera Copenhague). No sé si el uso tan generalizado de este vehículo en Montreal sea consecuencia de un verdadero compromiso con el medio ambiente por parte de sus habitantes, si se trate de una cuestión puramente de salud, o simple y llanamente es una forma de desplazarse sin preocupaciones libres del tráfico de toda gran ciudad.
Lo cierto es que, tener a oportunidad de visitar esta urbe canadiense durante el verano, entre muchas otras cosas, te da la oportunidad de observar un verdadero estilo de vida diferente. Cientos y cientos de bicicletas donde quiera, en las esquinas, en las calles, en los parques, frente a los restaurantes; tantas que te hacen pensar que en este lugar existe más vehículos de dos ruedas que automóviles.
Y es que Montreal, a diferencia de muchas otras urbes en el mundo, es una ciudad que cuenta con una maravillosa cultura de la bicicleta, no sólo de los que van pedaleando, sino también de los automovilistas quienes respetan en todo momento a las bicicletas. Cosa que además de darte mucha confianza, te impulsa a intentar uno que otro recorrido.
Eso sin mencionar que Montreal cuenta con un muy bien desarrollado sistema de ciclovías que se extienden por varias zonas de la ciudad, de manera que hasta el menos versado en  los deportes puede realizar un itinerario sin contratiempos.
Los pros y los contras
Aunque como ya lo he dicho, soy un ferviente defensor de las largas caminatas en la ciudad, sobretodo si es una ciudad que no conoces, luego de haber experimentado por primera vez esta nueva manera de locomoción, creo difícil encontrarle un pero.
Primero que nada, creo que su mayor ventaja es sin duda que el desgaste físico resulta significativamente menor que caminar y puedes hacer prácticamente lo mismo que harías a pie, sólo que en menor tiempo.
Recorrer pequeñas calles, encontrar restaurantes, observar a las personas, disfrutar del clima e incluso tomar un pequeño descanso cuando la fatiga lo amerite, además de poder combinarlo con el uso de otro tipo de transporte como el metro o el autobús, pues en una ciudad como esta, con un pequeño candado basta para asegurar que tu bicicleta seguirá en el mismo lugar si es que tienes que desplazarte distancias más largas.
De hecho, en Montreal existe un sistema de bicicletas públicas que es encuentran distribuidas en lugares estratégicos y muchas veces cerca de las estaciones del metro. Para utilizarlas sólo es necesario contar con una tarjeta prepagada que se puede adquirir con anticipación a tu viaje. 
El recorrido
Los recorridos en bicicleta por Montreal pueden ser tan largos o cortos como lo desees, en grupo o en solitario y existen muchas compañías que ofrecen recorridos guiados o bien sólo te rentan las bicicletas.
 El mío comenzó, justo en el Viejo Puerto, en esa parte de la ciudad en donde Montreal nació y donde aún es posible distinguir las viejas edificaciones que servían como casas de comercio y bodegas a los antiguos mercaderes.
Pedalear por esta zona de la ciudad resulta relajante, pues acompañado por la tenue brisa del Río San Lorenzo, puedes observar plácidamente no sólo la arquitectura sino también a las decenas de personas que pasean sin preocupación por los andadores y la imagen de ese cuerpo de agua imponente que hace las veces de mudo acompañante.
Un poco más arriba, en ese cuadro que se forma entre las avenidas Sainte Catherine y  la Rue Sainte Paul, el panorama cambia dramáticamente y comienza a tomar forma el otro Montreal, ese Montreal plagado de pequeños cafés, plazas atiborradas de paseantes, galerías, museos y centros comerciales que atraen la curiosidad de miles.
Entre estas calles luminosas y llenas de dinamismo, el pedalear se vuelve un constante descubrir de lugares disímbolos, pero a la vez atrayentes y emblemáticos. Uno de ellos es la famosa Plaza Jacques Cartier, un antiguo mercado en donde los comerciantes ponían a disposición del público todos los productos llegados al puerto a principios de los 1800 y que ahora es uno de los puntos de reunión más importantes de todo Montreal, por estar plagado de restaurantes y ser el refugio de artistas ambulantes, acróbatas y payasos que animan el ambiente con sus artes.
Si continúas rodando por este barrio, especialmente por la Rue Sainte Paul, te encontrarás con un compendio casi interminable de edificios del siglo XIX de extraordinaria belleza arquitectónica que en muchos casos han sido rescatados y convertidos en galerías, estudios de artistas y casas habitación.
La ruta sigue y ahora mis rudas me llevan un poco más arriba, primero al barrio conocido como Square Victoria, y un poco más allá, a la famosa Avenida Sainte Catherine. El primero, uno de los barrios con mayor dinamismo de la ciudad, ya que en él se encuentran una gran cantidad de oficinas y corporativos, de modo que no resulta extraño mirar a cientos de personas tomando un receso de sus actividades laborales mientras disfrutan de un almuerzo y toman tranquilamente el sol.
El segundo, quizá la avenida más concurrida de todo Montreal, ya que es aquí donde se encuentran la mayor parte de las tiendas de ropa y centros comerciales. Ríos de compradores que entran y salen de las tiendas departamentales para únicamente cambiar de una a otra. Aquí puedes encontrar algunos pequeños cafés y restaurantes donde pasar el tiempo si es que decides tener todo un día de compras.  
No lejos de ahí, casi por casualidad o por despiste,  puedes encontrar la Basílica de St, Patrick´s, una hermosa construcción de estilo gótico terminada de construir a mediados del siglo XIX, que recuerda el carácter profundamente católico de esta ciudad, pues no olvidemos que la influencia de la cultural francesa, también trajo consigo una profunda fe católica que se observa en las decenas de iglesias que existen distribuidas por toda la ciudad.
Continúo mi recorrido siguiendo la ruta de la ciclovía y casi sin proponérmelo llego al Mont Royal y más específicamente al famoso barrio conocido como Le Plateau. El barrio de moda, una especie de “barrio de la Condesa” plagado de parques donde los habitantes de Montreal suelen pasar largas horas paseando a los niños, andando en bicicleta o simplemente sentados en una banca disfrutando de algún bien libro.
Aquí puedes también encontrar cientos de restaurantes y pequeños cafés donde disfrutar de uno de los famosos bagels de la ciudad, pero quizá lo interesante es poder observar la dinámica de este barrio, mas citadina pero a la vez tranquila y cotidiana, muy diferente a la que se percibe en el centro.
Y así, este recorrido podría extenderse por todos y cada uno de los rincones maravillosos de esta ciudad, la Catedral, China Town, La Pequeña Italia; los museos, pero quizá sea mejor idea, si es que tienes pensado visitar Montreal, que tomes tú mismo tu propia bicicleta y comiences a rodar por donde más prefieras.   






Recomendaciones
Si buscas un buen lugar para rentar una bicicleta y quizá tener un recorrido guiado, te recomiendo las siguientes direcciones electrónicas: http://www.caroulemontreal.com/ o bien http://www.guidatour.qr.ca/,  ellos cuentan con mucha experiencia brindando este servicio y son una  muy buena opción si es que te gustan los recorridos en bicicleta o bien en patines.



 

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