miércoles, 11 de abril de 2012

Tapalpa, un rincón de ensueño en la sierra jalisciense


Tapalpa es un lugar arquetípico, un sitio que para muchos es la materialización de un verdadero Pueblo Mágico que aún conserva la atmósfera de un tiempo muy  lejano

Edgar Rogelio Reyes

El camino que lleva hasta Tapalpa parece que conduce a ningún lado, es una angosta carretera que se extiende en medio de un  paisaje boscoso de tierra rojiza y un verde que abruma y a la vez cautiva.

Aquí sólo se ven árboles y colinas. Todo, aparentemente, es una interminable sucesión de bosque y tierra, que cuando recibe los rayos del sol, se tiñe de una tonalidad arcillosa.

A través de la ventana del auto no es posible percibirlo, pero sólo es cuestión de observar con detenimiento aquel paisaje para imaginar a la perfección los aromas de este lugar. Es ese penetrante y dulce olor a pino que se mezcla con el de la tierra mojada y el del polvo que se acumula sobre la hierba. Es el corazón de un tupido bosque de sinuosas y cautivadoras formas que tiene por celosos centinelas a miles de enormes y finos oyameles.

De pronto, como si la intención hubiese sido generar  incredulidad y un rompimiento abrupto en la imaginación del visitante; aparece  la imagen serena y cautivadora de un pueblo. Una pequeña comunidad que desde lejos se parece a una de esas que a los que los pintores les gustan plasmar en sus cuadros.

Es Tapalpa, un cautivador pueblo de los que ya hay muy pocos y, que por alguna extraña razón el tiempo ha respetado. Un pueblo de película en el que literalmente todo ocurre alrededor de su iglesia, un lugar que por momentos pareciera estar apenas poblado y por otros  luce pleno de gente que va de aquí para allá y que le da una vida muy particular.

El arquetipo de un Pueblo Mágico

En Tapalpa la mañana comienza con el sol por todos lados y con un frio discreto que obliga a salir a la calle con algo de abrigo. Un lugar de calles empedradas e inclinadas, en las que escuchar el sonido de los propios pasos al andar, es tan común como la imagen de la mujer barriendo su portón y que al pasar todavía te da los buenos días.


O la del aquel hombre bien entrado en los 60 que desde tempranas horas se recarga en el quicio de la puerta a fumarse un cigarro, mientras observa el ir y venir de decenas de personas, a las que saluda con la familiaridad de un viejo conocido.

Caminar por las calles de Tapalpa es encontrase con ese tan recurrente pero cautivador diseño de pueblo: la iglesia en su mero  centro, y no lejos de ahí, una pequeña plaza con un kiosco que sirve como centro de reunión de la comunidad durante los fines de semana y los días de fiesta.

Es también mezclarte con las nostálgicas imágenes de los techos de teja roja y los portones de madera; las grandes ventanas con enrejados  y  las puertas abiertas en las mañanas. Pero también es unirse con esos icónicos lugares que perecen dignos de un cuento de Rulfo, es decir, la pequeña panadería que inunda la calle con su aroma cálido de los bolillos recién hechos, o un diminuto restaurante provisto de algunas pequeñas mesas decoradas con manteles de colores chillantes y sillas de madera también coloridas y enfloradas.

Un lugar de belleza, nostálgica y diversidad

No obstante esta imagen que remite a lo pueblerino, Tapalpa es un pequeño destino con varias cosas que ofrecer, la primera de ellas, la Parroquia de San Antonio de Tapalpa, conocida como  el “viejo templo”, esta iglesia es una joya arquitectónica del estado, construida en el siglo XVII, de estilo neoclásico y marcada influencia franciscana, se encuentra en el corazón del pueblo y es un símbolo por sí misma.

Para darse una idea de toda la historia que guarda este pueblo jalisciense, sólo hay que dar un pequeño rodeo al templo de San Antonio para encontrar la Capilla de la Purísima, una de las más antiguas iglesias de la Sierra Jalisciense. De arquitectura barroca, fue construida en 1550, y da cuenta de la importancia que esta población tuvo durante el proceso de evangelización.

Pero ¿Qué sería de un Pueblo Mágico como éste sin leyendas? Seguramente pocos pueden imaginar un lugar así sin una que otra leyenda o mito a su alrededor.

Para encontrar las leyendas de Tapalpa, es necesario visitar las antiguas pilas de agua, sitios en los que antiguamente se recolectaba el preciado líquido, y que hoy en día, aunque secas son un gran atractivo por la gran cantidad de historias que tienen para contar.

Con nombres tan particulares como: las serpientes, el tecolote, la colorada y el perro, cada una de estas antiguas tomas de agua debe su nombre a la leyenda que cuentan; como lo atestigua la historia de las cuatro comadres que iban a la fuente del Fresnito a calumniar a la gente, hasta que el brujo Macario les advirtió cambiar su proceder y al no hacerlo, las convirtió en las culebras de piedra que hoy decoran la pila del mismo nombre.

Otro lugar que puedes ir a visitar es la antigua hacienda de La Media Luna, famosa por ser descrita por el escritor mexicano Juan Rulfo en su novela Pedro Páramo.

Esta hacienda es uno de los escenarios del Festival del Llano que se lleva a cabo cada año. En este festival se invita a los visitantes a recorrer algunos de los lugares que Rulfo usó como inspiración para sus escritos.

Y por último, un lugar que no te puedes perder es el conocido popularmente como Las Piedrotas o El Valle de los enigmas, un lugar que alberga piedras de fabuloso tamaño y que ha despertado la curiosidad de miles por lo enigmático de su origen.

Lo que es un hecho, es que el atractivo de Tapalpa no se limita sólo a la arquitectura del pueblo, sino que es un lugar que tiene mucho más que ofrecer, aunque sin temor a la equivocación, su mayor virtud es ser un verdadero Pueblo Mágico.

Tapalpa es una población localizada en la región sur del estado de Jalisco, a 120 kilómetros del la ciudad capital, Guadalajara. Su nombre proviene de la lengua náhuatl y significa “Lugar de la Tierra de Color”.

Cómo llegar

Para arribar a esta población desde Guadalajara, es necesario tomar la carretera federal número 54, Guadalajara -Ciudad Guzmán- Manzanillo y luego la desviación a Acatlán, de ahí, hacía la carretera estatal 401 que va hacia Amacueca.




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