martes, 6 de noviembre de 2012

¿Las nuevas tecnologías sólo para nuevos viajeros?, los mostradores electrónicos

Édgar Rogelio Reyes
Escribo este post más por una cuestión de reflexión, y por la admiración que me causó hace un par de semanas una experimentada viajera que observaba por casualidad durante un viaje a Canadá, que porque yo mismo padezca los suplicios de utilizar las nuevas tecnologías.
La historia comienza la tarde de un día nublado en el aeropuerto de Toronto, justo antes de la llagada de la tormenta Sandy a territorio norteamericano; una tarde normal de cualquier aeropuerto del mundo, en el que cientos de viajeros esperan su turno para realizar su registro de abordaje.
Ya instalado en la línea de espera para entregar mi equipaje, meditando en mil y un cosas sin importancia, me percaté de la dificultad que supone aún hoy en día para muchos viajeros “jóvenes” la utilización de los mostradores electrónicos de registro.
Unas esbeltas y no muy imponentes máquinas con cara de cajeros automáticos que se encuentran en las salas de registro de distintas aerolíneas, y que, de sólo mirarlas, a muchos usuarios de aeropuertos les causan aversión.
En verdad resulta interesante tomarse un tiempo para observar con detenimiento las distintas reacciones de diferentes personas pertenecientes a los más variados rangos de edad, al llegar y ver estas herramientas tecnológicas, para unos una maravilla, para otros muchos una verdadera pesadilla.
Existen desde los que con una mueca de insatisfacción acceden a regañadientes a hacer su registro por esta vía, hasta los que más que con resignación que con ganas, se enfrentan a la máquina y a su destino con un dejo de pesar; los hay por supuesto también aquellos que hacen su tramite con total normalidad, toman su pase de abordar y se van.
Pero lo que más me llamo la atención fue esa viajera, una mujer de unos 65 años que con total aplomo se paró de inmediato y sin chistar frente al “aparatejo”, y con la maestría de un estudiante de informática seleccionó un idioma, introdujo su pasaporte, eligió el asiento e introdujo el número de equipaje que portaba, para luego tomar su pase de abordar y dirigirse tranquilamente a la línea en la que yo esperaba ya.
Aquella escena me hizo pensar si en verdad todas las nuevas tecnologías que se han incorporado en la industria turística en los últimos años se crean sólo para los nuevos viajeros, o si es únicamente una cuestión de actitud y experimentación adaptarse a los nuevos tiempos.
Después de todo, las grandes ventajas que ofrecen estas nuevas herramientas como son el ahorro de tiempo y la posibilidad de que el viajero elija exactamente lo que quiere, no se limitan a un rango de edad ni a aptitudes  sobre humanas.
Luego de ver a esa mujer, recordé que hoy en día el poder subirse a un avión es un procedimiento que sólo toma seis sencillos pasos y una pequeña dosis de disposición para aprender y soltar los miedos, ¡ qué máquinas tan extrañas!.





  

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