domingo, 6 de noviembre de 2011

Una cena en la Cava Xcaret, un recorrido entre vinos y platillos mexicanos

Édgar Rogelio Reyes
La pequeña rampa que se encuentra al costado del la tienda de recuerdos desconcierta, no parece ser la entrada a ningún lado y menos aún a una cava, sin embargo, conforme tus pasos avanzan todo cambia.

La luz se hace cada vez más tenue y las paredes del túnel que sirve de corredor adquieren repentinamente una textura rugosa como la de una caverna. Al final del pasadizo, lo que se encuentra es justamente eso, una enorme bóveda que emerge entre las entrañas de la tierra como un gran socavón de piedra caliza que a primera vista recuerda una vieja película de piratas.

Sin embargo, aquí no se  guardan cofres con monedas de oro y en su lugar existen otro tipo de tesoros; tesoros que yacen etiquetados en botellas a la espera de ávidos visitantes que quieran descubrirlos.

En las etiquetas se leen nombres como Casa Madero, Monte Xanic, Santo Tomas o Domec, que son las casas productoras más importantes del país; y es que si alguna particularidad tiene esta cava es que en ella sólo se encuentra vino mexicano.

No se trata de chovinismo, pues a decir de sus creadores, el único objetivo que persigue este singular rincón, es darle al vino mexicano el lugar y la importancia que merece en su propia tierra.

Un pequeño rincón para cada vino

En el salón principal, en ese que invariablemente recibe a todos los visitantes, se encuentran varios nichos; pequeños rincones destinados a homenajear aunque de manera breve a cada casa productora.

Cada una tiene su lugar, un espacio adornado por sus propias etiquetas y donde sus botellas lucen y destacan sin competir con las demás. Pequeñas bóvedas que hace las veces de aparadores y atraen la atención de cuanta persona llega.

Al centro, un gran mapa de México recuerda que cada uno de estos tesoros son producto de una misma tierra, de diferentes regiones pero de una misma tierra. Una tierra  que si bien por años fue obligada abandonar sus vides y sus vinos, hoy en día está en proceso de recuperarlos.

Una cena muy singular

Pero lo mejor de este lugar es sin duda todas las actividades que en él se puede realizar, desde una cena muy intima para dos, hasta una comida de negocios para un grupo importante de ejecutivos.

Todo comienza, como debe de ser, con una buena copa de vino y bajo la tutela de un sommelier experto que guía nuestros pasos, o mejor dicho, nuestros sentidos desde el primer momento.

Ya en la Sala de Maridaje, en ese espacio donde el sommelier y el chef unen sus talentos para crear combinaciones de sabores perfectas, todo está listo para comenzar. La enorme mesa de madera asimétrica que en otros tiempos fue el tronco de un árbol de Chicozapote, espera elegantemente adornada a que todos tomemos nuestros lugares.

En el techo, los candelabros emanan una tenue luz marrón creando una atmósfera de acogedora elegancia. A los costados, muebles que guardan una antigua colección de sacacorchos y botellas vacías, terminan en cuadro perfecto que tiene como protagonista al vino.

Entre los tenues aromas que emanan de las copas, el experto explica  las diferentes etapas del proceso de degustación, a la vez que hace un repaso rápido de la historia del vino en México; esa historia que pocos conocen y que por azares del destino, hizo que la producción de caldos en el país quedara restringida  al autoconsumo de los monjes que llevaron a cabo la evangelización de la Nueva España, ante el temor de que los vinos mexicanos opacaran a sus contrapartes españolas.

Primero la vista, que es la encargada de hacer la valoración inicial del vino dependiendo de su textura y coloración; luego la nariz, a través de la cual el vino se presenta con los más variados aromas, madera, frutas rojas, tabaco etc, y por último la boca que es la encargada de probar el carácter y el sabor de cada caldo.

Luego es el turno del chef y de sus creaciones. Como primer plato, una ensalada de sandía con nueces y queso que se acompaña de manera perfecta con el segundo vino blanco de la tarde. De nuevo el ritual, observar el vino, percibir su aroma y degustarlo.

Unas cuantas vueltas a la copa para dejar escapar los aromas y que la nariz tome parte en el festín. En el olfato del experto los caldos arrojan tonalidades a madera, durazno, vainilla y tabaco, sin embargo, en la atrofiada nariz de un neófito tal exactitud es imposible.

Aunque quizá eso es lo de menos, todo es parte de un delicioso proceso que se va haciendo más y más complejo y disfrutable a la vez. Aquí no importa que tus sentidos no sean tan avispados, ni que ésta sea tu primera experiencia en el complejo mundo del vino, esta cena es sólo para disfrutar.

Con el segundo vino blanco de la tarde, una crema de capuchino, y así continua un recorrido que se extiende entre varios platillos como la brocheta de camarón y la arrachera con nopal asado.

Los sabores que van del pato al cordero van uno tras otro mientras los minutos transcurren rápidamente y las copas se llenan y se vacían y los platos van y vienen.

Y es que cada vino tiene una historia que contar una anécdota interesante o un recuerdo al igual que cada platillo ya se en su proceso de elaboración o en su nacimiento.

Todo aquí es platicar y disfrutar y aprender un platillo y un vino junto con una historia que contar, así hasta completar la ruta que incluye cinco vinos y cinco platillo diferentes, cinco platillos tan mexicanos como los vinos que los acompaña, como la pechuga de pato en mole; así  hasta terminar una larga jornada en este interesante rincón con aroma a vino mexicano.

Para no olvidar

Esta cava alberga 157 diferentes etiquetas de vino mexicano de más de 57 bodegas, entre las que se encuentran las más importantes casas vinícolas del país.

El precio y la hora

El precio de la degustación es de 464 pesos por persona y las reservaciones se hacen directamente a tu llegada al parque.

El horario de la Cava es de lunes a sábado de 1:00 a 3:00 PM o bien de 5: 00 PM en adelante.

La degustación incluye por lo general 5 diferentes vinos acompañados del mismo número de platillos mexicanos para maridar, aunque si se tiene requerimientos especiales como un cena privada para un grupo o una sola pareja es posible hacerlo.

Qué incluye

Esta experiencia tiene una duración aproximada de una hora y treinta minutos e incluye el recorrido por las cámaras subterráneas, la explicación de la historia del vino mexicano, la exhibición del vino de diferentes casa productoras y una degustación.

Cómo llegar        
Recuerda que el parque Xcaret se encuentra aproximadamente a una hora y 20 minutos del Aeropuerto Internacional de Cancún, en la Riviera Maya y para llegar puedes contratar directamente los servicios del parque que incluyen la entrada o la transportación desde tu hotel o bien lo puedes hacer por tu cuenta.








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