PUEBLOS MÁGICOS

Este es un espacio dedicado a aquellas poblaciones de México conocidas en la actualidad como Pueblos Mágicos, un proyecto que nació en el año 2001 como una inicitiva de la Secretaría de Turismo Federal (SECTUR) y que en términos generales ha dado muy buenos resultados, pero que como todo en la vida, tiene aún muchas fallas.

Actualmente existen 35 poblaciones consideradas como Pueblos Mágicos, pero si se hace un análisis detallado de todas y cada una de estas comunidades, muchas no tienen los merecimientos ni los atactivos para ostentar esta denominación.

Es por ello que en este blog nos hemos dado a la terea de hacer una recopilación de aquellos sitios que a nuestro juicio sí merecen ser llamados Pueblos Mágicos.




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Calpulálpam, un rincón mágico en la sierra de Oaxaca

Incrustado en la esplendida orografía de Oaxaca, rica en bosques, ríos, flora y fauna, Capulálpam de Méndez recibe a sus visitantes con música, orquídeas y begonias, pero también con arte sacro de los siglos XVI y XVII
María Consuelo Contreras
Protegida por la distancia que la separa de su capital y escondida entre montañas, cañadas y desfiladeros, Capulálpam de Méndez, una pequeña comunidad que aún se rige por Usos y Costumbres, todas las mañanas se despierta con el tañir de las campanas del Templo de San Mateo Apóstol, un recinto de los siglos XVI y XVII  que los capulalpenses consideran su máximo tesoro y que influyó de manera decisiva para que fuera nombrada Pueblo Mágico en noviembre de 2007.
Pero ser Pueblo Mágico no era la aspiración de Capulálpam, que al estar incrustada en un vallecito que robó a la Sierra Norte, en Oaxaca, es dueña de un paisaje de ensueño donde la Sierra Madre Oriental (en Oaxaca la Sierra Norte) la rodea de bosques, niebla, flores, pájaros, jabalíes, jaguares y tigres, entre muchas especies más.
Una parte importante del encanto que tiene este acogedor municipio y que es necesario recalcar, es la amabilidad y sencillez que tienen sus habitantes para quienes los visitan.  Nobles e inteligentes, se han negado a dejar sus tradiciones y siguen promoviendo el tequio (dar por dar) y saludando a todo aquel que se encuentran sin importar si lo conoce o no.
Lo de “Pueblo Mágico” le llegó a Capulálpam “por añadidura”, pues mucho antes de serlo, este municipio ya se preocupaba por darle mantenimiento a sus calles, a sus edificios, a sus templos y a sus casas, pero también resaltaba en todo momento la convicción y el compromiso que cada ciudadano tiene cuando vive en una comunidad que se rige por sí misma, es decir, donde los partidos políticos no tienen injerencia, las autoridades son elegidas por el pueblo y los puestos que desempeñan no tienen ninguna retribución económica. 
Cuenta el Profesor Netzar Arreortua Martínez, presidente del Comité de Pueblos Mágicos, que en el 2004 un grupo de personas del Consejo Mexicano de Turismo llegó a Capulálpam a petición de la Secretaría Estatal de Turismo, con la finalidad de evaluar si el municipio reunía las condiciones necesarias para proponerlo como Pueblo Mágico, dado que para ese entonces Oaxaca no tenía ni un sólo Pueblo Mágico.
“A las otras Siete Regiones (la Mixteca, la Cañada, Papaloapam, Sierra Sur, Valles Centrales, Costa e Istmo) también mandaron evaluadores, pero el que más calificó fue Capulálpam, que para ese entonces ya contaba con seis rutas turísticas que la comunidad había creado con la finalidad de atraer al turismo, pero del programa de Pueblos Mágicos nadie sabía nada. Cinco rutas de naturaleza y una cultural conformaban la oferta turística que Capulálpam ofrecía.
“Así que había que decidir cuál sería la más importante para ponerla al frente del programa, pero los habitantes de Capulálpam consideraban que todas tenían el mismo valor y se empecinaron en que, tan importante era la cultural como las de turismo de naturaleza y que como tal tenían que aparecer. Ante tal postura, el comité cedió y presentó la oferta en paquete.
“Capulálpam tenía una ventaja sobre las otras comunidades: su ruta cultural estaba encabezada por el Templo de San Mateo Apóstol, una iglesia de estilo neoclásico barroco construida por Frailes Dominicos a finales del siglo XVI y principios del XVII, que hasta nuestro días sigue mostrando el esplendor que antaño tenía”.
Visto por fuera el templo luce una edificación bastante sencilla, pero basta que sus puertas se abran para quedarnos sorprendidos de la belleza, tanto del pórtico como de sus 14 retablos de madera que fueron construidos o colocados en sus dos costados y que sirven de preámbulo al altar mayor, en cuyos paneles se narran la vida del apóstol.
En el pórtico, adornado con dibujos originales, propios de la decoración de los Dominicos (flores de Liz en distintos colores) luce un medallón que atestigua que el templo se terminó de construir el 20 de abril de 1731.

Son retablos que se presume fueron traídos de otras iglesias, unos de madera pura y otros ya cubiertos con láminas de oro de 24 quilates, cada uno dedicado a una divinidad (Cristo del Calvario, Virgen de la Soledad…), pero todos con una decoración abundante a base de ángeles, arcángeles y otras figuras sacras finamente talladas que dejan ver la maestría de los artesanos de la región, quienes cuidaron de dejar plasmados en las figuras los rasgos de la comunidad indígena. 
Además de estos tesoros, el templo tiene en su interior una buena cantidad de pinturas que se presume sean de los siglos XVI, XVII y XVIII cuyos autores se desconocen. Entre ellos uno de Santa Rosa de Lima, único en su género a nivel mundial. Esta riqueza y los grandes saqueos que ya han ocurrido en iglesias cercanas (incluso en Oaxaca) obligan a que el templo permanezca la mayoría del tiempo cerrado y resguardado por un comité de vigilancia que incluso duerme ahí.
La magnificencia del templo, los múltiples premios que ya la comunidad había logrado en desarrollo sustentable y en la conservación de arroyos y bosques, más la importancia que daban, y dan, a la enseñanza de la música regional en los niños (que ya motivó la creación de una banda y una marimba infantil), además de otros atributos que tiene la comunidad de Capulálpam de Méndez, fueron suficientes para declararlo como Pueblo Mágico.
¡Animate ¡ Y visita Oaxaca, y no olvides reservar dos días, como mínimo para ir a Capulálpam. En su centro podrás disfrutar de unas ricas empanadas, tacos, quesadillas, y si corres con suerte, hasta te toca que la orquesta de niños esté tocando en su bello kiosco. ¡No te vas a arrepentir! Vas a ver que después no te querrás ir, sobre todo cuando compruebes que este bello pueblito es más mágico por los valores que prevalecen en sus habitantes.
¿Cómo llegar?
Capulálpam se localiza a 72 kilómetros al noreste de Oaxaca y en automóvil se puede llegar, una vez tomada la desviación, en dos horas por la carretera 175.
Una precaución
Si vas en auto particular toma en cuenta que es una carretera plagada de curvas y que se requiere de cierta pericia. Hay que seguir la salida a Ixtlán de Juárez. Un taxi cobra 90 pesos en colectivo y en servicios particular 600 pesos por llevar hasta cuatro pasajeros.
¿Dónde Hospedarse?
Lo mejor, para vivir la experiencia completa, en cabañas que ya tienen construidas hasta para un total de 80 personas. Son diez cabañas (dúplex y sencillas) que cobran 170 pesos por día, por persona, y se pueden alojar hasta ocho en cada una. Todas cuentan con baño, agua caliente y fría, regadera y chimenea y se localizan en un lugar de ensueño en medio de la sierra.
Si se prefiere, hay casas particulares que ofrecen el servicio por 150 pesos por persona por noche.
Más información en Ecoturismo Comunitario de Capulálpam de Méndez: (01951) 539 2168
¿Dónde comer?
Si te alojas en las cabañas existe un comedor comunitario cuyo menú es de 120 pesos y se compone de una sopa, arroz, un plato fuerte, postre y café. Todas ofrecen la comida típica de Oaxaca como tasajo, tlayudas, chapulines, mole negro o coloradito, así como café y chocolate.

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Los Pueblos Mágicos serán sólo 52 y habrá incentivos para los mejores


Édgar Rogelio Reyes Contreras
En el marco de la Quinta Reunión Nacional de Pueblos Mágicos, realizada en el estado de Colima del 25 al 27 de mayo pasados, se dieron a conocer varios nuevos lineamientos con el objetivo de mejorar lo hasta ahora hecho con este programa.
El primero de ellos y quizá uno de los más importantes, tiene que ver con la definición del número de comunidades que integrarán definitivamente el programa, la cual será de 52, ello con el objetivo de mejorar la calidad y concentrar los esfuerzos presupuestales y que estos no se diluyan tratando de convertir en Pueblos Mágicos a comunidades más allá de las estrictamente necesarias.
De acuerdo con la secretaria de Turismo Federal, Gloria Guevara Manzo, esto permitirá elevar la competitividad entre todas las comunidades, y en consecuencia, las hará más atractivas para el turismo nacional e internacional.
En este mismo sentido, anunció que para estimular la creatividad, la innovación, la calidad y el trato al turista, anualmente se otorgará un premio de 10 millones de pesos al mejor Pueblo Mágico.
La titular de turismo también mencionó que, como parte de los esfuerzos que el gobierno federal emprende para apoyar el programa, la secretaría a su cargo lanzará el Pasaporte Pueblos Mágicos, ello con el objetivo de incrementar el número de turistas a estas comunidades.
A través de dicho pasaporte, los turistas que lo adquieran, podrán sellarlo durante la visita a cada comunidad perteneciente al programa y de esa forma tener la oportunidad de participar en concursos y en un gran sorteo al final del año.
Como parte de estos esfuerzos de promoción a favor de las comunidades, se presentará en la ciudad de México una muestra fotográfica que mostrará las riquezas y la magia de estos pueblos. Asimismo, Guevara anunció que la capital del país será la sede de la celebración del décimo aniversario del programa con la Expo Pueblos Mágicos, que tendrá como objetivo presentar la diversidad de la oferta turística que tienen estas comunidades.
Guevara dijo también que los Pueblos Mágicos son una herramienta que permite potenciar la oferta turística, basada en las riquezas naturales únicas, la historia, la diversidad gastronómica y el cuidado del medio ambiente.
Los Pueblos Mágicos son un símbolo distintivo y una marca turística reconocida, por lo que todos los actores involucrados en este programa tienen el compromiso y la responsabilidad de mantener los niveles más altos en calidad de servicios y calidez al turismo nacional y extranjero.
De 2007 a 2011 la Secretaría de Turismo destinó 818.7 millones de pesos para el programa de Pueblos Mágicos, lo que permitió detonar inversiones por mil 862.8 millones de pesos para beneficio de esta industria.
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Izamal, un pueblo de oro y corazón maya


Édgar Rogelio Reyes
Izamal es uno de esos lugares singulares, bellos es quizá una definición más certera; uno  de esos lugares que parecen habitar en el imaginario de muchos como la ensoñación fantasiosa de todo lo que un pequeño pueblo debe de ser, o al menos, todo lo que muchos románticos pueden desear.
Un lugar de atmósfera apacible, donde se ha instalado una dictadura del color en  la que el amarillo y el blanco se han instalado hasta en el último rincón; dejando casi sin posibilidad a los sentidos de percibir alguna otra pigmentación que rompa con su armónica supremacía.
Aquellos lugares donde el haz de luz refleja una tonalidad diferente, son escasamente los techos de las casas adornados de teja, los tonos grisáceos de sus calles empedradas y el azul del cielo que lo cubre.
 Es uno de eso lugares que parecen haber sido creados  por la mente de algún despistado soñador  que dejo sus pensamientos olvidados, o quizá, el producto de los bosquejos de un hábil escritor que creó un escenario de novela. Sus calles empedradas son de esas que permiten escuchar el sonido de tus propios pasos al andar y el sonido que hacen las ruedas de las carretas en su lento transito.
Izamal es uno de esos lugares en donde el sol cae a plomo y las personas salen a los pórticos de las casas a tratar de mitigar el bochorno sentados en una mecedora, como si la vida se hubiese hecho sólo para el placer.
Un uno de esos sitios en donde el tiempo pasa lento, las tardes son interminables y las personas aún tienen una sonrisa franca, un lugar donde un “buenos días” es respondido con ese inconfundible acento de la lengua maya que hasta hoy perdura en Yucatán.
Una ciudad con historia de tres culturas
 Aunque luce todavía como un pueblo, Izamal es en realidad una pequeña ciudad ubicada a poco más de 72 kilómetros de Mérida, la capital del estado de Yucatán. De hecho, esta comunidad forma parte del programa Pueblos Mágicos, que en México se ha creado con la intención de rescatar aquellas comunidades que hasta hoy siguen conservando esa esencia ancestral, tradiciones, costumbres e historias que las hacen diferentes de tantas otras.
De origen maya, pasado español y presente mexicano, esta ciudad fundada en el siglo XVI por los conquistadores españoles, es una de las grandes materializaciones del sincretismo religioso y cultural que se gestó en México y es por ello que también se le conoce como la “Ciudad de las Tres Culturas”.
Hablar de Izamal es necesariamente hablar de tres épocas, de tres raíces que a lo largo del tiempo construyeron lo que es hoy. Por una parte, el pasado español, aquel que es visible, el que heredó esa maravillosa arquitectura colonial de altos techos y calles empedradas, aquel que dejó cuenta de su influencia con obras como el ex conjunto conventual  de San Antonio de Padua construido en 1561, el cual cuenta con un atrio cerrado con una extensión de 7,806 metros, el segundo más grande del mundo sólo detrás de la Plaza de San Pedro.
Su enorme pasillo formado por 75 arcos y pintado del inconfundible color amarillo que caracteriza a esta población, es sin duda uno de los mayores atractivos turísticos del lugar.   
Por otro lado se encuentra el pasado prehispánico de orígenes mayas, ese que yace detrás o mejor dicho, debajo de la hermosa arquitectura colonial, debajo de las casas, de los atrios, de las iglesias, un pasado que apesar de sus suerte, perdura y permea la cultura y las costumbres de las personas que habitan Izamal.
 Y es que aquí el pasado maya aún vive y se respira no sólo en los relatos de los arqueólogos, sino en la realidad cotidiana. Basta levantar la mirada y observar los montículos que se encuentran alrededor de la ciudad para saber que su legado está tan presente como el español, tan vivo y tan influyente.
Esas elevaciones en la geografía que para los ojos inexpertos no son más de montículos de tierra, son en realidad restos de las pirámides mayas que dieron origen a este lugar muchos años antes de la llegada de los españoles.
De acuerdo con los expertos, Izamal fue fundada al rededor de año 50 D.C,  que rápidamente se convirtió en un importante centro ceremonial y religioso de gran poderío económico, como lo dan cuenta la cantidad de Sácbes o “Caminos blancos”  que los antiguos pobladores mayas construían para conectar sus poblaciones más importantes.
No obstante su importancia, como muchas otras ciudades estado, Izamal fue abandonada antes de la llegada de los españoles por razones desconocidas hasta ahora.  Fue debido a esa gran importancia y a sus dimensiones, que los enviados de la corona española decidieron fundar allí otra ciudad y utilizar los materiales de las antiguas pirámides para construir las nuevas edificaciones, para de esa manera comenzar la evalgelización.


De hecho, el imponente atrio del convento  de San Antonio, no es más que la plataforma de una gran pirámide que formaba parte de un centro ceremonial maya. Es por eso que hoy en día, no resulta extraño que al transitar por las calles de este poblado, el visitante pueda encontrarse con los restos de pirámides..
Si se encuentra un punto lo suficientemente alto, es posible observar con facilidad por un lado, una gran pirámide de diez niveles dedicada al dios del sol Kinich Kak Mo, en otra dirección pirámide llamada Itzamatul , así como el templo de Hun Pik Tok. Los trabajos arqueológicos dan cuenta de más de 100 estructuras repartidas en el área de la ciudad y sus alrededores.
Por último, La tercera raíz, la más joven y la que se nutre por igual de las dos anteriores, esa que aún tiene mucha historia por escribir y que comienza a emerger  de entre las dos anteriores es la raíz del México moderno, la cual se proyecta en el Izamal del año 2011, un lugar que bien podríamos definir como un pueblo de oro y corazón maya.

Notas para el Viajero
Dada la gran cercanía que tiene Izamal con la Ciudad de Mérida, una de las ciudades más bellas de México y uno de los puntos que no pueden faltar en un buen itinerario por el sureste mexicano, es muy recomendable planear un recorido que incluya las dos ciudades.
Desde la estación de trenes de Mérida sale un tren que te lleva directamente a Izamal por un costo aproximado de 20 dólares ida y vuelta. Algunos otros  viajeros  prefieren la opción de un tour a Chichen Itzá que ofrezca también una visita a Izamal.
Sin embargo, los dos sitios tienen tanto que ofrecer que mi recomendación es que destines en tu viaje un solo día para visitar Chichen Itzá, e Izamal lo puedes combinar con algún otro lugar.



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Cuitzeo, la imagen de un Pueblo Mágico

En este pueblo de Michoacán basta dar sólo algunos pasos entre sus viejas callejuelas para respirar el aroma de un lugar diferente, el aroma de los viejos pueblos


Édgar Rogelio Reyes * Cuitzeo


peon_e3@yahoo.com.mx


Desde la orilla de la carretera, el enorme lago parece no tener fin. No importa cuánto se avance, da la impresión de que el agua se hubiera obstinado en ser una perpetua compañera de viaje cuyo único propósito es asombrar a los viajeros, quienes incrédulos, sólo son capaces de maravillarse ante la belleza de uno de los paisajes más emblemáticos del estado de Michoacán: el lago de Cuitzeo.


El pueblo de Cuitzeo es uno de esos lugares con aroma a nostalgia, uno de esos antiguos sitios que muchos creiamos sólo existían ya en nuestras mentes al evocar aquellas películas de los años 50 plagadas de paisajes y escenas de la vida cotidiana de un México rural, de un país que se niega a desaparecer.


Aquí, aún es posible observar esas viejas escenas, en donde los pescadores embarcados en diminutas lanchas esperan pacientes el momento de recoger las redes que contienen la recompensa a todos sus esfuerzos, no obstante que el destino se empeña en hacer esta tarea cada día más complicada.


Sabedores que los peces son menos cada vez, estos afanosos hombres se convierten así en nostálgicos pescadores de recuerdos cuyas siluetas cada vez más dispersas la una de la otra, se pierden entre la inmensidad del lago, de la misma forma en que lo hace un sueño que está a punto de terminar.

De pronto, aparece ante la vista un enorme puente que corta en dos el lago y que sirve como unión entre el pueblo de Cuitzeo y el otro extremo de aquella aparentemente interminable masa de agua dulce; a lo lejos, la estructura se extiende como una delgada línea recta, en cuyo final los sentidos se pierden, atraídos por la belleza del paisaje.


En el horizonte, el pulcro blanco de las nubes que se forman en el cielo rompe con la uniformidad de ese azul interminable, en el que la silueta de un cerro plagado de tonos verdes completa la visión de uno de esos paisajes que todavía es posible admirar en estas tierras michoacanas.


Al descender de la camioneta, ya en el pueblo, basta dar sólo algunos pasos entre aquellas viejas callejuelas para respirar el aroma de un lugar diferente, el aroma de los viejos pueblos. Pequeños, acogedores y llenos de rincones con historia, aquí no se respiran esos aires de modernidad que parecen estar restringidos únicamente a la capital del estado, no existen las pretensiones y la vida tiene otro significado.


Lugar con olor a corundas y a pan recién horneado, pequeñas plazas abarrotadas por los puestos del mercado que se reúnen los domingos y donde se ofrecen todo tipo de productos, muchos de los cuales son traídos por las personas que viven fuera del lugar. Allí, los rostros de mujeres de todas las edades abundan; casi no hay hombres, y cuando se le pregunta a alguna de ellas el porqué, la respuesta es muy predecible: “están del otro lado”.
En estos sitios la vida parece transcurrir más lenta, todos se conocen y en la calle todavía existe el espacio para los “buenos días”, una frase que aquí se convierte en el pretexto perfecto para entablar largas conversaciones debajo del quicio de alguna puerta. Es domingo, no son más allá de las diez de la mañana, y no es difícil ver a alguna apurada transeúnte tratando de rescatar los últimos restos del pan de día, que para esta hora ya ha volado.


En la iglesia, uno de los lugares que al menos hoy parece ser uno de los más concurridos, grupos de ancianos se sientan en las bancas situadas fuera del atrio a tomar el sol y a dejar pasar el tiempo. Platican de los días en los que a su juicio este lugar era mejor, y también pasan largos ratos en silencio, pues para ellos hablar no es un requisito indispensable; para estar acompañados, basta con la simple cercanía.


Esa eterna calma que pareciera pertenecerles sólo a ellos, se rompe súbitamente con la interminable gritería y las risas de decenas de niños que se congregan justo en la puerta de la iglesia. Es domingo de bautizos y todos saben lo que eso significa. Formando un pequeño clan, esperan ansiosos la salida del siguiente padrino quien por norma está obligado a repartir una abundante cantidad de dulces y monedas sólo para ellos.


Conocedores de la dinámica, el grupo designa a un vigilante, quien es el encargado de avisar a los demás el momento preciso en el que los orgullosos padres en compañía de los padrinos estén por salir de la iglesia; para nadie es un secreto, con facilidad se puede advertir al encargado de llevar las noticias al grupo, pues con apurada carrera adelanta los pasos de los adultos hasta salir del templo, y con voz poco discreta casi gritando dice al grupo: “¡ya vienen”, “ya vienen!”


Aquella es la señal para que se alisten y comiencen a gritar al unísono: “¡bolo”, “bolo!”, como si con ello aseguraran que el padrino se desprenderá de su preciosa carga para repartirla entre ellos. Luego de algunos minutos, sus esfuerzos rinden frutos y las risas y las caras de alegría no se hacen esperar; se empujan, se arrebatan, se gritan, pero todo aquello es parte del juego y el placer que en el pueblo significa un día de bautizo. En este lugar hasta la niñez es diferente.


Justo a un lado de la iglesia se encuentra el ex convento de Santa María Magdalena, el más importante atractivo turístico de Cuitzeo, junto con su lago. Fundado alrededor de 1550, éste fue el quinto convento que la orden de los agustinos estableció en el estado, una impresionante edificación que sirvió como hogar a los frailes que comenzaron la evangelización de este lugar.


En él se conservan además de muchos otros materiales de la época, la sillería del siglo XVII utilizada por los frailes durante sus reuniones, así como un órgano de época posterior que ha sido restaurado y que hoy en día es utilizado en algunas celebraciones del pueblo, y también durante los festejos del Festival Internacional de Órgano que se lleva a cabo anualmente en la ciudad de Morelia.

A decir de los expertos, el edificio está compuesto por el atrio del templo, una capilla abierta, una portería, el claustro y una huerta; sin embargo, más allá de las especificaciones técnicas, esta edificación sorprende por su belleza arquitectónica y lo perfectamente conservado de su estructura, en donde se aprecian restos de la pintura original que adornaba el lugar, así como las celdas que servían de dormitorio a los frailes, el comedor, la huerta, los patios y pasillos que conforman el conjunto.

Ante tal magnificencia arquitectónica, no es difícil dejar volar la imaginación para tratar de elucubrar la forma en como estos hombres vivían, sus gustos, sus aficiones, los pensamientos que los ocupaban, regidos por las estrictas reglas de una orden religiosa en el siglo XVI.

Aunque la mayoría del templo se encuentra en restauración, en su planta baja es posible apreciar un conjunto de óleos denominados la Flagelación del Señor y la Purísima Concepción. Igualmente, los salones que en un momento sirvieron como locutorio, conservan restos de la pintura original cuyo estado de conservación sorprende.

Este convento es una de las joyas arquitectónicas de todo Michoacán y aun cuando hace falta mucho trabajo para rehabilitarlo totalmente, el lugar aún conserva ese aire de grandeza que experimentó en otros tiempos y que hoy se han convertido sólo en aires de recuerdo y nostalgia.


DETALLES


Para no olvidar


Cuitzeo forma parte programa Pueblos Mágicos de la Secretaría de Turismo, con lo que son ya tres las comunidades del estado de Michoacán que forman parte de esta iniciativa.


* El lago de Cuitzeo está considerado como el segundo más grande de la república mexicana, sólo después del de Chapala, en Jalisco, y aunque su profundidad no es considerable, su extensión se calcula en la actualidad en 378 kilómetros.




MINIAGENDA


* Cuitzeo se ubica a 36 kilómetros de Morelia, y es posible llegar hasta ahí tomando la carretera 43 que va a Salamanca. Para quien no cuente con automóvil, existen servicios de autobuses que parten de la central camionera moreliana.


* Para quienes tengan pensado hacer una vista al ex convento de Santa María Magdalena, es conveniente tomar en cuenta que los horarios de visita son de lunes a sábado, de 10:00 a 18:00 horas y los domingos de 10:00 a 17:00 horas.


* Existen servicios de visitas guiadas tanto a grupos de turistas como a escuelas y su cuota de ingreso es de cinco pesos: para jubilados, pensionados y mayores de 60 años la entrada es libre.


* Cada año, durante diciembre, Cuitzeo celebra su concierto de Navidad anual con la participación de diversos grupos que tocan temas referentes a esta época, teniendo como escenario el convento de Santa María Magdalena.









































1 comentarios:

baduljp dijo...

Conozco algunos de los pueblos mágicos de México y son verdaderas cunas de historias, creo que hay lugares para cualquier tipo de gusto desde la persona que gusta de la arquitectura, la historia, la vida nocturna entre muchas otras distracciones, creo que visitar alguno de estos pueblos magicos es una gran experiencia que vale mucho la pena, sobre todo porque cada uno tiene una característica que hace que nos den ganas de regresar.

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