lunes, 23 de julio de 2012

Viñales, tierra de tabaco y mogotes


Viñales es otra Cuba, una Cuba que cambia el color turquesa del Caribe por los intensos tonos verdes de la planta de tabaco y los aromáticos destellos del humo del habano

Édgar Rogelio Reyes


Dicen que para hablar de habanos y mogotes, primero hay que conocer Viñales, esa pequeña población enclavada en la zona más occidental de Cuba, que tan famosa se ha hecho no sólo por producir los mejores puros del mundo, sino también por ser dueña de uno de los paisajes más singulares de toda la isla.

Cuando hablamos de Cuba, la primea imagen que viene a la mente es la de una playa espectacular de arenas blancas. Sin embargo, llegar al valle de Viñales es encontrarse con una Cuba radicalmente distinta, verde y exuberante, de paisajes ondulantes y extensos campos.


Una Cuba conocida por muy pocos viajeros y que esconde parajes naturales realmente cautivadores. Prueba de ello son los famosos mogotes, una especie de “montes” que la geomorfología en estricto sentido define como: “una unidad de relieve prominente y aislada, de forma cónica y con su punta roma característicos del Caribe y especialmente de Cuba”.

Una definición muy precaria y bastante solemne para describir la singular belleza de estos promontorios que, en la visón de un poeta, serían; un puñado de retraídos centinelas dispersos en todas direcciones, cuya única función es resaltar la peculiar magnificencia de los valles de estas tierras.

Pero que no se mal entienda, si bien los mogotes son de llamar la atención por sí mismos, su atractivo es una belleza de conjunto, una belleza que nace de la unión de colores y formas, de los tonos ocres de suelo arcilloso y del verde de las tiernas hojas de tabaco que crecen a su alrededor.

Lo cierto es que, muy a pesar de cómo se quieran definir, estos promontorios no son más que uno de esos bellos caprichos de la naturaleza capaces de cautivar hasta aquellos que los han visto más de una vez.

Entre paisajes y habanos

Sin ninguna duda, lo que no puede faltar cuando se está en Viñales es disfrutar del sabor de un buen habano, y  para ello, es preciso conocer una de las Casas de Tabaco.

Son chozas hechas de madera y hojas de palma con techo de dos aguas, que a lo lejos no parecen tener mayor virtud que la de observarse pintorescas en medio de un paisaje inundado por el contrastante verde de los campos, sin embargo, al entrar en ellas todo cambia.

Basta pasar el quicio de la puerta para quedar cautivado por el aroma amargo de las hojas que se secan al sol, ese aroma inconfundible que es capaz de evocar los más intensos recuerdos e incluso, saturar el sentido del olfato hasta el punto de hacerlo caer en constantes desatinos.

Y es que aquella pequeña choza es en sí misma, el corazón del mundo del tabaco y  particularmente, el de los habanos. De hecho, referirse a este lugar como una simple choza, es una imprecisión garrafal, pues es algo que va mucho más allá.

Este es el lugar donde las hojas de tabaco se secan luego de pasar por un complejo y minucioso proceso de selección que tiene por objeto clasificarlas dependiendo de sus características y sabor.

Para quien la visita por primera vez, es fácil percibir que se trata de un sitio único, con atmósfera muy peculiar y una belleza que emana sencillez y un ambiente casi romántico.

La luz que se cuela por ventanas y puertas toma de inmediato una coloración parda  como de añeja fotografía; las paredes, los techos y todo alrededor se encuentra cubierto por las hierbas secas que cuelgan de largos palos de madera llamados barrederas, y sólo en el área más cercana al suelo es posible ver las hojas verdes recién cortadas que inician el proceso.

Cuando las barrederas son movidas, bastaría con cerrar los ojos para escuchar el leve crujir de las hojas, dar un largo respiro y comenzar a percibir ese picor con tonos de especias tan característico del tabaco.

Un rincón sencillo y complejo a la vez

Esto es lo que muchos llamarían la extraordinaria belleza de la sencillez. No obstante su austeridad, estas casas encierran una extraordinaria complejidad, pues dicen los que saben que para hacer eficaz el secado del tabaco, estos bodegones tienen que estar orientados según los puntos cardinales de este a oeste, para que el sol sólo caliente la parte del frente al amanecer y la trasera, al atardecer.

De esa manera es posible controlar más fácilmente las condiciones de calor y humedad con tan sólo abrir y cerrar puertas y ventanas. Quizá es por esta singular belleza que resulta muy común observar a decenas de turistas deambular por los campos de tabaco admirando el paisaje (usualmente rodeados de mogotes) y tomando fotos metidos entre los largos tallos de esas finas y estéticas plantas que un día serán habanos.

Lo cierto es que, como reza la frase, para poder entender  y disfrutar cabalmente lo que un buen habano representa, primero hay que conocer Viñales, así la próxima vez que el humo de un cigarro cubano se disperse y deje sus aromáticos destellos frente a tí, seguramente recordarás las imágenes de los mogotes y la belleza de una Cuba absolutamente diferente.
Datos

El Parque Nacional de Viñales fue declarado Paisaje Cultural de la Humanidad en 1999 por la UNESCO

 Cómo llegar
Sin duda la forma más cómoda de arribar a Viñales es contratando un tour desde tu país de origen, eso ahorra mucho tiempo y problemas. Existe también la opción de autobuses que salen desde la ciudad de La Habana operados por la empresa Viazul, son modernos, cómodos y seguros, aunque tienen pocas salidas diarias. El trayecto es de aproximadamente tres horas y treinta minutos.

La última, aunque sin duda la más cara de las opciones, es contratar un taxi para hacer el recorrido. No obstante, el precio es también una buena experiencia.

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