lunes, 20 de agosto de 2012

Los viejos moradores de la San Rafael


Recintos de espectáculos, atractivas viviendas de 1900, restos de haciendas o casas que habitaron poetas y escritores esperan la visita de los capitalinos

Ma. Consuelo Contreras E.


Hace muchos años, para llegar al sitio donde ahora se ubica la colonia San Rafael, se tenía que tomar un trenecito que te llevaba a las afueras de la ciudad, un lugar lleno de haciendas y ranchos por donde corría el río del Consulado. Todo por ahí era tierra sedimentaria, fácilmente anegable, ahí se extendía la antigua calzada México-Tacuba. 

Fue hasta finales del siglo XIX y principios del XX cuando las élites de lo que hoy es el Distrito Federal comenzaron a migrar, y los sitios considerados de descanso —habitados por población de medianos y escasos recursos—, poco a poco fueron ocupados por grandes mansiones de diferentes estilos arquitectónicos y bellos ornamentos, con una marcada influencia francesa.

Así surgió la colonia San Rafael, poblada por diferentes clases sociales. Verdaderos palacetes tuvieron que compartir espacio con edificios que alojaban empresas, tiendas de barrio, cafés chinos, bares, cantinas, talleres para reparar distintas cosas, más otros giros.

Por los años 1940-1950 la colonia arropó magníficos centros de diversión, cines y teatros de fastuosa decoración y amplias salas donde se realizaban los estrenos de exitosas obras. El "Broadway de México", como le llamaban algunos. El teatro Aldama, el cine Encanto (1937), el cine Ópera, por citar algunos.

La diferencia de clases, aunada a la construcción de la línea dos del metro y el Circuito Interior, que se realizaron en los años 1960 y 1970, más el establecimiento del comercio informal, provocó que muchos residentes ricos emigraran de la colonia abandonando sus elegantes mansiones, lo que ocasiono que muchas de ellas fueron invadidas por personas ajenas que, ignorantes de su valor, las han destruido poco a poco.

Actualmente muchas de esas edificaciones perduran, unas en el total abandono, otras sirviendo de vivienda a varias familias, algunas luchando por convertirse en centros culturales y otras anunciando su rescate para volver a vivir. Aquí algunos de esos viejos moradores.

En Sullivan 43, el Museo El Eco

Si nos gustan las paredes que no llegan al techo o sabemos ver encontrar la belleza en una alfombra mutilada, será interesante acudir a la calle de Sullivan 43. Este edificio cuya belleza exterior no dice mucho, tiene en su interior cosas que contar. Es el Museo Experimental El Eco, de la UNAM, un espacio destinado al arte: pintura, escultura, arquitectura y danza.

Por aquí pasó la obra de Carlos Mérida, Henry Moore y Rufino Tamayo, pero también la de Luis Barragán y la de Mathías Goeritz, entre otros. Inaugurado en 1953, tiene una historia interesante: primero museo, luego centro nocturno, después otra vez museo, en fin, un lugar para sentir la arquitectura emocional. 

 Antonio Caso y Rosas Moreno 

Todavía con su fachada casi integra, pero con los agujeros de lo que fueron puertas o ventanas tapiadas con tabicón, que nada tiene que ver con la piedra rosa con que fue construida, una de las obras del afamado arquitecto Antonio Rivas Mercado —artífice del Monumento a la Independencia—, que sirvió de vivienda al poeta mexicano Renato Leduc, luce, aparentemente, abandonada y agredida en uno de sus costados por una mal aplicada pintura blanca.

 Por fortuna su fachada superior aún se conserva y es posible distinguir los detalles ornamentales del clasicismo europeo que los arquitectos mexicanos imprimían a sus obras.


Segunda calle de Guillermo Prieto

En esta calle nos encontramos con una curiosa placa que dice: “aquí hubo una hacienda”, esto, para que los vecinos no olviden que en este sitio fue donde se establecieron las primeras grandes residencias. Se sabe que la mayor parte de la colonia se asentó en el espacio que pertenecía a la hacienda San Rafael y en honor a ello la colonia lleva su nombre.

A media cuadra están los restos de lo que fue una gran finca de estilo árabe, con ventanas ornamentadas que aún llaman la atención. Quienes la habitan, desde hace más de 80 años, nos permitieron la entrada y pudimos ver que gran parte de su interior aún se conserva, sin embargo, ellos han hecho algunas demoliciones para solventar sus necesidades. Lo que seguramente fueron sus amplios patios, ahora están ocupados por una gran cantidad de autopartes, lavaderos, botes y tendederos.

Calle Serapio Rendón # 59

En esta calle hay grandes sorpresas, una de ellas son sus privadas, La Roja y La Blanca. Orgullo de los que ahí habitan, estas señoriales viviendas fueron construidas para ser habitadas por lo mejor de la sociedad porfiriana. Y así fue, cuando menos en la Roja, donde con el paso de los años los inquilinos cambiaron, y las señoritas de la alta sociedad fueron reemplazadas por prostitutas, drogadictos y vagos.

Alfonso del Valle, actual propietario de la Privada Roja, cuenta que este bello espacio fue un lugar terrorífico, y para desalojar a sus antiguos huéspedes, debió sostener un pleito legal que duró casi 20 años, y que costó mucho dinero y amenazas a su seguridad, pues a varias de estas personas, las  apoyaba la Asamblea de Barrios, una asociación que tiene mucha fuerza en la colonia.

Estar en los pasillos de La Privada Roja es regresar a principios del siglo XX, ya que esta inmensa mansión de estilo ecléctico, edificada en tabique rojo, fue construida en el año de 1907 para dar alojamiento a las familias que mandaban a sus hijos a la escuela de Los Mascarones, ubicada en lo que ahora es la Ribera de San Cosme. 

Un gran corredor central flanqueado por balcones de herrería adornados con macetas de talavera, realza la belleza de los grandes arcos que muchas veces admiraron Frida Kahlo y Diego Rivera, y que también sirvieron de marco para la película Frida

Esta privada, llena de historias y leyendas, está provista de un pequeño restaurante que da servicio a sus huéspedes (artistas, escritores, pintores), pero también recibe a visitantes que deseen disfrutar de buenos platillos y bebidas.

Serapio Rendón # 9, cine Opera

Fue necesario que Michael Nyman —reconocido músico-fotógrafo británico— intercediera ante las autoridades culturales de México, para que éstas iniciaran el rescate del cine Opera, el más lujoso de los años 60, y que estuvo en el abandono total desde los años 70, época de declive del cine nacional.

Cuentan quienes lo conocieron, que el art decó que ostentaba el edifico construido en 1942, deslumbraba en los pasillos, salas y vestíbulos, lo que le dio fama y lo posicionó como uno de los centros culturales más modernos y elegantes de la época de oro del cine mexicano.


Recientemente se supo que el Instituto Nacional de Bellas Artes aceptó que el Cine Ópera se someta a un cuidadoso proceso de limpieza, restauración y remodelación, en el que se tratará de respetar al máximo sus instalaciones originales, incluyendo su atractiva fachada con sus dos grandes figuras de piedra.
Algunos datos

*La colonia San Rafael, antiguamente de los Arquitectos, es una zona de cines, teatros, cementerios, iglesias, colegios y cárceles que vale la pena visitar.

*La “Gran Logia Valle de México” es un edificio que se pueden visitar en La San Rafael. Uno de los lugares interesantes es su salón de honor, donde se encuentran los bustos de masones mexicanos destacados: Benito Juárez, Vicente Guerrero, Ignacio Manuel Altamirano, entre otros.

*El Cementerio Nacional de los Estados Unidos, del siglo XIX, donde están enterrados 11,500 soldados norteamericanos, se destaca por su limpieza y ornamentación natural.  

 *La colonia San Rafael está limitada por las siguientes calles: Sullivan y Parque Vía al sur; Ribera de San Cosme, al norte; la avenida Insurgentes en el este; y el Circuito Interior Melchor Ocampo, al oeste.

1 comentarios:

carmen ramirez dijo...

Tambien hay edificios y Casonas en la Calle de Sadi Carnot muy bellos como la de la numeration 35 podran decir de quien la vivió

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