viernes, 4 de mayo de 2012

El Tajín, majestuosidad misteriosa


La zona arqueológica de El Tajín, en Veracruz, es una de las más atractivas e importantes de México y forma parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad, por la UNESCO desde 1992

Por Antonio Esquivel Rivera
Al visitar este lugar podemos observar una esplendorosa vegetación que enmarca al conjunto de construcciones milenarias que guardan la misteriosa expresión cosmogónica y artística de la cultura Totonaca. Ese lugar que hoy ocupa aproximadamente mil 30 hectáreas, estuvo inexplorado por más de quinientos años, hasta ser descubierta de manera casual en 1785  por Don Diego de Ruiz.

El Tajín se localiza a sólo cinco kilómetros de la ciudad de Papantla, Veracruz, donde legendariamente nació la flor de la vainilla, y lo podemos percibir en el  suave aroma de los variados productos que nos ofrecen sus comercios, o al degustar la sabrosa  gastronomía veracruzana conformada principalmente por: chocolate, café, tamales y dulces típicos.

En Veracruz, y en todo el país, es reconocida la danza de los voladores, preservando así,  una de las ceremonias prehispánicas relacionadas con la lluvia y la fertilidad de la tierra. A solo veinticinco minutos de El Tajín se encuentra Poza Rica, importante ciudad de industria y comercio.

Historia y leyenda entre nichos
Tajín significa, en lengua Totonaca, “lugar del trueno”, asociada a la exuberante vegetación e intensas lluvias que hay en el lugar. Otra acepción  refiere que se llama así  en honor a una de sus deidades.

 Cuando se llega a El Tajín, lugar de asombros, es recomendable visitar primero el Museo de Sitio, ya que ello nos permite ampliar nuestra visión respecto de las costumbres y pensamiento de sus primeros pobladores. La exposición de objetos ahí colocados ofrecen al turista nacional y extranjero, la orientación y guía para una mejor apreciación de los cinco grupos de edificaciones que conforman la zona arqueológica: Plaza del Arroyo, la Zona Central, la Gran Xicalcoliuhqui, El Tajín Chico y el Conjunto de las Columnas.


Estar cerca de las evidencias de una cultura que estuvo oculta en el silencioso murmullo de vientos y tempestades, nos hace comprender la grandeza de una ciudad que fue la capital del estado Totonaca.
Y esa grandeza se hace más evidente en la Zona Central, donde se localiza la Pirámide de los Nichos, emblemática construcción que destaca por sus siete niveles que arropan a 365 nichos, espacios que alojan, simbólicamente, a sus dioses con algunos objetos, y que corresponden al número de días del año del calendario solar que rige el ciclo agrícola, base de la economía y de la vida de los habitantes del lugar.

El Tajín se caracteriza por las decoraciones arquitectónicas que observamos en las fachadas de sus construcciones a base de nichos, grecas, frisos y relieves, como las que se observan en las cuatro edificaciones del grupo Plaza del Arroyo.

Es importante resaltar la importancia que para esta cultura tuvo el juego de pelota, y que se deja ver en los 17 campos que se han encontrado. Estos espacios estuvieron destinados a la celebración de grandes fiestas y ahí se concentraba el movimiento comercial del pueblo.

El juego tenía un gran significado religioso; representaba la lucha entre las fuerzas antagónicas del cosmos o entre las dualidades del dios del crepúsculo, del sol que se pone, Xólotl y Quetzalcóatl, dios de la estrella matutina, del sol que sale, culminando con el sacrificio humano como parte de la ceremonia. Era la guerra entre las fuerzas antagónicas del cosmos y la fertilidad culminando con la muerte de uno de los adversarios.

Tradición y misterio

Entre las tradiciones que los Totonacas festejaban destacan las del Equinoccio de Primavera y la del Fuego Nuevo, mencionando que la gran pirámide, en el exterior, estuvo pintada de rojo, mientras que los nichos eran de color negro y luminosos,  por lo que ya podemos imaginarnos la estampa tan atractiva que le imprimían a esta magnífica elevación.

Si dirigimos nuestros pasos hacia la Gran Xicalcoliuhqui, nos vamos a encontrar con una plataforma amurallada en forma de greca, en cuyo interior hay dos campos de Juego de Pelota para festividades especiales.

En el grupo Tajín Chico, situado en una superficie de cinco metros de alto, están las construcciones que ocuparon los sacerdotes o clase gobernante, también ornamentadas con grecas y nichos.

 El Complejo de las Columnas, es la parte más alta del lugar y, probablemente, fue un palacio o templo ceremonial. Ahí podemos distinguir tres columnas pétreas compuestas por bloques cilíndricos sobrepuestos, con relieves esculpidos que relatan diversos rituales y actividades cotidianas de los tiempos precolombinos.

Al igual que otras importantes culturas, como la de Teotihuacán, Tula o la Maya, falta mucho por conocer de la Totonaca: hay investigaciones que explican el abandono y esplendor que guardan estás, aún, misteriosas ruinas. Transitar en estos espacios, plenos de historia y atractivos, incentiva nuestra curiosidad y deseos por recorrer con mayor frecuencia, los múltiples caminos de arte y cultura que hay en México.

Anotaciones

*Los indígenas han ocultado a los españoles por siglos enteros este monumento, objeto de antigua veneración. La casualidad lo hizo descubrir a unos cazadores”.
                                                                                           Alexander Von de Humboldt

*México dio al mundo la vainilla y se dice que la vainilla mexicana “es la reina de todas las vainillas”
*La zona de Totonacapan, lugar donde se aloja el Tajín, produce la mayor cantidad de vainilla verde a nivel nacional.

Lo curioso

Un dato curioso es el que dice que: en Papantla, Veracruz, era común que los productores pusieran a secar la flor de vainilla sobre inmensas camas, las cuales sacaban a las calles. Al deshidratarse estás, empezaban a despedir un agradable aroma por toda la ciudad inundándola de un dulce perfume. Por ello, fue llamada “La Ciudad que Perfuma al Mundo”.



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