lunes, 26 de septiembre de 2011

Nadar con el Tiburón Ballena, un gigante que conquista.

Édgar Rogelio Reyes

Son las siete y treinta de la mañana, la luz del día a esta hora es ya perfectamente clara y la temperatura que se percibe alcanza los cuarenta grados; con los ojos aún entrecerrados por el sueño que no logró ser satisfecho, esperamos aletargados las últimas indicaciones para abordar la lancha que nos servirá como vehículo de búsqueda.

Esta aventura es una mezcla de paciencia y surte. Encontrar nuestro objetivo puede tardar una hora o quizá tres, nunca se sabe, aunque en estos casos nada garantiza el éxito.

Las lanchas se dirigirán hacia el mismo punto en el que un día anterior avistaron a los animales, sin embargo, suponer que los encontraremos es algo aventurado.

Una vez en la embarcación, con  los chalecos salvavidas puestos y el ánimo a tope, comienza la travesía que tiene por objeto, vivir una de las más impresionantes y asombrosas experiencias. Nadar con el tiburón ballena.

El cielo se encuentra totalmente despejado y el mar parece tranquilo, los tonos azul turquesa que han caracterizado siempre a las aguas de Cancún, parecen incrementar su color bajo los claros rayos del sol que para esta hora cae a plomo.

Luego de algunos minutos de recorrido ya no es posible divisar tierra, es sólo el mar y nosotros, sin nada más alrededor, quizá por eso nadie habla, nadie comparte sus pensamientos y las miradas se concentran en el horizonte y se pierden de la misma forma que lo hacen las nubes en el cielo. De acuerdo con el reloj, han pasado treinta y cinco minutos desde que partimos de Punta Sam sin que aún tengamos ninguna pista.

La curiosidad, el calor y un poco de impaciencia nos hace preguntar al capitán si es que falta mucho para llegar al punto de avistamiento. Con una sonrisa franca que se disimula debajo del prominente bigote, el marino respondió con otra pregunta ¿qué ya se cansaron?.

Volvió a sonreír y aseguró que nos encontrábamos muy cerca de nuestro destino, pero que nadie podía asegurar si los “animalitos” van a estar todavía ahí,” ayer habían casi sesenta, pero hoy quien sabe, todo es cuestión de la suerte  que tengan”. Aseguró casi con ironía.

En un segundo, una voz entrecortada que escapaba de la radio aseguraba haber visto el objetivo. El encargado del navío tomó con rapidez los binoculares y dirigió su mirada hacia el horizonte para intentar divisaban las siluetas de los animales que se encontraban alimentándose.

Hasta ese momento, ninguno de los turistas que nos encontrábamos ahí teníamos realmente idea de lo que estábamos por encontrar, sin embargo, en cuestión de segundos todas nuestras dudas se disiparon para dar paso al asombro.

Aquellos “animalitos” a los que se refería el capitán, eran los famosos tiburones ballena, un nombre sumamente contradictorio para lo que en realidad es el pez más grande del mundo, el cual  llega a medir hasta quince metros de longitud.

Desde la lancha era posible observar a aquellos enormes seres alimentarse placidamente, sin que nuestra presencia los alterara en lo más mínimo. De hecho, esa es una de las principales características de esta especie, son totalmente inofensivos y no representan ningún peligro para el hombre.

A decir del capitán, se trataba a lo menos de cincuenta peces, algunos de los cuales alcanzaban los nueve metros de largo. Luego de algunos minutos de haber detenido la lancha sólo para observar el espectáculo —ver cómo esos gigantes se alimentan—, el ayudante del capitán preguntó quién sería el primero en tirarse al agua.


Por un momento casi olvidamos que el motivo principal del viaje era precisamente nadar con estás criaturas. Mi primer pensamiento fue que, ante las dimensiones de los hermosos animalitos, sería difícil encontrar al primer voluntario. Sin embargo ocurrió todo lo contrario, más de dos de nuestros acompañantes se ofrecieron para ser los primeros en disfrutar de tan peculiar aventura.

Los nervios existen, y aunque en realidad no se percibe ningún rastro de peligro, y los conocedores aseguran que no existe; las manos sudan —más de emoción, que de miedo o sensatez—, de modo que nadie estaba dispuesto a perder su turno.

La apariencia de aquel coloso marino no parecía ser tan espectacular a primera vista, sin embargo, bastó entrar al agua y sumergir un poco la cabeza, para darse cuenta realmente de sus dimensiones. Son unos gigantes de lentos movimientos, quizá algo torpes, pero imponentes y maravillosos.

El tamaño del primer animal que se acercó hasta nosotros, era de la mitad de nuestra embarcación, la cual, luego supimos, medía aproximadamente nueve metros, de modo que aquello parecía ser una idea no muy sensata.

Ya en el agua, la cercanía del animal era tal, que permitía observar con suficiente claridad cada uno de los detalles de su fisonomía: las manchas sobre su lomo, como si se tratara de un tablero de ajedrez, los ojos pequeños y el enorme tamaño de su boca. En un primer instante todo parece amedrentar, no obstante, luego de unos segundos, es posible darse cuenta de que este despistado habitante de los mares, es por naturaleza encarnación misma de la placidez.

La distancia que nos separaba de ellos era no mayor a los dos metros, por lo que daba la impresión de poder tocarlos; durante esos pocos segundos en los que se puede estar junto a él,  el hombre es realmente capaz de dimensionar cuán pequeños y frágiles somos los seres humanos en realidad.

Pero también es posible experimentar la sensación de estar en otro mundo, pues nada que se haya vivido hasta entonces es comparable con esta experiencia. En tan sólo unos segundos es posible darse cuenta de que la naturaleza es aún más impresionante de lo que nos imaginamos.

Luego de que cada uno de los integrantes de la tripulación tuvo la oportunidad de experimentar esta vivencia —que en realidad es toda una aventura—, al menos en cuatro ocasiones, emprendimos el largo camino de regreso. 

Generalmente Cancún es conocido por la fama de sus hoteles, de su mar, de sus playas, de su vida nocturna, de los buenos lugares que existen allí para comer, de su clima placentero y de la amabilidad de su gente; atributos todos que le han valido para convertirse en uno de los destinos más populares del mundo.

Sin embargo, pareciera que todos olvidamos que éste es un lugar vivo, que aquel mar de tonos azules turquesa, capaz de hacer dudar a más de uno que lo que está ante sus ojos es real; es parte de un complejo ecosistema natural en el que confluyen miles de especies. Por ello Cancún es aún un paraíso natural, con muchos secretos que permanecen guardados entre la espesura de la selva o entre las profundidades de su mar.

Detalles

Dónde

Holbox, es una pequeña isla mexicana localizada al norte del estado de Quintana Roo, que en los últimos años se ha vuelto famosa por ser uno de los mejores lugares en el mundo para realizar el nado con el Tiburón Ballena.

Cómo Llegar

Por carretera desde Cancún es un viaje de aproximadamente 2.5 horas que puedes realizar en auto o bien tomar un autobús que tiene un costo aproximado de 70 pesos mexicanos (7 dólares).

Aunque lo más recomendable si no conoces bien el estado y quieres ahorrar tiempo, es contratar un tour que incluyen la transportación y te recogen directamente en el hotel. Los tours puedes adquirirlos en casi cualquier lugar, pero te recomiendo cotizar precios en varias compañías que ofrecen sus servicios por Internet.

Dónde comer  

Una vez en la isla, no faltan los pequeños lugares de comida típica que sin ser grandes restaurantes te ofrecen buena comida por precios muy accesibles, de modo que no hay que preocuparse por ese punto.

Para no olvidar

No olvides llegar contigo una muda de ropa y bloqueador solar para una larga travesía de ida y vuelta, así como un sombrero y lentes oscuros pues el sol de Cancún es sumamente intenso.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

de verdad que la naturaleza nos ofrece maravillas, ahora se están eligiendo las 7 del mundo, voten aqui http://bit.ly/oH9wWc

Renta de Autos dijo...

Gracias por compartirnos esta experiencia increible. En mi opinión Cancún y la Riviera Maya es uno de los lugares turísticos más increíbles de todo México y el mundo, Tulum es igualmente increible. En los años 80 no era nada, simplemente un pueblo pesquero a un lado del hermoso y gran mar caribe. Cancún recibe más turistas que cualquier otro destino en México. La ciudad ha crecido mucho en las últimas tres décadas y continuará su crecimiento pues ofrece lo que ninguna otra playa en el mundo; centros comerciales de lujo, hoteles cinco estrellas, restaurantes de todo tipo, renta de carros en Cancún, personas de todas las nacionalidades, los mejores parques acuáticos, la cálida atención de los Quintanarroenses y una hermosa playa junto al mar Caribe. Otro de los atractivos de Cancún, es la cultura Maya.

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