jueves, 3 de mayo de 2012

Templo de San Francisco Javier, el arte Barroco que defendió Tepotzotlán

La arquitectura, la escultura y la decoración del virreinato alcanzaron su máxima expresión en el templo de San Francisco Javier, una magnifica obra que se localiza en Tepotzotlán y que todo mexicano debe conocer
Ma. Consuelo Contreras E.
Fotos Nelly Salas
No se necesita mucho, basta documentarse un poco, mirar algunas fotos del Pueblo Mágico de Tepotzotlán, animarse, dedicar un día completo para ir en busca de una de las maravillas arquitectónicas que el siglo XVIII heredó no sólo a los mexicanos, sino a toda la humanidad, pues es tal la belleza que contiene el templo de San Francisco Javier que en agosto de 2010 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en la categoría itinerario cultural “Camino Real de Tierra Adentro”.  
Justo frente a la Plaza de la Cruz, llamada así por tener una cruz atrial de piedra labrada, se localiza el templo de San Francisco Javier, una edificación que fue construida por iniciativa de los jesuitas en mayo de 1670, terminada en 1682 y remodelada en el siglo XVIII. Es una iglesia que formó parte del Colegio de San Martín para niños indígenas y posteriormente fungió como seminario para la formación de religiosos.
Desde que llegas a Tepotzotlán, Pueblo Mágico desde 2002, llama la atención una larga y alta barda de piedra localizada a tu derecha, que si la sigues, te lleva directamente a uno de los templos más hermosos que en México existen, y que sólo es comparable con la grandiosidad de Santa Prisca, en Taxco, Guerrero, o con el templo de San Cayetano, en Guanajuato, las tres obras más importantes de Churrigueresco en México.
Elementos exteriores
Detente en el amplio atrio de la iglesia y mira con detenimiento su magnifica fachada de cantera gris construida entre 1760 y 1762, sobrepuesta a la construcción original del siglo XVII y que se atribuye al arquitecto Ildelfonso Iniesta Bejarano. Es la expresión del barroco en todo su esplendor. Está formada por dos cuerpos y un laborioso remate donde destaca la Virgen María, la gran protectora de la Compañía de Jesús.
El segundo cuerpo, que parece el más adornado, es una muestra fiel de lo que fue el barroco virreinal: amor a lo fastuoso, a lo exuberante, a lo exagerado. Este arte llenaba todos los espacios, incluía diversos elementos como prismas, medallones, guirnaldas y pilastras bellamente decoradas, pero también la figura humana, por eso en este apartado aparecen importantes personajes que apoyaron la labor de los jesuitas.


 San Ignacio de Loyola, fundador de la orden, se deja ver en el primer cuerpo rodeado de ángeles y pilastras estípites que contienen imágenes de santos, flores, hojas y uvas, todo ello por encima de un llamativo portón. 
Ahora desvía tu mirada a la derecha, concentra tu atención en la  torre y en el campanario, ¿Verdad que son tan hermosas como la portada principal? Datan del siglo XVIII y tienen un laborioso trabajo que se llama almohadillado. ¿Habías visto antes ese par de  columnas a sus costados y la cruz de hierro forjado con la que remata la torre? Busca la fachada lateral, veras que también sus elementos decorativos son altamente refinados.
Impactantes interiores
 Pensar que el templo de San Francisco Javier tiene su máximo atractivo en su fachada, puede ser un error, ya que su interior es tanto o más bello que su exterior. Cuando se entra, a través de una pequeña puerta que está al interior del Museo Nacional del Virreinato, no queda más que exclamar: ¡Guau!, pues de repente se está en medio del conjunto de retablos más importantes del barroco estípite del siglo XVIII, atribuidos a Higinio Chávez y Miguel Cabrera. Fueron construidos exprofeso para los habitantes de Tepotzotlán, para enseñarles  las buenas costumbres y la religión, toda vez que estos no sabían leer y escribir.
 El retablo principal es deslumbrante y no dejas de preguntarte ¿cuántas personas y por cuánto tiempo trabajaron para realizar esta belleza? Está dedicado a San Francisco Javier y su tema es La Sagrada Familia. Cuando vayas, es importante que te unas a una visita guiada, estos altares tienen toda una lectura y es mejor que un experto los explique; están tallados en madera de cedro blanco (es amarga y la polilla no la invade) y recubiertos con lámina de oro de 24 quilates.
Dicen los textos que: “Los retablos barrocos tenían por objeto atraer al individuo, atraparlo e invitarlo a mirar detenidamente el mensaje que contienen y, una vez que lo asimilan, no lo olvidarán fácilmente”. Así, en el panel principal está San José, la Santísima Virgen, sus padres, Santa Ana y San Joaquín; San Juan Bautista, el niño Jesús y, en el lugar principal, San Francisco Javier. De tal manera que si los nativos sabían que existió la Sagrada Familia, ellos debían vivir como una familia.
Son 13 los retablos que hay, cada uno dedicado a personajes de la época en que fueron construidos (siglo XVIII y XIX) o a diferentes santos; la Virgen de Guadalupe, San Estanislao de Kotska…Y, aunque menos ostentosos o más pequeños, en ellos se puede apreciar las diferentes artes de la que se valió el barroco: la talla de pasta de caña y de maíz, la escultura, la madera tallada y estofada, la platería, el color y los adornos.
¿Sientes que con eso es suficiente? ¡Pues no! Te falta pasar, en la parte posterior del templo, a la casa de la Virgen de Loreto. Esta imagen es muy venerada en Tepotzotlán y cada año, semejante al ritual que se hace con el niño Dios, se le cambia de vestido. Y como para ello se requiere de privacidad, le construyeron un camarín.
El Camarín de la virgen es un recinto de forma octogonal ricamente decorado y a él sólo podían entrar los sacerdotes que iban a vestir a la virgen. Su techo es sorprendente, ahí el estuco policromado, la madera tallada, los espejos,  la pintura, la plata, las flores y la fruta, como ofrendas a la virgen, lucen en todo su esplendor. Es una cúpula con un cupulín que remata con el Espíritu Santo, una blanca paloma que va en busca de la luz.
Ángeles, Arcángeles, Querubines, Serafines y otros santos sostienen esta hermosa bóveda celestial, donde las pinturas de los muros son un gran atractivo, en uno de ellos, un ave fénix.
¿Quieres quedarte con esto y regresar otro día? Te falta recorrer la mayor parte de los recintos que conforman el Museo Nacional del Virreinato: su biblioteca, donde hay un aproximado de cuatro mil volúmenes, algunos de ellos incunables; la Capilla Doméstica, el Patio de los Aljibes, la Sala de las Monjas Coronadas, el huerto con sus olivos, su botica, las pinturas de sus muros, pero también las colecciones y obras coloniales que se exhiben en forma permanente. Todas, correspondientes a nuestra época virreinal.

Quienes vayan a esta localidad de montañas, no se arrepentirán, pues Tepotzotlán se localiza a sólo unos cuantos kilómetros de la Ciudad de México y tiene todo para recibir al visitante: cultura, historia, gastronomía, diversiones, artesanías y una linda plaza rodeada de portales y restaurantes donde se puede disfrutar de la cocina tradicional mexicana: pambazos, barbacoa, cabrito, chapulines, escamoles y caracoles, entre otros antojitos.

Datos para no olvidar    
* Tepotzotlán se localiza a sólo 45 minutos de la Ciudad de México
*El conjunto conventual del siglo XVII, hoy Museo Nacional del Virreinato, fue clasificado como monumento histórico en 1933.
*En 1964 el presidente Adolfo López Mateos lo inauguró como Museo Nacional del Virreinato
*Con las Leyes de Reforma de 1859, el colegio-seminario fue declarado propiedad de la nación. En 1871, los tepotzotlenses se oponen a que se haga cárcel. En 1880, bajo el régimen de Porfirio Díaz, luchan para que no se convierta en penitenciaria.
*En reconocimiento a la belleza que encierra Tepotzotlán, en 2002 la Secretaría de Turismo lo declara Pueblo Mágico.
   




 

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