SITIOS PARA CONOCER

SITIOS PARA CONOCER es una pequeña selección de lugares que por sus características, bien vale la pena visitar durante un viaje no importanto si se trata de hoteles, parques temáticos, museos, sitios históricos o simplemente lugares poco comunes.


La plaza Machado, un rincón seductor en Mazatlán

Édgar Rogelio Reyes
La noche ha caído ya por completo y con ella se comienza a gestar un movimiento inusual. En una de las esquinas de la plaza, sobre un pequeño templete capaz de dar cabida a no más de tres personas, una mujer alta de tez blanca, cabello por debajo de los hombros y un inconfundible acento extranjero, conecta una guitarra al amplificador para luego dejar escapar algunas notas a manera de prueba.
Detrás de ella, entre la herrería que cubre una de esas ventanas de las de antes, anchas y alargadas, se distingue con claridad la imagen de los estudiantes de la escuela de música que sostienen sus flautas, violines y chelos, dejando de vez en vez escapar algunos trozos de melodía inconclusa en esos últimos fragmentos del ensayo.
La Machado, como es que los lugareños la conocen, no es una gran plaza, de hecho, podría decirse más bien que sus dimensiones son modestas; una característica que más allá de restarle méritos le confiere un aire acogedor y casi romántico.
Para este momento, la luz del alumbrado público ya cubre por completo todo el lugar y se mezcla con los destellos de los focos que alumbran un puñado de puestos ambulantes; diminutos comercios que ofrecen artesanía, ropa típica, anillos, pendientes y alguno que otro libro interesante de segunda mano.
Esa luz amarillenta que se desprende de las bombillas, impregna el lugar completo con un aire de nostalgia y hace el tiempo retroceder. Los curiosos caminan alrededor de aquel pequeño cuadrado perfectamente delineado, mientras los antiguos edificios del siglo XIX actúan como siempre lo han hecho, como inamovibles cómplices de los paseantes.
 Y es que de no ser por la inagotable actividad que se observa, por las ropas que portan todos alrededor y los sonidos de la música, casi podrías jurar que este lugar luce de la misma forma que lo hacía en los primeros años de sus construcción (1837), cuando todos sus bellos edificios era las residencias de los acaudalados comerciantes, alemanes, franceses y españoles que habitaban el puerto.
Al centro, el antiguo kiosco de centenarios enrejados, sigue siendo ese interminable refugio donde decenas de absortos paseantes dejan correr el tiempo y se dedican a observar a otros, que como ellos, comienzan a poblar la plazuela Machado en una típica noche de sábado en el puerto de Mazatlán.
La temperatura es perfecta, el inclemente calor que se experimenta durante las tardes en estas tierras sinaloenses ha cedido para dar paso a una tranquila y casi fresca noche. Desde hace algunos años, la circulación de automóviles ha sido restringida para convertir al lugar en un área exclusivamente peatonal.
Hoy en día, la Machado es quizá el sitio más emblemático del puerto de Mazatlán y un orgullo de todos, un pequeño rincón que atrae a turistas nacionales y extranjeros y que invita a pasar largas horas disfrutando de su atmósfera, cenando en alguno de sus muchos restaurantes, admirando su arquitectura o simplemente sentándose en una banca a observar su seductora rutina.
Este es también un pequeño microcosmos cultural, un lugar en donde convergen habitantes cuyas familias han vivido aquí por generaciones y nuevos residentes de nacionalidades muy diversas que han hecho del puerto un segundo hogar.
Es un rincón de convergencia generacional y refugio de las más diversas expresiones artísticas, porque si algo distingue a Mazatlán es precisamente eso, la presencia inagotable de expresiones culturales.
Aquí lo mismo se ve a jubilados que a adolescentes, niños y parejas, es un lugar de todos, a bandas de música sinaloense que a una orquesta o un conjunto de música tropical; es esa la herencia que han todos los inmigrantes que han pasado por aquí, porque Mazatlán es una ciudad que nació de la migración.
Hoy en día, este lugar que se conocía antiguamente como el “Paseo de los Naranjos” ha renacido luego de años de abandono y ahora es un punto de reunión familiar, para pasar con los amigos o en pareja.
Poco a poco las mesas de los restaurantes comienzan a ocuparse y en ellas se escucha lo mismo el inglés que el español, un poco de francés y ese acento inconfundible del español de la península.
La mujer de la guitarra ha tomado ya su lugar y se apesta a comenzar a darle más vida a una noche de sábado, de su guitara salen las inconfundibles notas del blues que tanto disfrutan los comensales. Esto es la Machado
Recuadro
Dónde comer
Cuando estés en la Machado, te recomiendo no perderte de visitar el restaurante Pedro y Lola, uno de los lugares más famoso del puerto, en donde puedes disfrutar de una cena al aire libre y una muy buena comida. Una recomendación es el pay de plátano.
Dónde ir
Igualmente un lugar que no puedes perderte es el famoso teatro Ángela Peralta, ubicado a un costado de la Plaza Machado. Una edificación que destaca por su belleza e historia(1881) el cual ha sido rescatado y restaurado para devolverle el esplendor de sus mejores tiempos y ahora es un sitio emblemático del puerto.





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El Floridita, un espejismo nostálgico de La Habana

Édgar Rogelio Reyes
Sentado en la barra, con una copa de daiquirí de fresa en la mano, pierdo algunos minutos observando la puerta del bar. Aquella estrecha y eternamente custodiada entrada, se abre presta para permitir el paso de los turistas, (siempre y cuando estos no tengan aspecto ni acento cubanos) acompañada de un lacónico “buenas tardes” que expresa el guardia de seguridad, como tratando de invitar a pasar a los curiosos.
Aquellos que llegaron hasta aquí atraídos por la prácticamente inagotable fama del lugar, entran un tanto extrañados, incrédulos; como si no pudieran creer que por fin se encuentran en el mítico lugar donde se dice que Ernest Hemingway pasó tantas y tantas tardes, aquel mítico lugar refugio de escritores y bohemios que tuvo sus años de mayor esplendor antes del triunfo de la Revolución.
Ahora, a más de 50 años del aquel triunfo, este lugar se ha convertido más que en un bar en un verdadero atractivo turístico de la Habana. Ya dentro, las notas de un son cubano interpretado por el trío que se encarga de amenizar las tardes, sirve de fondo para lo bien podría ser el perfecto escenario para la escena de una película antigua.
La larga y amplia barra color negro, resalta elegante y evoca por momentos las imágenes de los bares de los primeros años del siglo XX; detrás de ella, entre cuatro pequeñas columnas de madera que forman parte de la decoración, una pintura de la antigua Habana en color marrón recuerda los primeros años del nacimiento de esta famosa ciudad.
En ella, tres o cuatro remedos de bebedores matan el tiempo e intercambia miradas fugases sin que medie palabra, otros toman fotos y los menos se abstraen escuchando la música y siguiendo el ritmo con la palma de la mano golpeando sobre la rodilla.
Justo a la entrada, del lado izquierdo, custodiando el final de un diminuto pasillo se encuentra la estatua de Hemingway. Como si se tratase de un eterno anfitrión, su figura está recargada sobre la barra de la misma forma que se ve un asiduo cliente que espera que el barman le entregue el trago solicitado.
Frente a la barra, un grupo de mesas pequeñas capaces de dar cabida a no más de cinco personas, no exceden en número la decena. Al fondo, un pequeño salón que hace las veces de comedor donde se atiende a aquellas personas que buscan algo más que un simple trago.
En términos generales, el espacio que ocupa este lugar no puede ser calificado como amplio, más bien es uno de esos sitios que podrías describir como acogedores. Aquí el gran atractivo es la historia, el escenario, esa atmósfera de bar elegante y centenario que aún se respira en el viejo Floridita.
Aquí lo que atrae son las historias, la nostalgia, el recuerdo; lo que atrae es la idea de estar sentado en le mismo lugar en el que lo han estado figuras como Tennesse Williams, Marlene Dietrich o Jean Paul Sartre, en ese lugar que abrió sus puertas en 1817 con el nombre original de La Piña de Plata que ha a traído a cientos de famosos.
Doy otro trago a mi copa y observo la barra que alberga a varios despreocupados paseantes que igualmente toman un trago, muchos de ellos tienen en sus rostros esa sonrisa de satisfacción tan propia de aquellos que se sienten, al menos por unos momentos, parte de la historia.
Esa satisfacción efímera de compartir el mismo espacio que compartieron los famosos, sin embargo, aquí hace falta algo, algo que tiene que ver con la naturalidad, con lo espontáneo, con lo actual. Como muchas cosas en Cuba, el Floridita es un lugar detenido en el tiempo, una pieza de museo que de entrada atrapa, gusta y seduce, pero que al paso de un par de tragos, hace sentir su indiferencia.
Aquí no existe esa alegría de la gente cubana que tanto se pregona, ni sus rostros, ni sus voces, menos sus discusiones; los únicos rostros son los de decenas de turistas de todas partes del mundo que departen tranquilamente y los escaso cubanos que se encuentran, son aquellos que atiende la barra y las mesas.
Como tampoco existe aquella elegancia de antaño, ni el glamour, ni las discusiones acaloradas, tampoco existe ese aire relajado que debería privar en un bar, ahora todos entran en mangas de camisa y pantalones cotos, olvidando que antaño este fue un lugar al que distinguía la elegancia de sus clientes.
Es cierto, La puerta que se encuentra justo en la esquina de la calle Obispo y Monserat, es mucho más que un simple bar en la Habana, de hecho, el Floridita es un símbolo imperecedero de la gloria de esta capital.
Cierto es también que ninguna de estas circunstancias le resta atractivo al hecho de encontrar tan emblemático rincón, no obstante, existe algo difícil de describir en ese aire de aislacionismo y nostalgia en envuelve al Floridita, quizá sea ese aire de lugar creado para el turismo, quizá sea ese aíre e espejismo que se puede respirar en tanto lugares de este país lo que crea esta sensación.
Sea lo que sea, lo que es irrefutable es lo bueno que preparan los daiquirís en este lugar, de modo que me dispongo a pedir mi última copa, antes de continuar mi recorrido allá afuera, en el mundo real, aunque con la satisfacción de conocer ahora el Floridita, ese nostálgico y tan famoso espejismo de la Habana.

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Oaxaca y el riesgo de no conocerla

Édgar Rogelio Reyes
Intentar describir lo que Oaxaca es, supone un complicado ejercicio de descripción en el cual es necesario agrupar un sinfin de elementos que se conjugan. En principio, Oaxaca es en si misma una gran explosión de colorido, de multiculturalidad, de tradiciones, de aromas, de lenguajes y de fiestas que la hace única.
Un complejo amalgama que se ha construido muy detallada y lentamente a lo largo de muchos siglos y que supone una de las más puras y bellas expresiones de una parte de la cultura mexicana.
Oaxaca es uno de esos destinos que no se puede pasar por alto cuando se vista México, pues se corre el riesgo de nunca conocer muchas de las cosas que realmente forman parte de las tradiciones de este pueblo.
Se corre el riesgo de no conocer una enorme y prácticamente inagotable fuente de expresiones culturales que se expresan en los vestidos de sus mujeres, en su arquitectura, en las sonoras frases de la lengua Zapoteca y en el estruendo y la algarabía con el que vive el pueblo oaxaqueño sus fiestas.
Se corre el riesgo de nunca conocer una cultura que sabe a tlalludas, a chapulines (saltamontes) y a mezcal, que tiene aroma a madera y copal. Pasar por alto Oaxaca es correr el riesgo de jamás quedar maravillado ante la imagen y la historia del antiguo Templo de Santo Domingo.
Pasrla por alto es correr riesgo de jamás gravar en tu mente la imagen de esas dos mujeres indígenas que intercambian sonrisas cómplices ante la atónita mirada de un turista que las escucha hablar en una lengua que jamás había escuchado y de la que nada entiende.
Si no visitas Oaxaca puede que jamás observes la emoción y el orgullo con el que este pueblo vive la Guelaguetza (fieta tradicional), ni de ver el orgullo que se refleja en el rostro de una mujer oaxaqueña. Es posible que en tu mente no exista el recuerdo de las  bellas ciudades prehispánicas de Monte Albán y Mitla.
Oaxaca resulta un lugar tan atrayente y complejo, tan singular y encantador que tendrás que conocerlo desde distintas perspectivas, desde al sabor de todos sus moles, desde la belleza de sus calles empedradas y lo arraigado de sus tradiciones.
A Oaxaca es necesario conocerla a través de sus mercados, de sus pueblos, de sus zonas arqueológicas y de todos los rincones en los que guarda innumerables atractivos y sorpresas.

LUGARES Y RUTAS IMPRESINDIBLES
Pretender visitar todas y cada una de los lugares que tiene Oaxaca es una tarea cais imposible, sin embargo, si trazas una pequeña ruta seguramente podrás ver muchos de los mejores atractivos que ofrece este lugar, aquí unas recomendaciones:
Los mercados:
Hay quien dice que si vas a Oaxaca y no visitas sus mercados es como no haber ido, y esa afirmación es muy cierta; por lo que sin duda un buen itinerario de viaje tiene que comenzar con un desayuno en alguno de ellos.
Los mercados en Oaxaca son un verdadero espectáculo y no se limitan a ser un simple lugar donde comer; son un compendio de aromas, texturas, colores y por supuesto sabores, que se convierten en una delicia para todos los sentidos.
Adentrase en los mercados de Oaxaca es entrar a un mundo diferente en donde la vista, el olfato, el tacto y el gusto son atraídos una y otra vez por el pan, el queso, el téjate (bebida tradicional hecha a base de maiz) el aroma de los chiles y las especias, el sabor de los chapulines; pero también por los sonidos de la muchedumbre que se agolpa en ellos cada día, por los la largas cabelleras negras de las mujeres que venden sus productos y por la forma tan peculiar en la que aquí se sigue haciendo el comercio.
Tanto el mercado 20 de Noviembre como el Benito Juárez, ambos de la ciudad capital, se han convertido con el paso de los años en verdaderos atractivos turísticos.
Santa María del Tule
Una pintoresca población que se ubica aproximadamente a 15 kilómetros de la Ciudad de Oaxaca y su gran atractivo es el famoso árbol del Tule, un ahuehuete de más de 2 mil años de edad, 40 metros de altura y un diámetro de 41 metros.
El árbol es toda una celebridad, no sólo en esta comunidad sino en todo el país y se ha convertido en la causa de que turistas de todas partes del mundo acudan hasta Santa María para admirarlo. En su honor se llevan a acabo fiestas y celebraciones pues pude decirse que es considerado un integrante más de la comunidad.
Teotitlán del Valle      
Luego de haber visitado el Tule, un lugar que no te puedes perder es Teotitlán del Valle; una pueblo dedicado principalmente a la elaboración de tapetes, una actividad que bien podría pasar desapercibida, de no ser por la maestría, el colorido y la belleza con la que son elaboradas cada una de sus piezas.
Muchos de los tapetes que son confeccionados en este lugar podrían ser considerados por más de uno como una verdadera obra de arte, no sólo por su valor artesanal sino también por la complejidad técnica y laboriosidad que implica cada trabajo.
Piezas de vivos colores, de los más diversos diseños y tamaños, son elaborados por artesanos de todas las edades, desde niños que apenas comienzan a prender el oficio, hasta el más experimentado maestro; todas ellas personas que hacen gala de una extraordinaria habilidad en el uso de los telares, entre cuyos hilos van dando forma a sus creaciones.
Creaciones hechas en lana que rescatan imágenes y diseños que datan desde la época prehispánica, y que han sid retomadas de las zonas arqueológicas, hasta reproducciones de pinturas de los más afamados artistas mexicanos como Diego Rivera y Frida Kalo.
Cuando te encuentres en Teotitlán, no faltará quien esté dispuesto a mostrarte algunos de los más antiguos secretos de los que todos estos artesanos se valen para lograr sus obras. Si sabes a quien dirigirte, habrá personas que te enseñen el arte de fabricar las tinturas naturales con la que se elaboran los tapetes en esta región.
Los maestros artesanos, haciendo gala de un enorme conocimiento de los minerales de la región, ofrecen una muy interesante clase a cerca de cómo elaborar tinturas naturales haciendo incluso uso de la Cochinilla (un insecto que parasita en las hojas del nopal).
San Bartolo Coyotepec
Siguiendo con el recorrido de las comunidades, San Bartolo Coyotepec es otro de los puntos obligados en el itinerario, alejado sólo por 12 kilómetros de la capital, esta comunidad ha ganado fama nacional gracias al barro negro, sin duda la artesanía más representativa de este estado.
Al llegar a este lugar, uno queda maravillado por la enorme cantidad de figuras, de formas, de tamaños y de diseños que se puede lograr con un material tan simple como el barro y claro está, con la enorme creatividad y destreza de estos artesanos que han hecho de esa tierra húmeda su forma de vida.
Jarrones, tazas, crucifijos, ranas, gallos, vasijas, portarretratos; prácticamente no existe algo que no se pueda hacer con el barro. Muchos son ya los talleres que se dedican a esta actividad, pero sin duda el que más sigue a trayendo las miradas de los visitantes es el taller de Doña Rosa Real, el que quizá sea el más famoso taller de barro negro de Oaxaca.
Actualmente a cargo de su hijo, Valente Real, este taller es el lugar don el señor Valente, como es conocido en el pueblo, muestra a visitantes de todas partes del mundo, cómo se trabaja el barro negro.
Tomar unos minutos para observar con detenimiento la maestría de este hombre, es verdaderamente un espectáculo. Haciendo uso sólo de algunas rudimentarias herramientas como dos pequeñas cuñas hechas de bambú, un par de piedras de cuarzo, un pequeño bote de agua y la gran destreza de sus manos, este hombre da vida al inerte barro. 
Observar cómo el esa blanda pasta de tierra comienza a tomar las más diversas y caprichosas formas al antojo aquel hombre; como si se tratar de un acto de magia, resulta un espectáculo sorprendente.
De pronto, de entre sus dedos, la tierra amasada y blanda se convierte en cuestión de segundo en jarrones, vasos, jaras y tazas con tan solo un leve movimiento de sus dedos.


UBICACIÓN
El estado de Oaxaca se ubica en el sur del país, en el extremo suroeste del Istmo de Tehuantepec, por su extensión es el quinto estado más grande del país. Alberga 16 grupos étnicos y esta dividido en 570 municipios.
Cómo llegar
La forma más rápida de llegar a Oaxaca es tomar un vuelo de aproximadamente 1 hora 20 minutos, aunque si prefiere llegar por carretera el trayecto se recorre en aproximada mente 5 horas 30 minutos en autobús tomado la autopista México- Oaxaca.






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Torres del Paine, el espectáculo de la Patagonia Chilena


Édgar Rogelio Reyes
Alguna vez escuché a un hombre ya mayor, decir que el riesgo de viajar mucho es que puedes perder la capacidad de asombro, sin embargo, existen muchos lugares en el mundo que se encargan de echar por tierra esta teoría y de recordarnos que, afortunadamente, perder la capacidad de asombro no es una facultad que se nos haya  conferido a los seres humanos.
Postrado sobre mis rodillas intento infructuosamente recuperar el aliento, pero  el aire helado que se cuela por mi boca y que hiere mi garganta, me impide hacerme del suficiente oxígeno que me ayude a recobrar las fuerzas. He quedado en estas circunstancias gracias a mi insensatez, la cual me hizo pensar que sería divertido retar la fuerza de la naturaleza e intentar vencer las ráfagas de viento que en este lugar pueden alcanzar los cien kilómetros por hora.
 Levanto poco a poco la cabeza, olvidando por un momento mi penosa tarea y me concentro en la imagen que está frente a mí. Un inmenso trozo de hielo que flota casi a la orilla de la bahía y que atrae la atención de todas y cada una de las personas que nos encontramos allí,  no importando que sea necesario hacer alarde de equilibrio y fuerza para permanecer  erguidos.
 Esa colosal masa de agua congelada, de un azul tan intenso que perturba, es sólo un pedazo del glaciar. Dicen los científicos que ese espectacular tono celeste es provocado por la descomposición de la luz al pasar por el prisma en el que se convierte el hielo.
Lo que resulta increíble, es cómo una masa inerte de hielo de caprichosas y desiguales formas puede llegar a convertirse en algo tan estético y sublime cuando se encuentra en el contexto correcto.
Espectáculos que maravillan
Son las tres y treinta de la tarde y nos encontramos a las orillas del lago Grey, justo frente al glaciar que lleva el mismo nombre y que desde hace muchos años se ha convertido en una de las más grandes atracciones turísticas del Parque Nacional Torres del Paine, en la Patagonia Chilena.
Súbitamente, un pequeño golpe en la mejilla, como el piquete de una abeja, me hace salir por un segundo de mis pensamientos, pero lo único que logra es que me concentre más en el entorno y es que este no es un lugar común.
La ribera del lago Grey conserva aún ese profundo color grisáceo, casi negro que la hace parecer más una cantera que una playa, como si sus orígenes se remontaran a una gran explosión volcánica que dejó sus huellas por todos lados. Tanto, que es difícil hablar de arena, y quizá la descripción más acertada sería la de un grueso polvo de roca en el que aún se hayan miles de pequeños pedazos de fina grava, los cuales, al ser levantados por los furiosos vientos, se impactan en el rostro dando la sensación de estar a merced de un ataque de finas agujas.
A lo lejos, la imagen de otro turista que se haya mucho más cerca que yo de la orilla, da cuenta de la enormidad de aquel bloque de hielo y lo diminutos que nos vemos los hombres ante tales espectáculos.
En un segundo plano, el macizo glaciar se levanta imponente con toda su magnificencia y su placidez, haciendo gala de una conjunción de colores que lo hace parecer un cuadro pintado intencionalmente con vívidos colores y no una imagen real.
Es esto precisamente a lo que me refiero cuando digo que la belleza la crea el contexto; ese marcado contraste del negro de la ribera con el azul intenso del glaciar. La furia del viento que te doblega y que hace caer; el frio que entume las manos, y el sonido de las tímidas olas que golpean finamente la orilla antes de desaparecer, es lo que confiere a este lugar el encanto del que hablo.
 La seducción celeste del Paine
Pero quizá esta es una de las cosas que caracteriza a toda esta región. El Parque Nacional Torres del Paine, que nació como tal en el año de 1959 y que es considerado Reserva Mundial de la Biósfera por la ONU, es una inmensa extensión de más de 242 mil hectáreas de terreno, en donde se conjuntan impresionantes montañas, glaciares y lagos de mansas aguas color azul turquesa, en medio de bosques y planicies que han despertado la imaginación de miles.
Para acceder a él existen tres caminos; el que se conoce como Portería Sarmiento, así como las entradas de Laguna Amarga y Laguna Azul, cada uno de los cuales tiene diferentes encantos. Sin embargo, desde la carretera que te lleva al acceso de Laguna Amarga, es común que todas las caravanas hagan un alto en el camino para apreciar desde lejos la majestuosidad de lo que propiamente son las Torres del Paine.
Un conjunto de montañas de granito, plagadas de depresiones y salientes escarpadas entre las que sobresalen las conocidas como “Los Cuernos del Pine”.  Aunque más allá de la belleza de tan única cordillera, en su conjunto, la Patagonia es un lugar impresionante en muchos sentidos.
Trayectos de carretera que parecen no tener fin, en los que observas sólo interminables kilómetros de pastizal en donde no existe más cosa que el horizonte y donde aparentemente no es posible encontrar más nada que viento y tierra.
Y de pronto, un lugar como el Paine con su contrastante vegetación, sus manadas de guanacos pastando libres entre la llanura, ñandús despistados que caminan sin rumbo, y hasta un tímido zorro que se esconde de la presencia humana de tras de un pequeño arbusto. O bien, lagunas de miles de años de antigüedad que se convierten en un paraíso de investigación para los científicos, por las peculiares características que aún conservan.

La Patagonia y muy particularmente Torres del Paine, es uno de eso lugares que creías que no existían y que son capaces de sobrepasar los límites de tu imaginación; puentes colgantes, cascadas, ríos y lagos que sólo podrían haber sobrevivido en esta región tan austral del continente.
Súbitamente, como esa piedra que te hace caer en un sueño, una voz cálida que me pregunta si me encuentro bien y me hace salir automáticamente de mi abstracción. Ya con un poco más de fuerzas me incorporo lentamente sin dejar de observar la imagen del glaciar y recuerdo que, según la explicación del guía, Paine es una voz de la lengua mapuche que significa “celeste”, quizá por toda la presencia y significado que tiene este color en los paisajes y bellezas que puedes admirar en este lugar.
Lo cierto es que, bastan sólo cinco minutos para recuperar el aliento, pero también para convencerte de que siempre habrá algo que te volverá a despertar la capacidad de asombro y que hay teorías que es muy fácil desacreditar. Es hora de tomar un pisco y comenzar el camino de regreso.

¿Cómo llegar?  
Para llegar a Torres del Paine es necesario tomar un vuelo de Santiago hasta Punta Arenas y después una recorrido por carretera de poco más de tres horas hasta Puerto Natales y posteriormente una hora y media de Puerto Natales al Paine por carretera.
Para todo el año
El Parque Nacional Torres del Paine está abierto todo el año, sus principales accesos se encuentra aproximadamente a 115 kilómetros del Puerto Natales y sus horarios son de 8:30 de la mañana a 8:30 de la noche.

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Cenotes mayas, los tesoros sagrados de Yucatán
Hoy en día, los cenotes se han convertido en grandes atractivos turísticos que anualmente reciben a miles de turistas de todo el mundo, que llegan hasta ellos atraídos por su singular belleza y su historia milenaria
Édgar Rogelio Reyes
Desde la orilla opuesta de la caverna, desde esa que sirve de entrada a este lugar que en otros tiempos fue considerado sagrado por los antiguos mayas, es posible observar cómo la luz del sol se cuela entre la tupida vegetación del la selva yucateca, creando un tenue y cálido halo que se dibuja de manera perfecta  hasta perderse en el profundo azul de las aguas que inundan la fosa.
Aquel rayo de luz, crea todo de un acogedor matiz de tonalidades capaces de despertar en el espectador un claro sentimiento de tranquilidad y confort. Los tonos de la vegetación se hacen más verdes y los azules de las aguas más profundos, los blancos de la roca caliza de la cual está formada la caverna son aún más blancos y  el café de la tierra que rodea el lugar parece llegar a convertirse en negro.
Sin embargo, lo que más llama la atención, es ese profundo color azul del agua que inunda la caverna y te tanto recuerda a los tonos del Mar Caribe, tan intensos y claros que por momentos hacen pensar que se utilizó algún tipo de tintura para lograr tan espectacular tonalidad.
No obstante, el agua es clara y cristalina como la que más, un agua “virgen” como la concebían los mayas, capaz de permitir que los visitantes observen el fondo aún a veinte metros de profundidad sin ningún tipo de problema.
Extraña belleza la que la naturaleza es capaz de crear, pues las caprichosas formas de la roca que da vida a la caverna contrastan armoniosamente con la placidez de las aguas cristalinas, creando escenarios muy poco comunes que sólo es posible encontrar en esta zona del sureste mexicano.
  Estos lugares que en México conocemos como cenotes, no son más que cavidades naturales formadas a lo largo de millones de años, dicen los científicos, como producto de la gran explosión provocada por un asteroide que golpeo la península de Yucatán.
Cavidades de piedra caliza de los más diversos tamaños, inundadas en su totalidad por las aguas de ríos subterráneos que corren a todo lo largo de este territorio y que se encuentran por miles, a lo largo de toda la península; formaciones caprichosas y escondidas en el corazón de la selva que por varios siglos fueron consideradas por el pueblo maya como lugares sagrados, pues se pensaba que estos sitios eran entradas que los dioses habían creado hacia el inframundo.
Hoy en día los cenotes han perdió mucho de su carácter sagrado (aunque no todo) y se han convertido en atractivos turísticos a los que anualmente acuden miles de turistas, deseosos de observar su belleza y conocer más de su historia sagrada.
Aunque existen cenotes  en toda la Península de Yucatán, es decir en los estados de Quintana Roo, Campeche y Yucatán, en esta ocasión la siguiente información es sólo de cenotes que se encuentran en Yucatán.
Chichén Itzá. Conocido también como Cenote Sagrado, es uno de los más importantes que existen en la Península de Yucatán. Se localiza a 90 minutos aproximadamente de la Ciudad de Mérida en la zona arqueológica de Chichén Itzá y todavía conserva el enigma de un pasado rico en cultura. Testigo de grandes acontecimientos, el Cenote Sagrado de Chichén Itzá es hoy un lugar excelente para visitar: magnífico por su naturaleza y misterioso por su historia.
Noc-Ac. Una pequeña brecha empedrada  recibe al visitante en el cenote de Noc-Ac, localizado a un kilómetro del poblado del mismo nombre. En este sitio puede practicarse la natación sin riesgo alguno y disfrutar una estancia inolvidable.
Sambulá. Localizado a sólo dos kilómetros del centro de Motul, por la carretera que va a Cacalchén, se encuentra este cenote de aguas cálidas y limpias que antojan un chapuzón. Este cenote se encuentra en una gruta y cuenta con un espacio acondicionado especialmente para que el visitante pueda admirar al máximo de esta belleza natural y disfrutar de un feliz día de campo.
San Ignacio. A 20 minutos de Mérida en la carretera a Campeche, en el poblado de Chocholá se encuentra este cenote con condiciones muy seguras e ideal para nadar en sus aguas transparentes de color azul turquesa. Se encuentra en el interior de una gruta con iluminación artificial y música ambiental. La bóveda es de unos ocho metros de altura y tiene formaciones de estalactitas y se puede disfrutar de especies endémicas de Yucatán. Las instalaciones del cenote cuentan con áreas verdes, restaurante, palapas, vestidores, baños, etc.
X’keken. A este cenote también se le conoce como Dzitnup por localizarse cerca del poblado que lleva ese nombre a unos cuantos minutos de la Ciudad Colonial de Valladolid. Un espectáculo hermoso de luz natural, aguas transparentes y recorrido extraordinario son los anfitriones de este lugar al que cualquier visitante prometerá volver para disfrutar de sus dulces aguas.
Xlacah. Este cenote se encuentra dentro de la zona arqueológica de Dzibilchaltún. Por su belleza natural, sus aguas limpias, transparentes y como morada del pez veleta este es uno de los atractivos más bellos en la península de Yucatán. Un recorrido que finaliza con un baño revitalizante es lo que le ofrece la zona arqueológica de Dzibilchaltún localizada aproximadamente a 22 Kilómetro de la Ciudad de Mérida.
Zací.  Ubicado en el centro de la ciudad de Valladolid se encuentra uno de los cenotes más importantes del Estado, de aguas tranquilas y de belleza natural este lugar es ideal para disfrutar de un paseo maravilloso en compañía de toda la familia y apreciar a los clavadistas, que en época de vacaciones, ofrecen al público visitante un espectáculo maravilloso. Junto a este cenote se encuentra un teatro al aire libre donde se realizan eventos, un zoológico, estacionamiento y área de restaurantes en el que se puede degustar  algunos de los más famosos platillos regionales.


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Ek Balam, la belleza oculta del “Jaguar Oscuro”

Édgar Rogelio Reyes

Una de las ciudades mayas más recientemente investigadas y que además de su bellaza, cuenta con elementos arquitectónicos que la hacen sumamente espectacular y diferente


La cima de la Acrópolis, es el lugar en donde se tiene la mejor vista de todo el sitio arqueológico. No importa hacia donde mires estás por encima de todo, la tupida vegetación selvática y las copas de los árboles se convierten de improviso en un ondulante mar de color esmeralda que no parece tener fin.

Sobre este, el intenso azul de un cielo despejado contrasta tan vivamente que resulta difícil saber cual de las dos tonalidades tiene mayor intensidad. El mismo paisaje se extiende por decenas de kilómetros a la redonda sin que sea posible encontrar algo que distorsione en lo más mínimo aquella sencilla pero perfecta estética.

Sin embargo, toda esta belleza natural no es sino el marco perfecto de otro gran espectáculo llamado Ek Balam, la ciudad maya más recientemente descubierta por los especialistas, y a decir de muchos, una de las más interesantes y complejas.
Localizada a 30 kilómetros de la ciudad de Valladolid en el estado de Yucatán, Ek Balm, cuya traducción al español es jaguar oscuro, toma su nombre de un antiguo gobernante de la ciudad y se destaca principalmente por su arquitectura y por contar con algunos elementos poco utilizados en otras ciudades mayas, como es la triple muralla que resguardaba su ciudadela, además del espectacular friso que se encuentra en su Acrópolis.

Aunque conocido por muchos habitantes de las zonas cercanas y por reportes que dan cuenta de su existencia desde el año de 1579, no es sino hasta 1984 que el Instituto Nacional de Antropología e Historia realiza los primeros trabajos de investigación.

El sitio cuenta con 45 estructuras descubiertas hasta el momento, entre las que se destaca sin lugar a dudas la Acrópolis, un edificio de 29 metros de alto que en su parte alta alberga una de las fachadas más espectaculares de todo el mundo maya.

Una entrada al inframundo que simula las fauces de un animal y cuyas paredes y estatuas se encuentran en tan buen estado de conservación que es posible admirar sus formas sin necesidad de hacer uso de mucha imaginación. En ella, las imágenes de sus guerreros alados son las que más destacan, así como algunos mínimos espacios que aún conservan su estucado y pintura original.

El Palacio Circular, el juego de pelota, las pirámides gemelas, así como una estela que representa a uno de los gobernantes sus gobernantes, son las edificaciones que más destacan dentro de lo que fue el recinto amurallado el cual tiene una extensión de aproximadamente un kilómetro. 

En su época de esplendor, Ek Balam alcanzó los 12 kilómetros cuadrados de extensión y una población de entre 12 y 18 mil habitantes. Además, la ciudad contaba con cinco entradas que a su vez conectaban con cinco caminos que servían de comunicación con ciudades como Chichen Itzá y Coba.
Aunque todavía no se cuenta con mucha información al respecto de esta ciudad, Ek Balam es uno de esos lugares que despiertan la imaginación, avivan la curiosidad y provocan en sus espectadores, decenas de preguntas a cerca de cómo fue posible que una civilización como la maya lograra levantar este tipo de urbes en un lugar de tan difícil acceso. 




Más allá de las consideraciones técnicas, la belleza y monumentalidad de las edificaciones de Ek Balam, hacen de esta una de las ciudades mayas más importantes que se conocen.



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Museo MARCO, la casa del arte contemporáneo  en Monterrey
Édgar Rogelio Reyes
Fotos cortesía Museo MARCO
Este recinto ha buscado desde su fundación convertirse en un espacio plural  donde tengan cabida todo tipo de expresiones desde las artes plásticas, la literatura, el cine y la danza de nuestros tiempos.
Con frecuencia se dice que Monterrey no es una ciudad para “turistear”, que no es un lugar para ir de vacaciones y que sus atractivos son muy pocos como para tomarse el tiempo de subir a un avión y llegar hasta allá si no es que se va por motivos de negocios.
 Afirmaciones todas que resultan ciertas en buena medida, aunque es necesario recordar que la capital de Nuevo León nació siendo una ciudad industrial, lo es y lo seguirá siendo luego de que hayan terminado los días de quien esto escribe y los de muchos otros.
No obstante, existen lugares que dan cuenta del esfuerzo de los regiomontanos por hacer de su ciudad un lugar cada vez más atractivo; uno de ellos es el Museo de Arte Contemporáneo, mejor conocido como MARCO.  Un recinto que como su nombre lo dice, esta destinado a la difusión del arte de nuestros tiempos no sólo nacional sino también de otros países, principalmente latinoamericanos.

Este museo abrió sus puertas en 1991 con la exposición, Mito y Magia en América: Los Ochentas, desde entonces ha presentado la obra de importantes artistas y su objetivo ha sido siempre ser un espacio plural en donde tengan cabida todo tipo de expresiones, desde las artes plásticas hasta la literatura, el cine y la danza.
Obra del arquitecto Legorreta
Creación de afamado arquitecto mexicano Ricardo Legorreta, el museo es en sí mismo una pieza para admirarse pues en el confluyen algunos de los más claros elementos que han distinguido a este hombre desde sus inicios, espacios donde se conjuga lo moderno con lo tradicional y por supuesto ese inconfundible uso de chillantes colores como una exaltación de la mexicanidad.
Pensado para hacer que el visitante transite en distintos ambientes y atmósferas el Museo Marco busca mostrar el arte en un ambiente más natural. De sus 16 mil metros cuadrados de construcción, cinco mil son de exhibición repartidos en 11 salas, mientras que el resto se encuentra repartido entre su Patio Central, el Auditorio, la Tienda, el Café y el Restaurante, así como el Patio de las Esculturas
Desde su fundación MARCO ha presentado lo más destacado del arte contemporáneo latinoamericano a través de diversas manifestaciones artísticas como la pintura, la escultura, la fotografía, la arquitectura y las artes gráficas.
De las exposiciones
La colección permanente del museo está compuesta por poco más de cien obras principalmente de pintura y escultura de artistas latinoamericanos. Actualmente, dentro de las exposiciones itinerantes se presenta Foster + Partners. El arte de la arquitectura, una retrospectiva al trabajo de uno de los más importantes arquitectos contemporáneos a nivel mundial, el británico Norman Foster.
Foster se ha creado en los últimos años algunos de los más importante iconos de la arquitectura contemporánea como son el Gran Patio del Museo Británico, el Reichstag en Berlín y la nueva terminal del Aeropuerto Internacional en Beijing, la más grande del mundo, entre muchos otros.
Una exposición que abre un canal a través del desarrollo de una de las más importantes firmas de arquitectura en el mundo que se caracteriza por su enfoque holístico y sustentable en los cuales destaca su visión de la flexibilidad, la transparencia y la sensibilidad ecológica.
Elemento que ha llevado a la firma a crear proyectos en donde la tesis que se sustenta es que la calidad del entorno influye directamente en la calidad de vida de quienes lo habitan, ya se el área de trabajo, la casa o los espacios públicos.
La muestra recorre 227 proyectos realizados en veinte países a través de planos, dibujos, maquetas, fotografías de gran formato y videos. Incluye el proyecto del plan maestro del Campus Biometrópolis, la primera obra del despacho en nuestro país.
Otra de las exhibiciones que destacan es la de Paula Rego. Un recorrido por parte de la obra de esta artista portuguesa, una de las pintoras figurativas más importantes de los últimos tiempos y que muestra una obra de una intensidad poco común en donde se hace una narración visual de la condición humana.
Nacida en Lisboa en 1935, Paula Rego se mudó a los dieciséis años a Inglaterra y ha vivido casi toda su vida adulta en Londres. Luego de experimentar con el surrealismo a principios de su carrera, se ha mantenido alejada de las tendencias dominantes en el arte y ha encontrado en la literatura un vehículo para hurgar en las entrañas del individuo y de la sociedad representando el drama humano con tal fuerza que atrapa al espectador y despierta su curiosidad. 
“Para Marco Livingstone, curador de la muestra, Paula Rego ha producido de manera consistente una obra que le habla poderosa y directamente no sólo a otras mujeres sino a todo aquel con sentido de la compasión y justicia social.Frecuentemente con repercusiones políticas, energizada por una imaginación vívida y un amor por lo grotesco, la obra de Rego provoca en el espectador el tenaz desafío a reconsiderar esas experiencias de vida que nos afectan a todos”.
Esta colección reúne más de 137 obras en técnicas pastel, oleo, acrílico, dibujo, grabado y litografía. De esta manera el Museo MARCO, cumple con su misión de llevar a todos los regiomontanos y a sus visitantes algunas de las más importantes muestras del arte de nuestros tiempos.

 HORARIOS
Martes, jueves, viernes, sábados y domingos 1O:OO am a 6:OO pm.
Miércoles 1O:OO am a 8:OO pm.
Lunes cerrado.
Miércoles entrada libre.





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Xcaret, una cava con aroma a México
Édgar Rogelio Reyes
Quien quiera que haya visitado alguna vez el parque Xcaret, en la Riviera Maya, sabrá que este lugar es poseedor de una belleza natural poco común, que cautiva al instante, con su mezcla de colores, vegetación, texturas, aromas, clima y escenarios de ensueño que hace volar la imaginación.
Sin embargo, pocos saben que no todos los atractivos de este famoso parque se encuentran en la superficie, y que literalmente, entre las entrañas de subsuelo, se ha creado otra de sus nuevas atracciones. Un lugar igualmente poco común, que resguarda celosamente una atractiva sorpresa: su cava.
Creada y destinada para el resguardo, degustación y comercialización de algunas de las más importantes marcas de vino mexicano (exclusivamente), este lugar fue creado con la intención de dar a conocer no sólo a los turistas internacionales, sino también a los mexicanos, la calidad de las distintas variedades de caldos que se producen en el país.
Justo debajo de la tienda de souvenirs, en medio de un enorme socavón natural de piedra caliza que se ha formado luego de miles de años de erosión, se encuentra una de las más singulares cavas del país y quizá de todo el mundo.
Entre las caprichosas formas que la naturaleza ha querido darle aquellas rocas milenarias, hoy en día se resguarda una variada selección de botellas de vino mexicano, proveniente principalmente de las regiones de Baja California, Coahuila, Zacatecas y Querétaro. Más de 3,500 unidades destinadas a satisfacer el gusto de los más exigentes paladares.
La cava “Vinos de México” como es oficialmente conocida en el parque, fue inaugurada en el verano de 2008 y rápidamente se ha convertido en uno de los lugares de más éxito de todo el lugar, pese a que por sus dimensiones, no puede ser visitada por un gran número de personas.


En un escenario donde de nueva cuanta la naturaleza vuelve a ser la protagonista, pero esta vez acompañada de los embriagadores aromas que emanan de una copa, los visitantes de Xcaret podrán ser partícipes de una nueva experiencia, en esta ocasión, gastronómica.
Aromas e historia que emanan de una copa   
Dividida en tres áreas, la cava “vinos de México” está diseñada para ofrecer una muy completa experiencia a través del mundo del vino, ya sea que sólo se busque probar algunas variedades durante un recorrido rápido, o bien, formar parte de una íntima cena en donde de la mano de un sommelier experto, los comensales degustan distintos maridajes de cocina típica mexicana e internacional, con vinos mexicanos de distintas regiones.
La primera zona es conocida como la Bodega del Sommelier, un sitio destinado a albergar los más exclusivos vinos de guarda, así como una colección de habanos para venta al público. Este lugar esta provisto de una mesa para diez personas, en donde se llevan a cabo las degustaciones, además de cenas privadas.
La Bodega, como toda la cava en general, es una cueva de paredes irregulares y rugosas, que gracias a la tonalidad de la luz, parecieran adquirir un tono marrón que las hace cálidas y hasta un tanto acogedoras. Adornada con grandes barricas de madera y botellas de las más importantes casas vitivinícolas mexicanas, como Casa Madero, Santo Tomás o Monte Xanic, resulta un lugar muy agradable para departir, muy a pesar de encontrarse bajo tierra.
Unos pasos más adelante, el Salón Circular o Salón de las Regiones, un espacio consagrado a la exhibición de la museografía y el proceso de la elaboración del vino, que el los sommeliers encargados de dar los recorridos, aprovechan para profundizar en la historia del vino en México.
Aquí, los visitantes podrán admirar algunos nichos donde los vinos mexicanos se encuentran agrupados por su origen geográfico e historia, con más de 180 diferentes etiquetas entre productos de casas reconocidas y vinos de autor; así como artefactos que se utilizan tanto en el proceso de elaboración como en la fase final de degustación. 
Finalmente, la Sala de Degustaciones y Maridaje, el lugar donde los expertos explican algunos de los criterios de degustación, el uso de las copas, la mejor manera de tomarlos, de los aromas y los sabores, y en general, todos lo elementos que comprenden la experiencia de vino, desde su cosecha, hasta el momento justo de ser seducido por el dulce aroma de la vid.

Si estás planeando visitar la Riviera Maya, toma en cuenta estas fechas para programar tu viaje:
Travesía Sagrada Maya, del 20 al 22 de mayo. Una representación del viaje en canoas que los antiguos mayas realizaban entre la zona de Playa del Carmen y la isla de Cozumel, para agradecer a la diosa Ixchel, por un año de venturas. www.travesiasagradamaya.com.mx
Festival de Jazz de la Riviera Maya, del 25 al 28 de noviembre. El festival más importante de toda Latinoamérica, que anualmente congrega a estrellas de talla mundial como Gino Vennelli, tiene lugar en Playa Mamitas. www.rivieramayajazzfestival.com.
Festival de Vida y Muerte en Xcaret: Del 31 de octubre al 2 de noviembre. Las tradiciones del día de muertos tiene lugar en el parque Xcaret, con la presentación de altares tradicionales, ofrendas y espectáculos artísticos y culturales, todos alusivos a la muerte y a las tradiciones religiosas y culturales que se dan a todo lo largo del país durante estos días. www.xcaret.com

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Nottoway uno de los grandes castillos de Norteamérica


Pasar una noche en esta antigua mansión llena de historia y leyendas, recorriendo sus pasillos y escudriñando sus rincones en busca de detalles, es una experiencia que ningún buen viajero debe perderse
Édgar Rogelio Reyes
Bien dicen que hoy en día, la experiencia de viajar comienza desde la llegada al hotel y definitivamente existen lugares donde esto se cumple. Entre la casi interminable variedad de sitios que podemos encontrar para alojarnos, aquellos que entran en la categoría de “históricos”, ocupan un lugar especial en las preferencias de los viajeros experimentados y de aquellos que gustan de tener nuevas sensaciones y vivencias.
Sitios que por si solos se convierten en un atractivo y un lugar para visitar, independientemente de su calidad de hoteles. Lugares de los cuales se cuentan leyendas y anécdotas, muchas reales, otras inventadas, pero que tienen ese valor intangible que les confiere su historia y que los hace extremadamente atractivos para muchas personas.
Tal es el caso de Nottoway, una antigua plantación de azúcar ubicada en el poblado de White Castle, Luisiana, a menos de una hora de camino de la ciudad de Nueva Orleans. Esta antigua propiedad de mediados del siglo XVIII, hoy en día funciona como alojamiento de turistas, debido a que conserva una de las más bellas e impresionantes mansiones de la época de la Guerra de Secesión norteamericana.
Una edificación cuya descripción más acertada sería quizá la de palacete y no la de mansión, no sólo por sus dimensiones, sino por su elegancia lujo y opulencia; un pequeño palacio que por su exquisitez y refinamiento, remite de inmediato más a Europa que a Norteamérica. De ahí el porqué, no resulta extraño que Nottoway forme parte de lo que muchos en esta región hoy llaman los “castillos norteamericanos”.
 Un lugar que cautiva desde el mismo momento en el que cruzas su entrada principal, no sólo por su arquitectura “estilo italiano”, sino por la atmósfera que aún conserva; una atmósfera que automáticamente te remonta a aquellos años de gloria y opulencia, pero también de turbulentos y profundos cambios políticos y culturales.
De finas y estilizadas formas, amplios balcones, pisos de madera, altos techos, chimeneas de mármol italiano, candelabros y mobiliario franceses, escaleras que parecen interminables y estancias que podrían albergar a decenas de personas, esta mansión es además de un hotel, un auténtico museo que hace volar la imaginación a cada paso y en cada uno de sus cientos de rincones.
Una vez traspasado el umbral de su pórtico principal, la imagen de aquella portentosa edificación rodeada de jardines, se expande majestuosa con su inmaculado color blanco, sus escaleras a los costados y sus grandes ventanales, hasta atrapar por completo la atención de todos y cada uno de sus visitantes. Quizá el referente más exacto para que alguien pueda darse una muy cercana idea de cómo luce este lugar, es aquella famosa película de “Lo que el Viento se Llevo”.

Una antigua finca productora de algodón ubicada a la orilla del Río Misisispi, con sus cabañas para los esclavos, una cocina fuera del la casa principal y hasta una pequeña escuela completan la un escenario auténticamente de película.
Un poco de Historia
Construida en 1859 por un rico hombre de negocios de nombre John Hampton Randolph a un precio de 80 mil dólares, esta propiedad fue incluida en el registro Nacional Edificios Históricos de los Estados Unidos en el año de 1980. En sus 4,900 metros cuadrados de constricción cuenta con  65 habitaciones y 200 ventanas repartidas en tres niveles.
Un estudio para caballeros, una sala de música, comedor, salón de baile y varias estancias, conforman la distribución de esta que es una de las propiedades mejor conservadas de todas las que existen en el área de Luisiana y que comparten la gloria de un tiempo casi  “aristocrático”  del que gozaban sólo un pequeño número de familias estadounidenses de la época.
Nottoway es  uno de los más claros ejemplos de la bonanza económica que esta región vivió, desde principios del siglo XVIII, a partir del comercio del algodón y la caña de azúcar, una bonanza que sólo termino con el final de la guerra entre el norte y el sur.
De hecho, una vez finalizadas las hostilidades, y con el triunfo del ejército de la Unión, John Randolph se vio en la necesidad de disculparse personalmente con el presidente Andrew Johnson, en busca de perdón por haber brindado apoyo al bando Confederado.  
Es por eso y muchas otras cosas, que Notttoway es uno de esos lugares mezcla de cuento de hadas e historia, que a no ser porque el destino se encaprichó en mantenerla en pie a pesar del tiempo y las vicisitudes, difícil sería siquiera imaginarla.
Pasar una noche en este antiguo castillo norteamericano, escuchando el silbar del tren que corre a sólo unos kilómetros, el crujir de la madera de sus pisos bajo tus pies, pasear entre sus corredores y repasar sus leyendas, es una experiencia que un buen viajero no puede perderse.  
Detalles
Además de su excepcional arquitectura, la mansión Nottoway era un ejemplo de vanguardia en su tiempo desde el punto de vista de ingeniería y diseño, pues contaba con agua corriente caliente y fría en cada uno de sus tres baños.
Además, cada una de las habitaciones principales contaba con un intrincado sistema de comunicación a través de campanas conectadas a palancas, con las cuales, cada uno de los miembros de la familia podía llamar a sus propios esclavos.
Las campanas, todas de diferentes tamaños, emitían diferentes sonidos por medio de los cuales cada sirviente podía distinguir si alguno de los señores, o uno de sus 11 hijos, necesitaba de asistencia y así acudir en su ayuda.
Si tienes oportunidad de visitar este lugar no olvides pasar un tiempo en el Salón Blanco, uno de las más impresionantes habitaciones de toda la casa, no sólo por sus dimensiones sino también por su elegancia. Era aquí donde se llevaban a cabo las grandes fiestas de la familia y las presentaciones en sociedad de todas las hijas del matrimonio Randolph, así como sus bodas.

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