miércoles, 23 de mayo de 2012

Hotel Geneve, una estrella escondida en la Zona Rosa

Entre los muros de este hotel tuvieron lugar algunos de los más interesantes episodios de la historia de la Revolución y en el se hospedaron personajes como Emiliano Zapata, Winston Churchill o Charles Lindbergh
Édgar Rogelio Reyes
Dicen que en esta vida no existe nada peor que los prejuicios, pues son éstos, junto con la indiferencia, los culpables de los mayores desaciertos e incluso de las más grandes injusticias. Injusticias de las que pueden ser objeto no sólo personas sino también lugares.
Un ejemplo de ello es el hotel Geneve, ese que se encuentra en el 130 de la calle de Londres, justo en el corazón de la Zona Rosa; una construcción que por años había sólo llamado mi atención debido las banderas que cuelgan sobre su entrada principal, pero que para ser francos, me daba la impresión de ser uno de esos lugares cuyos mejores tiempos habían pasado, apreciación por demás inexacta.
Este es uno de esos lugares en los cuales basta con cruzar el quicio de la puerta, para convencerte de que has descubierto un tesoro que permanecía oculto justo frente a tus ojos. De eso da cuanta el gran recibidor que hoy funciona como Lobby y biblioteca; un espacio que conserva aún la magnificencia de aquellos primeros años del siglo XX, cuando esta propiedad se inauguró.
Los altos estantes adornados de libros, los sillones de largos respaldos y los cuadros del siglo XIX que lo decoran, te remontan de inmediato a otro tiempo, a ese México porfiriano y afrancesado que tanto se evoca en los libros de historia.

Un Hotel Museo
Es tanta la historia contenida en este lugar, que difícil resulta saber a ciencia cierta si se trata de un hotel o de un museo. Sin ninguna duda, el arquitecto canadiense Tomas Sinclair Gore, primer dueño y constructor de este emblemático edificio, jamás se imaginó que el sueño que comenzó en 1907 con la inauguración del hotel más moderno que hasta entonces se había construido en la Ciudad de México, continuaría más de 100 años después.

Un sueño que a través de los años ha acumulado entre sus muros, interesantísimos episodios de la historia mexicana desde la Revolución hasta nuestros días. Baste decir que sus habitaciones han alojado en distintas épocas a personajes de la talla del general Emiliano Zapata, Winston Churchill, Antonieta Rivas Mercado, el actor Marlon Brando, el aviador Charles Lindbergh y el escritor Julio Cortázar.
Cuentan los historiadores que, durante la Decena Trágica en febrero de 1913, estando fuera de operación, el hotel fue tomado por los embajadores y cónsules de varios países como refugio y lugar neutral mientras se esperaba el desenlace de aquellos aciagos días.
De hecho, se dice que tal era la fama de este lugar, que fue precisamente aquí donde Porfirio Díaz se encontraba desayunando el 20 de noviembre de 1910; se especula que la intención era dar un mensaje político de tranquilidad ante la situación (pequeño error de cálculo),
Fue este hotel también el primero en abrir sus puertas a las mujeres que viajaban solas, una circunstancia que en los primeros años del siglo pasado, además de poco común, era algo mal entendido por la sociedad de la época.
Eso sin mencionar que para esos tiempos, la propiedad era un portento de modernidad y vanguardia, pues era el único hotel de la capital mexicana en tener baños privados y teléfono en cada una de sus habitaciones, además de servicio de taxi a la puerta.
Aunque una profunda remodelación emprendida a partir del año 2000 ha dado a sus áreas comunes y a la totalidad de sus 222 habitaciones, entre las que destacan 20 junior suites, 4 suites de época y 2 master suites, una imagen de marcada modernidad, su arquitectura ha sido respetada en totalidad y complementada con mobiliario que empata perfectamente con este estilo, dando como resultado una propiedad que además de proveer de lujo y confot, satisface todas las necesidades del viajero actual.
Hoy en día, sus habitaciones podrían definirse como espacios de una atmósfera sumamente moderna y acogedora, pero que conservan la elegancia y el estilo que caracterizó los últimos años del siglo XIX; incorporando por supuesto, amenidades que hace la estancia de sus huéspedes aún más placentera.
Además de su espléndida ubicación, Geneve cuenta con aire acondicionado, televisión vía satélite con 41 canales disponibles, servicio de películas con sistema de pago por evento, Internet inalámbrico, baño con tina, radio reloj despertador, teléfono con correo  de voz, caja de seguridad electrónica, cafetera, secadora de pelo y mini bar.
De esta forma, el huésped que llega al hotel Geneve, transita entre las ventajas de la vida moderna y  la nostalgia de un seductor pasado. Ya sea tomar una copa en el Phone Bar, lugar donde se encuentra el primer teléfono que sonó en la Ciudad de México o disfrutar de una buena comida en su restaurante Veranda Bistro, es como hacer una agradable y rápida visita a otra época.
Tips
Actualmente el hotel ofrece un paquete especial a sus huéspedes que incluye una visita guiada al Museo Soumaya, transportación ida y vuelta, además de un late check out hasta las 5 de la tarde.




        


   


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