miércoles, 28 de noviembre de 2012

La Antártida, un viaje de descubrimiento




Hace 200 años nadie sabía que de verdad existía: se pensaba que la Antártida únicamente vivía en la imaginación de los griegos antiguos, debido a que Aristóteles había postulado la existencia de un continente austral

Texto y Fotos: Patty Eversbusch

Éste es el relato no de un simple viaje turístico sino de una expedición; de toda una aventura en uno de los lugares más inhóspitos de nuestro planeta: la Antártida.

Se trata de una singular experiencia que vivimos durante un crucero organizado por la naviera noruega Hurtigruten, con duración de 13 días a bordo del rompehielos MS Fram; confortable embarcación cuya capacidad es para 600 pasajeros.

La aventura comienza desde que llegamos a Ushuahia, el puerto de partida: ciudad ubicada en la Patagonia argentina, la tierra más austral del continente Americano.

La bióloga Rosita Doerflinger, una de las expertas conductoras de la expedición, explica para Confines que estos viajes de estrecho contacto con la naturaleza, tienen el propósito de que las personas comprendan lo que es la ecología.

“Hay que enseñarle a la gente lo que es la Antártida y por qué es importante cuidar a las especies para que sigan viviendo. Debemos transmitir este mensaje para evitar que estas  tierras se dañen”, aseguró enfática.

“Lo más importante" continuó la especialista, "es mostrarle a la humanidad que hay una parte del mundo que aún no ha sido tocada por los seres humanos, pero además que es muy bella. Como ésta, hay otras tierras que deben rescatarse en beneficio de las generaciones futuras."

Comienza el espectáculo

El primer contacto con el continente antártico empieza al cruzar el pasaje de Drakke, desde donde podemos admirar los colosales icebergs con tonalidades que van del blanco al azul agua. La isla de King George es el primer sitio de desembarco. Los pasajeros descendemos en reducidos grupos a bordo de lanchas tipo sodiack.

En esta isla ocurre el primero de los varios encuentros que tendremos con tres de las cuatro especies de pingüinos que existen en el planeta.

En Halfmoon Island ocurre el siguiente descenso. Desde ahí se observan las más espectaculares vistas de las islas de South Shetlands, ubicadas en la zona volcánica de la Antártida, completamente cubiertas de nieve y donde anidan los pingüinos; es hábitat natural de petreles (aves marinas), elefantes marinos y focas.

Durante la travesía, cuando nos dirigíamos a tierra firme, navegando rumbo al sur por el canal de Herrera, la expedición llega a Cuverville Island: un mágico lugar donde la nieve, los animales marinos y la colonia más grande de pingüinos de Barbijo de la Antártida son el deleite de los visitantes.

El regreso al barco resulta espectacular, ya que las lanchas se abren paso entre gran cantidad de bloques de hielo y gigantescos icebergs.

Al viajar por la costa de la península Antártica se aprecian paisajes maravillosos; dicen que en verano se tiene la experiencia de vivir días muy largos, con lapsos de oscuridad no mayor a tres horas.

El sueño se hace realidad. La siguiente parada es en una bahía escénica: llegamos a Neko Harbour, la tierra firme de la Antártida donde tendremos la oportunidad de descender para encontrarnos con un refugio argentino y una colonia de pingüinos. La sensación es indescriptible.


Pisar suelo antártico significa estar en uno de los contados sitios del planeta donde sólo unas cuantas personas han llegado.

El silencio de un mar congelado

En el amanecer del siguiente día, con temperaturas bajo cero grados incluso en verano, el Nordnorge navega por el enigmático y estrecho canal de Lemare, rodeado por montañas nevadas.

El asombro obliga al silencio, que sólo el crujir de los gélidos trozos interrumpe cuando la embarcación noruega se abre paso con su rompehielos.

Desde cubierta los viajantes nos asombramos con las pacientes focas leopardo, que echadas sobre el hielo esperan su alimento: algún despistado pingüino que tendrá la mala suerte de pasar por ahí y que, sin miramiento, se le echarán encima para devorarlo.

Al otro lado del canal está Peterman Island: el punto más austral que toca la expedición. Se ubica en una latitud de 65 grados 10 minutos sur. Las dimensiones del paisaje y su belleza son impresionantes.

La admiración vuelve a manifestarse en el grupo con un profundo silencio, que sólo se verá interrumpido por el canto de una gran colonia de pingüinos empollando.

El siguiente descenso es en Port Lockroy: una base británica de los años cincuenta del siglo pasado convertida en museo. Está rodeada por pingüinos de vincha (también conocidos como pingüino papúa o pingüino juanito, cuya característica es su parche blanco en la parte alta de la cabeza), y los viajantes podemos observarlos a muy corta distancia.

La isla Decepción es el último lugar de la Antártida donde descenderemos. Es una isla ubicada en un volcán activo cuya última erupción fue nada menos que en 1970.

La isla Decepción es famosa porque albergó las mayores instalaciones del mundo donde se procesaban productos a base de ballenas; eran los tiempos en los que se permitía la indiscriminada cacería de los cetáceos.

Más de un millón 400 mil ballenas fueron víctimas de la sangrienta e irracional cacería que tuvo lugar entre 1912 y 1931. En esta isla todavía se encuentran restos de esos grandes centros procesadores de carne y aceite de ballena.

Una de las características geográficas de la isla es que en su litoral fluyen aguas termales que contrastan con los gélidos mares de la Antártida.

Y no falta quien no quiera dejar pasar la oportunidad de disfrutar de estos contrastes de la naturaleza, por lo que algunos pasajeros deciden echarse un chapuzón: primero en el océano, al lado de grandes trozos de hielo, y luego en los pozos de aguas termales que se cavan exprofeso.

Es aquí cuando empieza el regreso al continente Americano. Primero tocamos el cabo de Hornos: uno de los mayores cementerios de barcos del mundo y que para los marineros cruzarlo es todo un rito.

Un final para reflexionar
El regreso a América lo hacemos por la costa chilena, navegando al lado de los espectaculares fiordos.

Durante el trayecto nos embelesamos con los grandes glaciares y disfrutamos algunos sitios de la Patagonia chilena, donde convivimos con las etnias de la región y nos deleitamos con su flora y su fauna.

No cabe duda que este singular viaje está muy bien planeado; lo mismo tiene propósitos lúdicos y de esparcimiento que didácticos y de reflexión. Por ello, al final, cada persona del grupo se convertirá en embajadora para la conservación de la Antártida.

Así lo dijo la bióloga Rosita Doerflinger mientras navegábamos a bordo del MS Fram “Las únicas tierras que se conservan vírgenes y sin contaminación de actividad humana es la Antártica, porque esto ya no ocurre en el Ártico, ahí la gente ha invadido y acabado con la fauna.”

“Es una suerte”, continúa, que no sólo tengamos el poder de destruir sino también podamos hacer algo para preservar los ecosistemas y las especies”, finalizó.

Detalles

1. Aprender de los pingüinos
Ver a los pingüinos en su hábitat es asombroso, pues los animales continúan con su vida cotidiana y no se inmutan con nuestra presencia.
La sociedad de los pingüinos es muy democrática: se cortejan y se dividen el trabajo: mientras la hembra empolla el macho va en busca de alimento al mar.

2. Un momento de alto impacto
Cuando navegábamos por el mar del Drakke tuvimos que enfrentar olas de 10 metros de altura, por lo que el capitán nos pidió que nos retiráramos a nuestros camarotes. Tuve miedo y me mareé a pesar de los medicamentos. N obstante pensé que esas grandes olas eran algo normal y lo tomé como parte de la aventura.

3. Gastronomía en alta mar
Durante el recorrido disfrutamos de variados platillos de alta cocina pudimos asistir a conferencias ofrecidas por antropólogos, ornitólogos y otros expertos.

Disciplina
A fin de proteger el ecosistema, el reglamento del crucero impide que más de cien personas a la vez permanezcan en suelo de la Antártida.

El 14 de diciembre de 1911 el noruego Roald Amundsen y su equipo llegaron al polo sur.






 

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