martes, 4 de octubre de 2011

Tulum, la joya maya a un costado del mar

Édgar Rogelio Reyes
Aquí, parado justo en el mirador, con la imagen del azul turquesa de las olas que pegan suavemente sobre la arena blanca del Mar Caribe, recuerdo, no sé por qué, aquella vieja sentencia tan socorrida entre las personas que nos dedicamos a ser turistas profesionales: “el problema de viajar con mucha frecuencia, es que se corre el riesgo de perder la capacidad de asombro”.

Quizá sea que a veces tu mente inconsciente intenta recordarte cosas por una razón en especial. Y es que existen lugares que sirven para recordarle al hombre, que la capacidad de asombro, aunque se piense lo contrario, es un sentimiento irrenunciable que florece espontáneamente en el momento menos pensado.

No sé cuántas veces he venido aquí, he perdido ya la cuenta; lo único que sé con certeza, es que cada vez que me paro en este mismo punto, vuelvo a sentir la misma sensación que sentí el primer día que estuve en a la orilla de este acantilado para observar, por tan sólo unos minutos, la belleza de este lugar que todos llaman Tulum.


Eran quizá poco más de las tres de la tarde y la amenaza del un huracán obligaba a evacuar a todos los visitantes. Con el cielo casi negro y un viento que hacía difícil el caminar, recuerdo que pedí a los soldados que se encargaban de llevar a cabo el desalojo me permitieran entrar sólo unos minutos.

Una de las características de los recuerdos infancia, es que siempre existen esos que son tan claros como aquellos que sucedieron ayer, en mi caso, la imagen de aquel precipicio con la estructura que ahora sé se conoce como “El Castillo”  es una de ellas.

Con un mar muy picado y la lluvia a punto de caer con más frecuencia, todo alrededor había adquirido un lúgubre color grisáceo, a pesar de ello, recuerdo que el lugar me pareció algo tan hermoso, que aquel recuerdo aún persiste mi mente con extraordinaria nitidez.

Hoy, casi 23 años después, con un sol que cae a plomo y que quema la piel con tan sólo estar unos minutos, todo luce diferente pero la sensación en la misma. Todo aquello es una explosión de color, el mar, la arena, las estructuras de piedra de miles de años de antigüedad.

Abajo, justo a las faldas de esta escarpada pared de roca, cientos de turistas se bañan y toman el sol en la única playa en el mundo que tiene como marco la imagen de un sitio arqueológico maya.  

Desde donde me encuentro, algunos otros pares de miradas hacen lo mismo que yo, contemplan incrédulos la belleza del lugar y expresar su asombro ante la singularidad de la escena. Lo hacen es español, en italiano, en francés y en muchas otras lenguas, pues Tulum es un polo de atracción turística que congrega a personas de todo el mundo.

Dicen los que saben, que Tulum fue en sus años de esplendor un puerto comercial de suma importancia en todo el Mundo Maya, un lugar al que acudían a intercambiar sus mercancías mayas de Belice, Guatemala, Honduras  y de varias regiones de lo que hoy es México. Que a él llegaban cientos de comerciantes por mar y tierra y que su organización implicaba un complejo sistema tributario y de hacienda.

Que era una ciudad amurallada, aunque de la muralla sólo quedan algunos tímidos vestigios; dicen también que la edificación que se conoce como “El Castillo” hacía las veces de faro y guiaba a los navegantes para que pudieran sortear los peligros del arrecife de coral que se encuentra justo frete a sus costas, considerado hoy en día como el segundo más grande del mundo.

En su interior existen 50 edificios, la mayoría de los cuales estaban destinados para el culto a los dioses y para dar cabida a los comerciantes que llegaban al lugar. Es cierto, Tulum no es un sitio arqueológico cuya principal característica sea la monumentalidad, en este lugar no existen grandes construcciones y más bien se podría definir como un lugar pequeño.

Sin embargo, su belleza no radica ahí, su belleza se concentra en el lugar en el que se haya enclavado. Tulum es una especie de joya arquitectónica y un deleite para los sentidos. Y es que aún en ruinas, Tulum conserva mucho de esa gloria de antaño; el tan sólo pararte en alguno de sus caminos y comenzar a imaginar cómo fueron sus edificios hace menos de mil años hace volar la imaginación hasta un punto sorprendente.

Muros estucados y adornados con vistosas pinturas, miles de personas deambulando por aquí y por allá ofreciendo sus mercancías, jade, plumas de quetzal, cacao y sólo sabe Dios qué más.

Pero también si te detienes un poco y cierras los ojos, aún con todo el bullicio de sus miles de turistas, es posible escuchar el tenue ir y venir de la olas del mar, es posible percibir de la brisa que acaricia el rostro y cuando abres los ojos de nuevo, lo más sorprendente es que puedes ver el increíble azul del un mar que te hace soñar, pero sobretodo, recordar que efectivamente, la capacidad de asombro es algo que jamás se pierde.

 Cómo llegar
Tulúm se localiza a 128 kilómetros de la Ciudad de Cancún, en el estado mexicano de Quintana Roo, por la carretera Federal 180. Es posible llegar muy fácilmente en auto, aunque te recomiendo si eres extranjero, que mejor tomes un autobús  pues en ocasiones el manejar en México puede llegar a ser un poco confuso para alguien que no está acostumbrado.

Si partes de Cancún, el trayecto es de poco más de 2 horas aunque si te encuentras ya en la Riviera Maya, el tiempo puede variar según tu ubicación entre 1 hora y 10 minutos.

Toma en cuenta que si tu primera escala es en Ciudad de México, el vuelo al aeropuerto Internacional de Cancún es de aproximadamente 2 horas y todas las líneas aéreas mexicanas tiene vuelos diarios a este destino.

Una vez en Cancún o Riviera Maya, existen numerosas agencias de viaje que te ofrece tours al sitio arqueológico, creo que esta opción es la más recomendable pues no tienes que preocuparte por comprar la admisión, el transporte o la comida ya que la mayoría de las compañías te recogen en tu hotel y te regresan a él una vez terminado el día.

Aunque te recomiendo echar un vistazo en Internet y buscar lo que más se ajuste a tu presupuesto, yo te recomiendo los tours que ofrecen Experiencias Xcaret, esta es una compañía grande que cuenta con buenos guías, muy buenos autobuses y su logística por lo general es muy aceptable, aunque existen varias otras agencias que dan un muy buen servicio

Cuánto
La cuota de acceso es de 20 pesos mexicanos (2 dólares) y su horario es de 8 de la mañana a 7 de la noche, eso sólo en caso de que llegues por tu cuenta, de ser así tienes que destinar un presupuesto ya sea para la el desayuno o la comida.
En cuanto al tiempo, yo diría que este sitio se disfruta muy bien durante tres o 4 horas si es que quieres bañarte en su playa y tomar un tiempo para relajarte. Igualmente te recomiendo llegar temprano para no encontrar mucha gente y poder hacer el recorrió con toda calma.

Dónde hospedarme
Para llegar a Tulum lo mismo lo puedes hacer desde Cancún o la Riviera Maya de modo que si estás hospedado en cualquier hotel de esta zona incluida Playa del Carmen, lo único que variará es el tiempo que tardas en llegar.

En lo particular yo prefiero el ambiente y la atmósfera más relajada y no tan americanizada que existe en Riviera Maya y Playa del Carmen, pero como dicen, el gusto se rompe en géneros.

Aunque si de recomendaciones se trata el Hotel Dreams Tulum se encuentra a sólo 10 minutos de la zona arqueológica y es un hotel de 5 estrellas bastante aceptable sin llegar s ser una maravilla.

En este punto te recomiendo consultar nuevamente Internet dependiendo de tu presupuesto, pues la opciones de hospedaje son literalmente cientos y de todos los tipos.





   











    


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